Camaradas, la cuestión agraria fue discutida por nuestro partido tan a fondo ya durante la primera revolución, que la preparación para ella en el momento actual es, creo, suficiente, y una confirmación indirecta de ello es el hecho de que la sección de la conferencia, compuesta por camaradas estrechamente familiarizados con esta cuestión e interesados en ella, coincidió en el proyecto de resolución propuesto sin enmiendas sustanciales. Por ello, me limitaré a las observaciones más breves. Dado que el proyecto, distribuido en forma de galeradas, está en posesión de todos los miembros, no hay necesidad de leerlo íntegramente.

El crecimiento del movimiento agrario en toda Rusia es hoy el hecho más evidente e indiscutible para todos. El programa de nuestro partido, adoptado en el Congreso de Estocolmo en 1908 y propuesto por los mencheviques, resultó refutado ya por el curso de la primera revolución rusa. En ese congreso, los mencheviques hicieron aprobar su municipalización, cuya esencia se reduce a lo siguiente: las tierras campesinas, comunales y de dominio familiar, permanecen en propiedad del campesinado. Las tierras de los terratenientes pasan de manos de sus propietarios a manos de los órganos de autogobierno local. Uno de los principales argumentos de los mencheviques a favor de tal programa era que el campesinado nunca comprenderá el traspaso de la tierra campesina a manos de nadie más que del campesinado. Quien haya estudiado las actas del Congreso de Estocolmo recordará que en este argumento insistieron especialmente tanto el ponente Máslov como Kóstrov. No hay que olvidar –ahora esto se olvida a menudo– que los hechos ocurrieron antes de la primera Duma, cuando no existían hechos objetivos sobre el carácter del movimiento campesino y sobre su fuerza. Todos sabían que Rusia ardía en el fuego de una revolución agraria, pero cómo se organizaría el movimiento agrario, cuál sería el movimiento de la revolución campesina, nadie lo sabía. Verificar en qué medida ese congreso representaba una opinión seria y práctica del propio campesinado era imposible, y he aquí por qué estos argumentos de los mencheviques jugaron tal papel. Poco después de nuestro Congreso de Estocolmo obtuvimos por primera vez una confirmación impresionante de cómo ve esta cuestión la masa campesina. Tanto en la I como en la II Duma fue presentado por los propios campesinos el “proyecto de los 104” trudovique. Yo estudié especialmente las firmas bajo este proyecto, me familiaricé detalladamente con las opiniones de los diputados y con la clase a la que pertenecían, en qué medida se les podía llamar campesinos. Yo afirmé con plena categoría en el libro que la censura zarista quemó y que, de todos modos, reeditaré, que de esas 104 firmas, la inmensa mayoría eran firmas de los propios campesinos. Este proyecto exigía la nacionalización de la tierra. El campesinado decía que toda la tierra pasaría a manos del Estado.

La cuestión consiste, por tanto, en cómo explicar que en las Dumas, convocadas dos veces, los representantes del campesinado de toda Rusia prefirieran la nacionalización a la medida que los mencheviques proponían en ambas Dumas desde el punto de vista de los intereses campesinos. Los mencheviques proponían que el campesinado dejara sus tierras en su propiedad y sólo la tierra de los terratenientes debía ser entregada en manos del pueblo, pero el campesinado dijo que ellos entregan toda la tierra en manos del pueblo. ¿Cómo explicarlo? Los socialistas-revolucionarios lo explican diciendo que el campesinado ruso, por su espíritu comunal, simpatiza con la socialización, con el principio del trabajo. Toda esta fraseología no tiene el menor sentido común, son sólo frases. Pero ¿cómo explicarlo? Pienso que el campesinado llegó a esta conclusión porque toda la propiedad territorial rusa, campesina y terrateniente, comunal y de dominio familiar, está impregnada hasta la médula por las condiciones del viejo semifeudalismo, y el campesinado, desde el punto de vista de las condiciones del mercado, debía exigir el traspaso de la tierra a manos de todo el pueblo. El campesinado dice que la intrincada situación de la antigua vida agraria sólo puede ser desenmarañada mediante la nacionalización. Su punto de vista es burgués: entienden el uso igualitario de la tierra como la expropiación de la tierra a los terratenientes, pero no como la igualación de los distintos propietarios. La nacionalización significa poner todas las tierras bajo un nuevo reparto vivo. Este es el más grande proyecto burgués. Ningún campesino habló de igualación y socialización, pero todos dijeron que era imposible esperar más, que era necesario “deslindar” toda la tierra, es decir, que es imposible en la situación del siglo XX llevar la economía a la antigua usanza. La reforma de Stolypin ha enmarañado desde entonces aún más la cuestión agraria. He aquí lo que quiere decir el campesinado con la exigencia de la nacionalización. Esto significa poner todas las tierras en general bajo un nuevo reparto. No debe haber ninguna forma diversa de propiedad de la tierra. Aquí no hay absolutamente ninguna socialización. Esta exigencia del campesinado se llama igualitaria porque, como muestra el breve resumen de la estadística de la propiedad territorial de 1905, para cada 300 familias campesinas y una terrateniente hay aproximadamente 2.000 desiatinas de tierra; en este sentido, por supuesto, es igualitaria, pero de esto no se sigue que signifique igualar todas las pequeñas explotaciones entre sí. El proyecto de los 104 dice lo contrario.

