NOTA ARCHIVÍSTICA. La «Carta a los comunistas austríacos» fue escrita de propio puño por V. I. Lenin con tinta negra en 4 hojas, en una sola cara de cada medio pliego de papel de carta común rayado de una línea.

V. I. Lenin.
2. CARTA A LOS COMUNISTAS AUSTRIACOS.

El Partido Comunista Austríaco ha decidido boicotear las elecciones al parlamento democrático burgués. El recién concluido segundo congreso de la Internacional Comunista<sup>1)</sup> reconoció como táctica acertada la participación de los comunistas en las elecciones a los parlamentos burgueses y en el seno de esos mismos parlamentos.

Yo no dudo, a tenor de las comunicaciones de los delegados del Partido Comunista Austríaco, que antepondrá la decisión de la Internacional Comunista a la decisión de uno de sus partidos.

Tampoco cabe apenas duda de que los socialdemócratas austríacos, esos traidores al socialismo pasados al lado de la burguesía, se regocijarán malévolamente a costa de la decisión de la Internacional Comunista, que ha discrepado de la decisión boicotista del Partido Comunista Austríaco. Mas al regocijo de semejantes señores, como los socialdemócratas austríacos, correligionarios de los Scheidemann y los Noske, de los Albert Thomas y los Gompers, los obreros conscientes, por supuesto, no prestarán atención alguna. El servilismo de los señores Renner ante la burguesía se ha puesto suficientemente en evidencia, y en todos los países la indignación de los obreros contra los héroes del 2º Internacional o Internacional amarilla crece y se extiende cada vez más.

Los señores socialdemócratas austríacos, tanto en el parlamento burgués como en todos los campos de su «labor», incluida su propia prensa, se comportan como demócratas pequeñoburgueses, capaces sólo de vacilaciones sin carácter, en plena dependencia de hecho de la clase capitalista. Nosotros, los comunistas, vamos al parlamento burgués para desenmascarar el engaño, también desde esa tribuna, de esa institución capitalista podrida hasta la médula, en la que se embauca a los obreros y a los trabajadores.

Un argumento de los comunistas austríacos contra la participación en el parlamento burgués merece un examen algo más atento. Es el siguiente:

«El parlamento tiene importancia para los comunistas sólo como tribuna de agitación. Nosotros en Austria tenemos el soviet de diputados obreros como tribuna de agitación. Por eso renunciamos a participar en las elecciones al parlamento burgués. En Alemania no hay un soviet de diputados obreros que pueda tomarse en serio. Por eso los comunistas alemanes mantienen otra táctica.»

Considero incorrecto este argumento. Mientras no estemos aún en condiciones de disolver el parlamento burgués, debemos trabajar contra él tanto desde fuera como desde dentro. Mientras un número considerable de trabajadores —no sólo proletarios, sino también semiproletarios y pequeños campesinos— siga confiando en los instrumentos democrático-burgueses con que la burguesía engaña a los obreros, debemos desenmascarar el engaño precisamente desde esa tribuna que los sectores atrasados de los obreros y, en especial, de la masa trabajadora no proletaria consideran como la más esencial, la de mayor autoridad.

Mientras nosotros, los comunistas, no estemos aún en condiciones de tomar el poder estatal y de celebrar elecciones sólo por los trabajadores y mediante sus soviets contra la burguesía, mientras la burguesía siga disponiendo del poder estatal y convocando a elecciones a las distintas clases de la población, estamos obligados a participar en las elecciones para hacer agitación entre todos los trabajadores, no sólo entre los proletarios. Mientras en el parlamento burgués se siga engañando a los obreros, encubriendo con frases sobre la «democracia» los fraudes financieros y toda clase de sobornos (en ninguna parte practica la burguesía un soborno de tipo especialmente «sutil» respecto a escritores, diputados, abogados, etc., de manera tan amplia como en el parlamento burgués), hasta entonces nosotros, los comunistas, estamos obligados, precisamente en esa institución que supuestamente expresa la voluntad del pueblo, pero que en realidad encubre el engaño del pueblo por los ricachones, a desenmascarar sin tregua el engaño, a denunciar cada uno y todos los casos en que los Renner y Cía. se pasan al lado de los capitalistas contra los obreros.

Las relaciones entre los partidos burgueses y sus fracciones se manifiestan y reflejan con la mayor frecuencia precisamente en el parlamento, y reflejan a su vez las relaciones entre todas las clases de la sociedad burguesa. Por eso, justamente en el parlamento burgués, desde dentro de él, nosotros, los comunistas, debemos explicar al pueblo la verdad sobre la relación de las clases con los partidos, sobre la relación de los terratenientes con los peones, de los campesinos ricos con el campesinado más pobre, del gran capital con los empleados y los pequeños propietarios, etc. Todo esto tiene que saberlo el proletariado para aprender a comprender todas las bajas y refinadas artimañas del capital, para aprender a influir sobre las masas pequeñoburguesas, sobre las masas trabajadoras no proletarias. Sin esta «ciencia», el proletariado no puede afrontar con éxito las tareas de la dictadura del proletariado, pues también entonces la burguesía, desde su nueva posición (la posición de clase derrocada), continuará, bajo otras formas y en otros terrenos, su política de embrutecimiento de los campesinos, de soborno e intimidación de los empleados, de encubrimiento de sus egoístas y sucias aspiraciones con frases sobre la «democracia».

No. Los comunistas austríacos no se asustarán del regocijo malévolo de los Renner y de lacayos semejantes de la burguesía. Los comunistas austríacos no temerán presentarse abierta y directamente reconociendo la disciplina proletaria internacional. Nos enorgullecemos de que las grandes cuestiones de la lucha de los obreros por su liberación las resolvamos sometiéndonos a la disciplina internacional del proletariado revolucionario, teniendo en cuenta la experiencia de los obreros de los distintos países, atendiendo a sus conocimientos, a su voluntad, realizando de este modo, de hecho (y no de palabra, como los Renner, los Fritz Adler y los Otto Bauer), la unidad de la lucha de clases de los obreros por el comunismo en todo el mundo.

15 de agosto de 1920.

V. I. Lenin.

<sup>1)</sup> El Segundo Congreso de la Comintern se celebró del 19 de julio al 6 de agosto de 1920.