Los intereses de la unidad y de la unión fraternal de los obreros y los trabajadores, de las masas explotadas en la lucha por el socialismo, así como el reconocimiento de estos principios en numerosas decisiones de los órganos de la democracia revolucionaria, de los Soviets, y especialmente del I Congreso de los Soviets de toda Rusia, inducen al Gobierno Socialista de Rusia, el Consejo de Comisarios del Pueblo, a confirmar una vez más el derecho a la autodeterminación de todas las naciones oprimidas por el zarismo y la burguesía gran rusa, incluido el derecho de dichas naciones a separarse de Rusia.

Por consiguiente, nosotros, el Consejo de Comisarios del Pueblo, reconocemos la República Popular Ucraniana, su derecho a separarse por completo de Rusia o a concertar un tratado con la República Rusa sobre relaciones federativas y de cualquier otra índole entre ambas.

Todo lo concerniente a los derechos nacionales y a la independencia nacional del pueblo ucraniano es reconocido por nosotros, el Consejo de Comisarios del Pueblo, de inmediato, sin limitaciones e incondicionalmente.

Contra la república burguesa finlandesa, que sigue siendo por ahora burguesa, no hemos dado ni un solo paso en el sentido de limitar los derechos nacionales y la independencia nacional del pueblo finlandés, y no daremos ningún paso que limite la independencia nacional de nación alguna de las que han formado o deseen formar parte de la República Rusa.

Acusamos a la Rada de que, escudándose en frases nacionales, lleva a cabo una política burguesa equívoca, que desde hace tiempo se expresa en el no reconocimiento por parte de la Rada de los Soviets y del poder soviético en Ucrania (entre otras cosas, la Rada se negó a convocar de inmediato, a petición de los Soviets de Ucrania, el congreso regional de los Soviets de Ucrania). Esta política equívoca, que nos priva de la posibilidad de reconocer a la Rada como representante plenipotenciario de las masas trabajadoras y explotadas de la República Ucraniana, ha llevado a la Rada, en los últimos tiempos, a dar pasos que significan la ruptura de toda posibilidad de acuerdo.

Tales pasos han sido, en primer lugar, la desorganización del Frente. La Rada traslada y retira, mediante órdenes unilaterales, a las unidades ucranianas del Frente, destruyendo así el Frente único común antes del deslinde, que sólo puede realizarse mediante un acuerdo organizado entre los gobiernos de ambas repúblicas.

En segundo lugar, la Rada ha procedido al desarme de las tropas soviéticas [rusas] que se encuentran en Ucrania.

En tercer lugar, la Rada presta apoyo a la conjura y sublevación kadete-kalediniana contra el poder soviético. Escudándose, con falsedad manifiesta, en los supuestos derechos autónomos del «Don y el Kubán», encubriendo así las acciones contrarrevolucionarias de Kaledin, que van en contra de los intereses y las reivindicaciones de la inmensa mayoría de los cosacos trabajadores, la Rada deja pasar por su territorio a las tropas hacia Kaledin, negándose a dejar pasar tropas contra Kaledin.

Al emprender este camino de inaudita traición a la revolución, el camino de apoyo a los peores enemigos tanto de la independencia nacional de los pueblos de Rusia como del poder soviético, a los enemigos de la masa trabajadora y explotada, a los kadetes y kaledinianos, la Rada nos obligaría a declararle la guerra, sin vacilación alguna, incluso si ya fuera un órgano plenamente reconocido formalmente e indiscutible del poder estatal supremo de una república burguesa ucraniana independiente.

En las actuales circunstancias, en vista de todas las circunstancias arriba expuestas, el Consejo de Comisarios del Pueblo se [ve obligado a] plantear: