# 2. Palabras finales

El texto completo de nuestras negociaciones con Dujonin ha sido impreso, por lo que puedo limitarme a breves declaraciones. Para nosotros estaba claro que tratábamos con un enemigo de la voluntad popular y con un adversario de la revolución. Por parte de Dujonin hubo todo tipo de evasivas y artimañas para dilatar el asunto. Expresaron dudas sobre la autenticidad de nuestro telegrama y, con la solicitud de verificación de su autenticidad, se dirigieron no a Krylenko, sino al general Manikovski. De este modo, los generales robaron al menos un día en una cuestión tan importante y apremiante como la de la paz. Sólo cuando declaramos que nos dirigiríamos a los soldados, apareció en el hilo telegráfico el general Dujonin. Declaramos a Dujonin que le exigíamos que entablara inmediatamente negociaciones de armisticio, nada más. No le habíamos dado a Dujonin el derecho de concertar el armisticio. No sólo la cuestión de la concertación del armisticio escapaba a la competencia de Dujonin, sino que cada paso suyo en el desarrollo de las negociaciones de armisticio debía encontrarse bajo el control de los comisarios del pueblo. La prensa burguesa nos acusa de que, al parecer, proponemos un armisticio por separado, de que no tenemos en cuenta los intereses del ejército rumano. Esto es una absoluta mentira. Nosotros proponemos iniciar de inmediato negociaciones de paz y concertar un armisticio con todos los países sin excepción. Tenemos información de que nuestros radiotelegramas llegan a Europa. Así, nuestro radiotelegrama sobre la victoria sobre Kerenski[6] fue interceptado por el radiotelégrafo austríaco y transmitido. Los alemanes, por su parte, enviaron ondas de interferencia para retenerlo. Tenemos la posibilidad de comunicarnos por radiotelegrama con París y, cuando se elabore el tratado de paz, tendremos la posibilidad de comunicar al pueblo francés que puede ser firmado y que del pueblo francés depende concertar el armisticio en dos horas. Ya veremos qué dice entonces Clemenceau. Nuestro partido no ha declarado nunca que pueda dar una paz inmediata. Dijo que haría una propuesta inmediata de paz y publicaría los tratados secretos. Y esto está hecho: la lucha por la paz comienza. Esta lucha será difícil y tenaz. El imperialismo internacional moviliza todas sus fuerzas contra nosotros, pero, por grandes que sean las fuerzas del imperialismo internacional, nuestras posibilidades son muy favorables; en esta lucha revolucionaria por la paz y con la lucha por la paz uniremos la confraternización revolucionaria. La burguesía quisiera que se realizara un acuerdo de los gobiernos imperialistas contra nosotros.

El camarada Chudnovski ha dicho aquí que él «se ha permitido» someter la actuación de los comisarios a una crítica severa. Aquí no puede hablarse de si se puede o no permitirse una crítica severa; esta crítica constituye un deber del revolucionario, y los comisarios del pueblo no se consideran infalibles.

El camarada Chudnovski dijo que la paz vergonzosa es para nosotros inaceptable, pero no pudo aducir ni una sola palabra, ni un solo hecho que pudiera interpretarse en el sentido de que esa paz fuera para nosotros inaceptable. Dijimos: la paz puede ser firmada sólo por el Consejo de Comisarios del Pueblo. Cuando fuimos a las negociaciones con Dujonin, sabíamos que íbamos a negociar con un enemigo, y cuando se trata con un enemigo, no se pueden postergar las acciones. No conocíamos los resultados de las negociaciones. Pero teníamos determinación. Era necesario tomar una decisión allí mismo, ante el hilo telegráfico directo. Respecto al general insubordinado, las medidas debían tomarse inmediatamente. No podíamos convocar al CEC por hilo telegráfico directo; aquí no hay infracción alguna de las prerrogativas del CEC. En la guerra no se espera el desenlace, y esto era una guerra contra la generalidad contrarrevolucionaria, y allí mismo, contra él, nos dirigimos a los soldados[7]. Destituimos a Dujonin, pero no somos formalistas ni burócratas, y sabemos que una sola destitución es insuficiente. Él actúa contra nosotros, y nosotros apelamos contra él a la masa de soldados. Le damos a ésta el derecho de entablar negociaciones de armisticio. Pero no de concertar el armisticio. Los soldados recibieron una advertencia: vigilar a los generales contrarrevolucionarios. Considero que cualquier regimiento está suficientemente organizado para mantener el orden revolucionario necesario. Si el momento en que los soldados vayan a las negociaciones de armisticio es aprovechado para la traición, si durante la confraternización se realiza un ataque, entonces el deber de los soldados es fusilar sin formalidades a los traidores en el acto.

Decir que ahora hemos debilitado nuestro frente, para el caso de que los alemanes pasaran a la ofensiva, es monstruoso. Mientras Dujonin no fue desenmascarado y destituido, el ejército no tenía la seguridad de estar aplicando una política internacional de paz. Ahora existe esa seguridad: luchar contra Dujonin sólo es posible apelando al sentido de organización e iniciativa propia de la masa de soldados. La paz no puede concertarse sólo desde arriba. La paz debe alcanzarse desde abajo. No creemos ni un ápice en la generalidad alemana, pero sí creemos en el pueblo alemán. Sin la participación activa de los soldados, la paz concertada por los comandantes en jefe es frágil. Estoy en contra de la propuesta de Kámenev no porque me oponga a ella en principio, sino porque lo que propone Kámenev es insuficiente, es demasiado débil{40}. No tengo nada en contra de la comisión, pero propongo no prejuzgar sus funciones; estoy en contra de las medidas débiles y propongo que no nos atemos las manos a este respecto.

«Pravda» № 188, 26 (13) de noviembre de 1917

Se imprime según el texto del libro «Actas de las sesiones del CEC de los Soviets de diputados Obreros, Soldados, Campesinos y Cosacos de la II convocatoria», ed. del CEC, 1918