He aquí lo fundamental que es necesario decir para fundamentar científicamente el punto de vista de que la nacionalización en Rusia, desde el punto de vista democrático-burgués, es necesaria. Pero también es necesaria porque constituye un golpe gigantesco para la propiedad privada sobre los medios de producción. Pensar que después de la abolición de la propiedad privada sobre la tierra en Rusia todo quedará como antes es simplemente un absurdo.

Más adelante en el proyecto de resolución se hacen conclusiones y exigencias prácticas. De las enmiendas menores señalo las siguientes: en el punto 1 se dice: “El partido del proletariado apoya con todas sus fuerzas la confiscación inmediata y completa de todas las tierras de los terratenientes…” – en lugar de “apoya” se debe poner “lucha por…”. No vemos la cuestión como que el campesinado tiene poca tierra y necesita más tierra. Este es un punto de vista corriente; nosotros decimos que la propiedad terrateniente es la base de la opresión que ahoga al campesinado y lo hace atrasado. La cuestión no es si el campesinado tiene poca tierra o no; ¡abajo el feudalismo! – he aquí el planteamiento de la cuestión desde el punto de vista de la lucha de clases revolucionaria, y no de esos funcionarios que discuten cuánta tierra tienen y según qué normas hay que repartirla. Los puntos 2 y 3 propongo intercambiarlos, porque para nosotros es importante la iniciativa revolucionaria, y la ley debe ser su resultado. Si ustedes esperan a que la ley se escriba, y no desarrollan por sí mismos la energía revolucionaria, entonces no tendrán ni ley ni tierra.

Muy a menudo se objeta contra la nacionalización diciendo que presupone un gigantesco aparato burocrático. Esto es cierto, pero la propiedad del Estado significa que cada campesino es arrendatario de la tierra al Estado. El subarriendo se prohíbe. Pero en qué medida el campesino arrienda, qué tierra toma – esto lo decide enteramente el órgano democrático correspondiente, no el burocrático.

En lugar de “batraks” se inserta “trabajadores agrícolas”. Varios camaradas declararon que la palabra “batrak” es ofensiva, se objetó contra esta palabra. Debe ser eliminada.

Hablar ahora de comités o Soviets proletario-campesinos en la solución de la cuestión agraria no conviene, pues, como vemos, el campesinado ha creado los Soviets de diputados soldados y así ya ha aparecido una división del proletariado y el campesinado.

Como se sabe, los partidos pequeñoburgueses defensistas están a favor de esperar con la cuestión agraria hasta la Asamblea Constituyente. Nosotros nos pronunciamos por el traspaso inmediato de la tierra al campesinado con la máxima organización. Estamos absolutamente en contra de las tomas anárquicas. Ustedes proponen al campesinado que se ponga de acuerdo con los terratenientes. Nosotros decimos que la tierra hay que tomarla ahora mismo y sembrarla para luchar contra la escasez de pan, para librar al país del desastre que se le viene encima con colosal rapidez. No se pueden aceptar ahora las recetas de Shingariov y de los kadetes, que proponen esperar hasta la Asamblea Constituyente, cuyo plazo se desconoce, o pactar con los terratenientes sobre el arriendo. El campesinado ya está tomando la tierra gratuitamente o pagando una cuarta parte del arriendo.

