Camaradas, al anterior Congreso Extraordinario de los Diputados Campesinos asistí en representación de la fracción bolchevique y no del Consejo de Comisarios del Pueblo, y exactamente del mismo modo comparezco ahora, porque para mí es importante que la opinión del partido bolchevique sea conocida por vosotros, el Congreso de los Diputados Campesinos.

Cuando he llegado aquí, he oído parte del discurso del último orador, quien, dirigiéndose a mí, os ha dicho que quiero disolveros a punta de bayonetas. Camaradas, Rusia ha dejado atrás la época en que cualquiera podía gobernarla. Sabéis que, desde que el ejército supo volver las armas para conquistar la libertad, desde que los campesinos vestidos con capotes de soldados pueden reunirse y ponerse de acuerdo con los campesinos que no llevan tales capotes, no existe fuerza capaz de someter la voluntad del pueblo, la voluntad de los campesinos y los obreros.

Camaradas, quiero deciros cómo entendemos nosotros la insurrección del 25 de Octubre. Camaradas, aquí se ha dicho que la nueva ola de la revolución tal vez barrerá a los Soviets. Yo digo: eso no ocurrirá. Estoy firmemente convencido de que los Soviets nunca perecerán; la revolución del 25 de Octubre nos lo ha demostrado. Los Soviets nunca perecerán, porque surgieron ya en la primera revolución de 1905, surgieron también después de la Revolución de Febrero, y no por iniciativa personal de nadie, sino por voluntad de las masas populares, desde abajo. Aquí no puede haber limitaciones ni formalidades de ninguna clase, porque han sido formados por voluntad del pueblo, y el pueblo es libre de revocar a sus representantes en cualquier momento. Los Soviets están por encima de todos los parlamentos, de todas las asambleas constituyentes. (Ruido, gritos: «¡Mentira!»). El partido bolchevique siempre ha dicho que el órgano supremo son los Soviets. No se puede decir que eso sea mentira, porque las revoluciones que hubo en Europa y que derrocaban la monarquía instauraban la república burguesa por medio de una Asamblea Constituyente. Una revolución como la que ha tenido lugar entre nosotros no se ha producido nunca ni en ningún lugar. Dicen que la revolución del 25 de Octubre no dio más que un «gobierno bolchevique». Yo podría decir que en el Consejo de Comisarios del Pueblo no hay sólo bolcheviques. Quienes de entre vosotros recuerden el primer Congreso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados deben saber que entonces los bolcheviques estaban en minoría; y ahora, convencido por la experiencia de a qué conduce la política de conciliación, el pueblo, en el Segundo Congreso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, otorgó la mayoría al partido bolchevique. Cuando la prensa hostil me dice y grita que las bayonetas pueden dirigirse contra los Soviets, me río. Las bayonetas están en manos de los obreros, los soldados y los campesinos, y de sus manos nunca se dirigirán contra los Soviets. Y aunque la contrarrevolución lance las bayonetas contra los Soviets, no les temen.

Pasando a la cuestión de la Asamblea Constituyente, debo decir que ésta puede ayudar sólo cuando el pueblo mismo se desarrolle libremente y construya una nueva vida. Y yo os pregunto: ¿qué es esto?

Os diré lo que todos conocéis: «No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre». Sabéis, camaradas, cómo se efectuaron las elecciones a la Asamblea Constituyente. Es uno de los modos más avanzados de elegir, porque aquí no se elige a personas sueltas, sino a representantes de los partidos. Y esto es un paso adelante, porque la revolución no la hacen las personas, sino los partidos. Cuando tuvieron lugar las elecciones a la Asamblea Constituyente, el partido eserista era un partido único y tiene la mayoría en la Asamblea Constituyente. Ahora eso ya no existe. Quizá digáis que esto lo han hecho también los bolcheviques. No, camaradas, es una ley universal. Siempre y en todas partes, lenta y penosamente, el pueblo se divide en dos campos: el campo de los desposeídos, de los humillados, el campo de quienes luchan por un futuro mejor para todos los trabajadores, y el campo de quienes de uno u otro modo apoyan a los terratenientes y capitalistas. Cuando se celebraron las elecciones, el pueblo no eligió a quienes expresan su voluntad, su deseo. Decís que hemos declarado enemigos del pueblo a todo un partido, el de los kadetes. — Sí, lo hicimos expresando la voluntad del Segundo Congreso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. Y ahora, cuando nos hallamos en el umbral de la paz, del cese de la horrible matanza de tres años, estamos seguros de que ésa es la exigencia de todos los trabajadores, de todos los países. Lenta y penosamente avanza el derrocamiento del imperialismo en Europa, y ahora los imperialistas de todos los países verán que el pueblo es fuerte y que con su fuerza derrocará a todos los que se interpongan en su camino. Cuando hay quienes organizan una insurrección contra los obreros y campesinos, contra los Soviets, mientras con la otra mano muestran un alto mandato de la Asamblea Constituyente, nosotros no nos detendremos ante eso. En julio nos decían: «Os declararemos enemigos del pueblo». Y nosotros respondíamos: «Probadlo». Que prueben los señores burgueses y sus partidarios a decir esto abiertamente al pueblo; pero no lo hicieron, recurrieron a toda clase de insinuaciones, calumnias y lodo. Cuando la burguesía comenzó la guerra civil, fuimos testigos de ello; promovieron la insurrección de los cadetes, y nosotros, los vencedores, fuimos clementes con ellos, los vencidos. Hicimos aún más: les conservamos incluso el honor militar. Y ahora, cuando se convoca la Asamblea Constituyente, decimos: cuando lleguen 400 miembros de la Asamblea Constituyente, la abriremos[14]. Vemos que la conspiración de los kadetes continúa, vemos que organizan una insurrección contra los Soviets en nombre del saco de oro, la codicia, la riqueza, y los declaramos abiertamente enemigos del pueblo. En momentos en que en los próximos días se conocerán las condiciones de paz, en que tendremos un armisticio, en que los miembros de los comités agrarios no serán detenidos, en que las tierras de los terratenientes serán confiscadas, en que se establecerá el control sobre las fábricas y talleres, ellos traman una conspiración contra nosotros, contra los Soviets. Y nosotros decimos que ellos, el partido de los kadetes, el partido de la burguesía, son enemigos del pueblo, y lucharemos contra él.

«Rabochi i Soldat» núm. 42, 4 (17) de diciembre de 1917.

Se publica según la copia mecanografiada del acta.