Las noticias, reflexiones, temores y rumores acerca de la catástrofe que amenaza se multiplican por momentos. Los periódicos de los capitalistas atemorizan, echan espuma por la boca contra los bolcheviques, hacen alarde de las referencias anónimas de Kutler a «una» fábrica, a «algunas» fábricas, a «una» empresa, etc. Procedimientos asombrosos, extrañas «pruebas»… ¿por qué no nombrar exactamente la empresa? ¿Por qué no dar al público y a los obreros la posibilidad de verificar esos rumores, calculados para sembrar la alarma?

No sería difícil comprender a los señores capitalistas que, al no aportar datos precisos sobre empresas designadas concretamente, no hacen más que ponerse en ridículo. ¡Pero si ustedes son el gobierno, señores capitalistas, si tienen 10 ministros de un total de 16, si son responsables y dirigen! ¿Acaso no es ridículo que quienes poseen la mayoría en el gobierno, que quienes están al mando, se limiten a referencias anónimas de Kutler, temiendo pronunciarse abierta y directamente, intentando cargar la responsabilidad sobre otros partidos que no empuñan el timón del poder?

Los periódicos de los partidos pequeñoburgueses, de los populistas y mencheviques, también se quejan, pero en un tono algo distinto, no tanto acusando a los terribles bolcheviques (aunque, naturalmente, no prescinden de ello), sino acumulando un buen deseo tras otro. Especialmente característica en este sentido es «Izvestia», cuya redacción se halla en manos del bloque de ambos partidos mencionados. En su número 63, del 11 de mayo, han aparecido dos artículos sobre el tema de la lucha contra la ruina económica, artículos de contenido homogéneo. Uno de ellos se titula de manera extremadamente… ¿cómo expresarlo con más suavidad?… extremadamente imprudente (tan imprudente como, en general, lo fue la entrada de los populistas y mencheviques en el ministerio de los imperialistas): «Lo que quiere el Gobierno Provisional». Más acertado sería titularlo: «Lo que no quiere el Gobierno Provisional y lo que promete».

El otro artículo consiste en una «resolución de la sección económica del Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Soldados». He aquí algunas citas que reflejan con la mayor exactitud su contenido:

«Para numerosas ramas de la industria ha llegado la hora del monopolio estatal comercial (pan, carne, sal, cuero); en otras han madurado las condiciones para la formación de trusts regulados por el Estado (extracción de carbón y petróleo, producción de metal, azúcar, papel) y, por último, para casi todas las ramas industriales, las condiciones actuales exigen una participación reguladora del Estado en la distribución de materias primas y productos elaborados, así como la fijación de precios… Simultáneamente, hay que poner bajo control del poder estatal y social todas las instituciones de crédito para combatir la especulación con mercancías sometidas a la regulación estatal… Al mismo tiempo, hay que… adoptar las medidas más enérgicas para combatir el parasitismo, incluida la implantación del servicio laboral obligatorio… El país está ya en la catástrofe, y sólo podrá sacarlo de ella el esfuerzo creador de todo el pueblo, encabezado por un poder estatal que haya asumido conscientemente» (¡hum… hum…!) «la grandiosa tarea de salvar al país destruido por la guerra y el régimen zarista».

Exceptuando la última frase, a partir de las palabras subrayadas por nosotros –frase que, con una credulidad puramente pequeñoburguesa, «ha cargado» sobre los capitalistas tareas que ellos no podrán resolver–, exceptuando esto, el programa es magnífico. El control y la estatalización de los trusts, la lucha contra la especulación y el servicio laboral obligatorio: ¡por favor!, ¿en qué se diferencia esto del «terrible» bolchevismo? ¿Qué más querían los «terribles» bolcheviques?

He ahí el quid, he ahí la esencia, he ahí lo que se niegan obstinadamente a entender los pequeñoburgueses y filisteos de todos los matices: hay que reconocer el programa del «terrible» bolchevismo, porque no puede existir otro programa para salir del desastre realmente amenazante, realmente terrible, pero… pero los capitalistas «reconocen» ese programa (véase el célebre § 3 de la declaración del «nuevo» Gobierno Provisional){50} para no cumplirlo. Y los populistas y mencheviques «confían» en los capitalistas y enseñan al pueblo esa funesta confianza. En eso reside toda la esencia de la situación política.

Establecer el control sobre los trusts —con la publicación de sus balances completos, con la convocatoria inmediata de congresos de sus empleados, con la participación obligatoria de los propios obreros en el control, con la admisión de representantes de cada gran partido político para un control independiente—, eso puede implantarse por decreto, para cuya redacción basta un solo día.

¿A qué se espera, pues, ciudadanos Shingariov, Teréshchenko, Konoválov? ¿A qué se espera, ciudadanos ministros casi socialistas, Chernov, Tsereteli? ¿A qué se espera, ciudadanos dirigentes populistas y mencheviques del Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Soldados?

Nada distinto del inmediato establecimiento de semejante control sobre los trusts, los bancos, el comercio, los «parásitos» (palabra sorprendentemente buena que, por excepción, les ha salido de la pluma a los redactores de «Izvestia»…), sobre los abastos, nada distinto de eso hemos propuesto nosotros, ni nadie en general podía haber propuesto. No se puede imaginar nada más que el «esfuerzo creador de todo el pueblo»…

Sólo que no hay que creer en las palabras de los capitalistas, no hay que creer en la ingenua (ingenua, en el mejor de los casos) esperanza de mencheviques y populistas de que tal control puedan llevarlo a la práctica los capitalistas.

La ruina amenaza. La catástrofe avanza. Los capitalistas han llevado y llevan a todos los países a la perdición. Una sola salvación: la disciplina revolucionaria, las medidas revolucionarias de la clase revolucionaria, de los proletarios y semiproletarios, el paso de todo el poder estatal a manos de esa clase, que podrá implantar de hecho ese mismo control, llevar a cabo de hecho, victoriosamente, la «lucha contra el parasitismo».

«Pravda» núm. 57, 27 (14) de mayo de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».