Un camarada trajo una resolución local, de la provincia de Penza, en la que se dice que el campesinado toma el inventario de los terratenientes, pero no lo reparte por explotaciones familiares, sino que lo convierte en propiedad comunal. Establecen un cierto turno, una regla, para que con este inventario se trabajen todas las tierras. Recurriendo a estas medidas, se guían por los intereses de elevar la producción agrícola. Este hecho tiene una gigantesca importancia de principio, contrariamente a los terratenientes y capitalistas que gritan que esto es anarquía. Si ustedes parlotean y gritan que esto es anarquía, y el campesinado espera, entonces sí habrá verdadera anarquía. El campesinado muestra que comprende las condiciones económicas y el control social mejor que los funcionarios, y los aplica cien veces mejor. Tal medida, que, por supuesto, es fácilmente realizable para una pequeña aldea, empuja inevitablemente al tránsito a medidas más amplias. Si el campesinado aprende esto, y ya ha empezado a aprenderlo, aquí no se necesita la habilidad de los profesores burgueses, ellos mismos llegarán a la conclusión de la necesidad de que el inventario sea utilizado no sólo para las pequeñas explotaciones, sino para trabajar toda la tierra. Cómo lo hacen, no es importante: si unen las parcelas para la labranza y siembra común, no lo sabemos, y no es importante si lo hacen de manera diferente. Lo importante es sólo que no tienen, por fortuna, ante sí a esa gran cantidad de intelectuales pequeñoburgueses que se llaman a sí mismos marxistas, socialdemócratas y con aire de importancia enseñan al pueblo que para la revolución socialista aún no ha llegado el momento y por lo tanto ahora el campesinado no puede tomar la tierra. Por fortuna, en las aldeas rusas hay pocos de estos señores. Si el campesinado se limitara a tomar la tierra por acuerdo con los terratenientes, pero no aplicara su propia experiencia colectivamente, entonces el desastre sería inevitable, y entonces los comités campesinos resultarían un juguete, un juego de tablas. He aquí por qué proponemos añadir al proyecto de resolución el punto 8[66].

Ya que sabemos que los propios campesinos locales han tomado esta iniciativa, nuestro deber, nuestra obligación es decir que apoyamos y recomendamos esta iniciativa. Sólo en esto está la garantía de que la revolución no se limitará a medidas de carácter formal, de que la lucha contra la crisis no quedará como objeto de discusión en cancillerías y en los papelitos de Shingariov, sino que realmente avanzarán por la vía organizada en la lucha contra la escasez de pan y por el aumento de la producción.

Publicado por primera vez en 1921 en las Obras completas de N. Lenin (V. Uliánov), tomo XIV, parte II

Se imprime según la copia mecanografiada del registro de actas

# 2. Informe periodístico

El camarada Lenin señaló como la principal causa de la conservación en la aldea de las relaciones de servidumbre y dependencia a la propiedad terrateniente, a la increíble dispersión y entremezcla de parcelas, engendrada por la administración desordenada –primero de los mayordomos, luego de los mediadores de paz de 1861 y, finalmente, de los funcionarios de Stolypin– sobre la tierra campesina.

De aquí surge la aspiración natural del campesinado a “deslindar la tierra”, a poner toda la tierra bajo un nuevo reparto; esta aspiración se expresa precisamente en las palabras de que “toda la tierra es de Dios”. El campesino-propietario no puede reconciliarse con los obstáculos que, bajo las nuevas condiciones del intercambio capitalista de mercancías, se le han vuelto insoportables. Esto lo demostró el proyecto de los 104 diputados campesinos en la I y II Dumas.

Por confesión de los propios socialistas-revolucionarios, en este proyecto la ideología pequeñoburguesa triunfó sobre los “principios igualitarios”. El campesino necesita la tierra en propiedad, pero repartida de acuerdo con las nuevas necesidades de la economía mercantil. Si campesinos aislados, aparentemente, aceptan el principio del uso igualitario de la tierra, bajo él el campesinado entiende algo diferente a lo que entienden los intelectuales socialistas-revolucionarios. El resumen estadístico de la distribución de la propiedad terrateniente y campesina en Rusia se reduce a las siguientes cifras: 300 familias campesinas poseen 2000 desiatinas, y por cada terrateniente corresponde la misma cantidad. Es claro que la exigencia de “igualación” contiene para ellos la idea de la igualación en derechos de 300 y 1.

La necesidad de la nacionalización de la tierra, como medida completamente burguesa y en sumo grado progresista, ha sido preparada por todo el desarrollo precedente de la economía agraria en Rusia y por el desarrollo del mercado mundial. La guerra ha agudizado todas las contradicciones. Y ahora el traspaso inmediato de las tierras a manos del campesinado es una exigencia dictada imperiosamente por las necesidades del tiempo de guerra. Los Shingariov y Cía., al proponer al campesinado esperar a la Asamblea Constituyente (y es ahora cuando hay que sembrar), de hecho aumentan la crisis, amenazando con convertir la escasez de pan en verdadera hambruna. Ellos imponen al campesinado por la fuerza una solución burocrático-burguesa de la cuestión agraria. Entretanto, es imposible esperar la legalización de la tierra en propiedad, ya que la crisis avanza a pasos gigantescos. El campesinado ya ha tomado la iniciativa revolucionaria: en la provincia de Penza toman de los terratenientes el inventario vivo y muerto para el uso comunal. Nuestro partido, por supuesto, está sólo a favor de la toma organizada de las tierras y del inventario, ya que esto es necesario para el aumento de la producción, pues todo deterioro del inventario perjudica ante todo a los propios campesinos y obreros.

Por otra parte, nosotros estamos a favor de la organización separada de los obreros agrícolas.

_«Pravda» núm. 45, 13 de mayo (30 de abril) de 1917_

Se imprime según el texto del diario «Pravda»