1. La contrarrevolución se ha organizado, se ha fortalecido y, de hecho, ha tomado en sus manos el poder del Estado.

La plena organización y el fortalecimiento de la contrarrevolución consisten en la unión, excelentemente meditada y ya llevada a la práctica, de las tres fuerzas principales de la contrarrevolución: (1) el partido kadete, es decir, el verdadero dirigente de la burguesía organizada, al retirarse del ministerio, le planteó un ultimátum, despejando el campo para el derrocamiento de este ministerio por la contrarrevolución; (2) el Estado Mayor y los altos mandos del ejército, con la ayuda consciente o semiconsciente de Kerenski, a quien incluso los eseristas más destacados llamaban ahora Cavaignac, han tomado en sus manos el poder efectivo del Estado, pasando a fusilar a las unidades revolucionarias del ejército en el frente, a desarmar a las tropas y a los obreros revolucionarios en Petrogrado y en Moscú, a reprimir y aplastar en Nizhni, a arrestar a los bolcheviques y a clausurar sus periódicos no solo sin juicio, sino incluso sin una resolución del gobierno. De hecho, el poder fundamental del Estado en Rusia es ahora una dictadura militar; este hecho está aún velado por una serie de instituciones revolucionarias de palabra, pero impotentes de hecho. Pero es un hecho indudable y tan fundamental que sin comprenderlo no se puede entender nada de la situación política. (3) la prensa centurionegrista-monárquica y burguesa, que ha pasado ya de la sañuda persecución de los bolcheviques a la persecución de los Soviets, del «incendiario» Chernov, etc., ha demostrado con la mayor claridad que la verdadera esencia de la política de la dictadura militar, que reina actualmente y es apoyada por los kadetes y los monárquicos, consiste en preparar la disolución de los Soviets. Muchos dirigentes de los eseristas y de los mencheviques, es decir, de la actual mayoría de los Soviets, ya lo han reconocido y expresado en estos últimos días, pero, como verdaderos pequeños burgueses, se deshacen de esta terrible realidad con una vacua y rimbombante fraseología.

2. Los dirigentes de los Soviets y de los partidos socialista-revolucionario y menchevique, con Tsereteli y Chernov a la cabeza, han traicionado definitivamente la causa de la revolución, entregándola en manos de los contrarrevolucionarios y convirtiéndose a sí mismos, a sus partidos y a los Soviets en una hoja de parra de la contrarrevolución.

Este hecho queda demostrado porque los socialistas-revolucionarios y los mencheviques entregaron a los bolcheviques y aprobaron en silencio la destrucción de sus periódicos, sin atreverse siquiera a decir al pueblo, directa y abiertamente, que lo hacían y por qué lo hacían. Al legalizar el desarme de los obreros y de los regimientos revolucionarios, se han privado a sí mismos de todo poder real. Se han convertido en meros charlatanes que ayudan a la reacción a «ocupar» la atención del pueblo mientras ella ultima sus preparativos para disolver los Soviets. Sin tomar conciencia de esta completa y definitiva bancarrota de los partidos socialista-revolucionario y menchevique y de la actual mayoría de los Soviets, sin tomar conciencia de la total ficción de su «directorio» y demás mascaradas, es absolutamente imposible comprender nada de la situación política actual.

3. Toda esperanza en un desarrollo pacífico de la revolución rusa ha desaparecido definitivamente. La situación objetiva es: o la victoria de la dictadura militar hasta el fin, o la victoria de la insurrección armada de los obreros, posible solo si coincide con un profundo auge de masas contra el gobierno y contra la burguesía, sobre la base de la ruina económica y del alargamiento de la guerra.

La consigna de «¡Todo el poder a los Soviets!» era la consigna del desarrollo pacífico de la revolución, posible en abril, mayo, junio, hasta el 5-9 de julio, es decir, hasta el paso del poder efectivo a manos de la dictadura militar. Ahora, esta consigna ya no es correcta, pues no tiene en cuenta este paso ya consumado ni la traición total, de hecho, de los eseristas y mencheviques a la revolución. Ni las aventuras, ni los motines, ni las resistencias parciales, ni los intentos desesperados y aislados de oponerse a la reacción pueden ayudar a la causa, sino solo la clara conciencia de la situación, la entereza y la firmeza de la vanguardia obrera, la preparación de las fuerzas para la insurrección armada, cuyas condiciones de victoria son ahora terriblemente difíciles, pero posibles a pesar de todo si coinciden los hechos y las corrientes señalados en el texto de la tesis. ¡Basta de ilusiones constitucionales y republicanas, basta de ilusiones sobre una vía pacífica, basta de acciones dispersas, no hay que ceder ahora a la provocación de las centurias negras y de los cosacos, sino concentrar las fuerzas, reorganizarlas y prepararlas firmemente para la insurrección armada, si el curso de la crisis permite aplicarla en una escala verdaderamente de masas, de todo el pueblo! El paso de la tierra a los campesinos es imposible ahora sin una insurrección armada, pues la contrarrevolución, al tomar el poder, se ha unido por completo con los terratenientes como clase.

*Primera página del manuscrito de V. I. Lenin «La situación política», 10 (23) de julio de 1917. (Reducido)*

El objetivo de la insurrección armada solo puede ser el paso del poder a manos del proletariado, apoyado por el campesinado más pobre, para la realización del programa de nuestro partido.

4. El partido de la clase obrera, sin abandonar la legalidad, pero sin sobrestimarla ni un minuto, debe combinar el trabajo legal con el ilegal, como en los años 1912-1914.

No abandonar ni una sola hora de trabajo legal. Pero no creer ni un ápice en las ilusiones constitucionales y «pacíficas». Fundar inmediatamente, en todas partes y en todo, organizaciones o células ilegales para la publicación de octavillas, etc. Reorganizarse inmediatamente, con entereza, con firmeza, en toda la línea.

Actuar como en los años 1912-1914, cuando supimos hablar del derrocamiento del zarismo por la revolución y la insurrección armada, sin perder nuestra base legal ni en la Duma de Estado, ni en las cajas de seguros, ni en los sindicatos, etc.

*Escrito el 10 (23) de julio de 1917.*

*Publicado el 2 de agosto (20 de julio) de 1917 en el periódico «Proletárskoe Dielo», núm. 6. Firmado: W.*

*Se publica según el manuscrito.*