Un partido que se respeta no puede tolerar el esquirolaje ni a los esquiroles en su seno. Esto es evidente. Y cuanto más se reflexiona sobre las declaraciones de Zinóviev y Kámenev en la prensa no partidista, más indiscutible resulta que su acto constituye toda la composición del esquirolaje. La evasiva de Kámenev en la sesión del Soviet de Petrogrado es algo sencillamente bajo; él, por lo visto, está completamente de acuerdo con Trotski. Pero, ¿acaso es difícil comprender que Trotski no podía, no tenía derecho, no debía decir ante los enemigos más de lo que dijo? ¿Acaso es difícil comprender que el deber del partido, que ocultó al enemigo su decisión (sobre la necesidad de la insurrección armada, sobre que ésta había madurado plenamente, sobre la preparación integral, etc.), que esta decisión obliga, en las intervenciones públicas, a echar no sólo la «culpa», sino también la iniciativa sobre el adversario? Sólo unos niños podrían no comprender esto. La evasiva de Kámenev es simplemente un fraude. Lo mismo hay que decir de la evasiva de Zinóviev. Al menos, su carta «justificativa» (parece que al Órgano Central), carta que yo sólo he visto (pues la opinión particular, «la supuesta opinión particular», de la que tanto pregona la prensa burguesa, yo, miembro del CC, no la he visto hasta ahora). De los «argumentos» de Zinóviev: Lenin enviaba sus cartas «antes de que se tomara decisión alguna», y ustedes no protestaron. Así escribe literalmente Zinóviev, subrayando él mismo con cuatro trazos la palabra *antes*. ¿Acaso es difícil comprender que antes de la decisión del centro sobre la cuestión de la huelga se puede hacer agitación tanto a favor como en contra, pero que después de la decisión a favor de la huelga (después de la decisión adicional de ocultarlo al enemigo), después de esto, hacer agitación contra la huelga es esquirolaje? Cualquier obrero comprenderá esto. La cuestión de la insurrección armada se discutió en el centro desde septiembre. He aquí cuándo Zinóviev y Kámenev podían y debían haberse manifestado por escrito, para que todos, viendo sus argumentos, para que todos evaluaran su completa desorientación. Ocultar sus puntos de vista al partido durante todo un mes antes de la adopción de la decisión y enviar su opinión particular después de la decisión significa ser un esquirol.

Zinóviev finge no comprender esta diferencia, no comprender que después de la decisión sobre la huelga, una decisión del centro, sólo los esquiroles pueden hacer agitación ante las instancias inferiores contra la decisión. Cualquier obrero comprenderá esto.

Y Zinóviev precisamente hizo agitación y saboteó las decisiones del centro, tanto en la reunión del domingo{126}, donde él y Kámenev no obtuvieron ni un solo voto, como en su actual carta. Pues Zinóviev tiene el descaro de afirmar que «el partido no ha sido consultado» y que tales cuestiones «no se deciden por diez personas». Piénsese tan sólo. Todos los miembros del CC saben que en la reunión decisiva estaban presentes más de diez miembros del CC, que estaba presente la mayoría del pleno, que el propio Kámenev declaró en esta reunión: «Esta reunión es decisiva», que sobre los miembros del CC ausentes se sabía a ciencia cierta que la mayoría de ellos no está de acuerdo con Zinóviev y Kámenev. Y he aquí que, después de la decisión del CC en la reunión que el propio Kámenev reconoció como decisiva, un miembro del CC tiene la desfachatez de escribir: «El partido no ha sido consultado». «Tales cuestiones no se deciden por diez»; esto es toda la composición del esquirolaje. Hasta el congreso, decide el CC. El CC decidió. Kámenev y Zinóviev, que no se manifestaron por escrito antes de la decisión, se pusieron a impugnar la decisión del CC después de que ésta se hubo tomado.

Esto es toda la composición del esquirolaje. Después de la adopción de una decisión, ninguna impugnación es admisible, cuando se trata de la preparación inmediata y secreta de una huelga. Zinóviev tiene la desfachatez de echarnos ahora a nosotros la culpa de la «advertencia al enemigo». ¿Dónde está el límite del descaro? ¿Quién, en realidad, estropeó el asunto, saboteó la huelga con la «advertencia al enemigo», sino las personas que se manifestaron en la prensa no partidista?

Manifestarse en un periódico que, en la cuestión dada, va a una con toda la burguesía, contra la decisión «decisiva» del partido.

Si se tolera esto, el partido es imposible, el partido está destruido.

Llamar «opinión particular» a lo que Bazárov se entera e imprime en un periódico no partidista, es burlarse del partido.

