El camarada Lenin señaló como causa principal de la conservación en el campo de las relaciones de servidumbre y dependencia la propiedad terrateniente de la tierra, la increíble dispersión parcelaria generada por la administración desordenada —primero de los intendentes señoriales, después de los mediadores de paz de 1861 y, por último, de los funcionarios de Stolypin— sobre la tierra campesina.

De ahí el natural afán de los campesinos de «quitar las cercas a la tierra», de someter toda la tierra a una nueva distribución, afán que se expresa en las palabras de que «toda la tierra es de Dios». El campesino propietario no puede resignarse a los obstáculos que, bajo las nuevas condiciones del intercambio mercantil capitalista, se han vuelto para él insoportables. Esto quedó demostrado por el proyecto de los 104 diputados campesinos en la I y II Dumas.

Según reconocen los propios socialistas-revolucionarios, en este proyecto la «ideología de la pequeña explotación» venció sobre los «principios igualitarios». El campesino necesita la tierra en propiedad, pero redistribuida conforme a las nuevas exigencias de la economía mercantil. Si algunos campesinos parecen aceptar el principio del uso igualitario de la tierra, entienden bajo él algo distinto que los intelectuales socialistas-revolucionarios. El balance estadístico de la distribución de la propiedad terrateniente y campesina en Rusia se reduce a las siguientes cifras: 300 familias campesinas poseen 2.000 desiátinas, y a un solo terrateniente le corresponde lo mismo. Está claro que la reivindicación de «igualación» encierra para ellos la idea de igualar en derechos a los 300 y al uno.

La necesidad de la nacionalización de la tierra, como medida plenamente burguesa y en sumo grado progresiva, ha sido preparada por todo el desarrollo precedente de la economía agraria en Rusia y por el desarrollo del mercado mundial. La guerra ha agudizado todas las contradicciones. Y ahora, el paso inmediato de las tierras a manos de los campesinos es una exigencia dictada imperiosamente por las necesidades del tiempo de guerra. Los Shingariov y Cía., al proponer a los campesinos que esperen a la Asamblea Constituyente (¡cuando sembrar es necesario ahora!), agravan de hecho la crisis, amenazando con convertir la escasez de pan en hambre auténtica. Imponen por la fuerza a los campesinos una solución funcionarial-burguesa de la cuestión agraria. No obstante, no se puede esperar la legalización de la propiedad de las tierras, pues la crisis avanza a pasos gigantescos. Los campesinos ya han tomado la iniciativa revolucionaria: en la provincia de Penza toman de los terratenientes el inventario vivo y muerto para el uso colectivo. Nuestro partido, naturalmente, está solo a favor de la confiscación organizada de las tierras y del inventario, ya que ello es necesario para aumentar la producción; en cambio, todo deterioro del inventario perjudica ante todo a los propios campesinos y obreros.

Por otra parte, estamos por la organización independiente de los obreros agrícolas.

«Pravda» nº 45, 13 de mayo (30 de abril) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda»