El orador precedente ha intentado atemorizarnos diciendo que marchamos hacia una perdición segura, hacia un abismo seguro. Pero estas intimidaciones no son nuevas para nosotros. El mismo periódico que expresa la opinión de la fracción del orador —Nóvaya Zhizn— escribía antes de las jornadas de Octubre que de nuestra revolución no saldría nada, salvo pogromos y motines anárquicos. Por eso, los discursos sobre que seguimos un camino falso son el reflejo de una psicología burguesa, con la que no pueden romper incluso personas no interesadas. (Exclamación desde el lado de los internacionalistas: "¡Demagogia!") No, esto no es demagogia, pero sus constantes discursos sobre el hacha sí son verdadera demagogia.

Todas las medidas propuestas por el decreto no son más que la garantía real del control.

Ustedes hablan de la complejidad del aparato, de su fragilidad y de lo embrollado de la cuestión; es una verdad elemental, y todo el mundo la conoce. Si esta verdad se utiliza solo para frenar todas las iniciativas socialistas, decimos que quien adopta este camino es un demagogo, y un demagogo nocivo.

Queremos empezar la revisión de las cajas fuertes, y nos dicen, en nombre de los especialistas científicos, que dentro no hay nada más que documentos y valores. ¿Qué hay de malo, entonces, en que los representantes del pueblo los controlen?

Si es así, ¿por qué se esconden esos mismos especialistas científicos que nos critican? En todas las decisiones del Soviet nos declaran que están de acuerdo con nosotros, pero solo en principio. Este es el sistema de la intelectualidad burguesa, de todos los conciliadores, que con su constante acuerdo en principio y su desacuerdo en la práctica lo echan todo a perder.

Si ustedes son sabios en todos los asuntos y experimentados, ¿por qué no nos ayudan?, ¿por qué en nuestro difícil camino no encontramos de ustedes nada más que sabotaje?

Ustedes parten de una teoría científica correcta, pero para nosotros la teoría es la fundamentación de las acciones emprendidas para tener confianza en ellas, y no para un miedo paralizante. Por supuesto, las iniciativas son difíciles, y a menudo nos acercamos a cosas frágiles, sin embargo, las hemos afrontado, las afrontamos y las afrontaremos.

Si un libro no sirviera para nada más que para frenar y para el eterno temor al nuevo paso, carecería de valor.

Nadie, salvo los socialistas utópicos, ha afirmado que se pueda vencer sin resistencia, sin la dictadura del proletariado y sin imponer la mano de hierro sobre el viejo mundo.

Ustedes aceptaban en principio también esta dictadura, pero cuando esta palabra se traduce al ruso y se la llama "mano de hierro", aplicándola en la práctica, advierten sobre la fragilidad y lo embrollado del asunto.

Se obstinan en no querer ver que esta mano de hierro, al destruir, también construye. Si pasamos del principio a la acción, esa es nuestra ventaja indudable.

Para llevar a cabo el control, convocamos a esos banqueros y elaboramos junto con ellos medidas con las que estuvieron de acuerdo, para recibir préstamos con pleno control y rendición de cuentas. Pero entre los empleados de los bancos hubo personas cercanas a los intereses del pueblo, y dijeron: "Les están engañando, apresúrense a cortar su actividad criminal, dirigida directamente a perjudicarles". Y nos apresuramos.

Sabemos que es una medida compleja. Ninguno de nosotros, incluso con formación económica, se encargaría de aplicarla sin más. Llamaremos a los especialistas que se ocupan de este asunto, pero solo cuando las llaves estén en nuestras manos. Entonces podremos incluso contratar a consultores de entre los antiguos millonarios. Quien quiera trabajar, será bienvenido, con tal de que no convierta toda iniciativa revolucionaria en letra muerta; no picaremos en ese anzuelo. Las palabras —dictadura del proletariado— las pronunciamos en serio, y la llevaremos a la práctica.

Quisimos seguir el camino del acuerdo con los bancos, les concedimos préstamos para financiar las empresas, pero ellos organizaron un sabotaje de dimensiones inauditas, y la práctica nos llevó a aplicar el control por otras medidas.

El camarada socialrevolucionario de izquierda dijo que en principio votarían por la nacionalización inmediata de los bancos, para luego, en el plazo más breve, elaborar medidas prácticas. Pero eso es un error, pues nuestro proyecto no contiene nada más que principios. Ya les espera para discutir el Consejo Superior de la Economía Nacional, pero la no aprobación del decreto ahora mismo llevará a que los bancos tomen todas las medidas para agravar el desbarajuste de la economía.

La aplicación del decreto es inaplazable; de lo contrario, la acción contraria y el sabotaje nos perderán. (Aplausos que se convierten en ovación.)

"Pravda" nº 216, 29 (16) de diciembre de 1917 e "Izvestia del CEC" nº 253, 16 de diciembre de 1917.

Se publica según el texto del libro "Actas de las sesiones del CEC Panruso de los Soviets de diputados Obreros, Soldados, Campesinos y Cosacos de la II convocatoria", ed. del CEC Panruso, 1918.