La intervención de Kámenev y Zinóviev en la prensa no partidista fue especialmente vil también porque el partido no puede refutar abiertamente su mentira calumniosa: desconozco las decisiones sobre el plazo, escribe e imprime Kámenev en nombre propio y de Zinóviev. (Zinóviev es plenamente responsable de toda la conducta e intervención de Kámenev después de semejante declaración.)

¿Cómo puede el CC refutar esto?

No podemos decir ante los capitalistas la verdad, a saber, que decidimos la huelga y decidimos ocultar la elección del momento para ella.

No podemos refutar la mentira calumniosa de Zinóviev y Kámenev sin perjudicar aún más la causa. En esto consiste la inconmensurable vileza, la auténtica traición de estas dos personas, que ante los capitalistas revelaron el plan de los huelguistas, pues, si callamos en la prensa, cualquiera adivinará cómo está el asunto.

Kámenev y Zinóviev revelaron a Rodzianko y a Kérenski la decisión del CC de su partido sobre la insurrección armada y sobre la ocultación al enemigo de la preparación de la insurrección armada, de la elección del momento para la insurrección armada. Esto es un hecho. Ninguna evasiva puede refutar este hecho. Dos miembros del CC, mediante una mentira calumniosa ante los capitalistas, les revelaron la decisión de los obreros. La respuesta a esto puede y debe ser una sola: decisión inmediata del CC:

«Habiendo reconocido toda la composición del esquirolaje en la intervención de Zinóviev y Kámenev en la prensa no partidista, el CC expulsa a ambos del partido».

No me es fácil escribir esto sobre antiguos camaradas cercanos, pero consideraría un crimen cualquier vacilación aquí, pues de lo contrario, un partido de revolucionarios que no castiga a esquiroles destacados, perecería.

La cuestión de la insurrección armada, incluso si la aplazaron por mucho tiempo los esquiroles que revelaron el asunto a Rodzianko y Kérenski, no ha sido superada, no ha sido superada por el partido. ¿Cómo se puede preparar y organizar la insurrección armada, tolerando en el propio seno a esquiroles «destacados»? Cuanto más destacados, más peligrosos, más indignos de ser «perdonados». *On n'est trahi que par les siens*, dicen los franceses. Sólo alguien propio puede convertirse en traidor.

Cuanto más «destacados» sean los esquiroles, tanto más obligatorio es castigarlos inmediatamente con la expulsión.

Sólo así se puede sanear el partido obrero, depurarse de una docena de intelectualillos sin carácter, cohesionando las filas de los revolucionarios, marchar al encuentro de las grandes y grandísimas dificultades, marchar con los obreros revolucionarios.

No podemos imprimir la verdad: que después de la reunión decisiva del CC, Zinóviev y Kámenev tuvieron la desfachatez de exigir una revisión en la reunión del domingo, que Kámenev gritaba desvergonzadamente: «El CC ha fracasado, pues en una semana no ha hecho nada» (yo no podía refutarlo, pues no se puede decir qué es exactamente lo que se ha hecho), y Zinóviev, con aire inocente, proponía una resolución que la reunión había rechazado: «No actuar hasta la conferencia con los bolcheviques que han de llegar el día 20 al Congreso de los Soviets».

Piénsese tan sólo: después de que el centro decidiera la cuestión de la huelga, proponer a la reunión de las bases que la aplace y la transfiera (al congreso del 20, y el congreso se aplazó después... los Zinóviev creen a los Liberdan), transferirla a un colegio que los estatutos del partido no conocen, que no tiene autoridad sobre el CC, que no conoce Petrogrado.

Y después de esto, Zinóviev tiene aún la desfachatez de escribir: «Así difícilmente se refuerza la unidad del partido».

Llámeselo de otro modo que no sea amenaza de escisión.

Yo respondo a tal amenaza que iré hasta el final, conquistaré la libertad de palabra ante los obreros y, cueste lo que cueste, estigmatizaré al esquirol Zinóviev como esquirol. A la amenaza de escisión respondo declarando la guerra hasta el final, por la expulsión de ambos esquiroles del partido.

La directiva del sindicato, tras debates de un mes, decidió: la huelga es inevitable y ha madurado, ocultaremos el momento a los patronos. Después de esto, dos de la directiva van a las bases a impugnar la decisión y fracasan. Entonces los dos van a la prensa ante los capitalistas y revelan mediante una mentira calumniosa la decisión de la directiva, saboteando con esto la huelga en una buena mitad o aplazándola hasta el peor momento, advirtiendo al enemigo.

He aquí toda la composición del esquirolaje. Y he aquí por qué exijo la expulsión de ambos esquiroles, reservándome el derecho (en vista de su amenaza de escisión) de publicarlo todo, cuando sea posible publicarlo.

Escrito el 19 de octubre (1 de noviembre) de 1917.

Publicado por primera vez el 1 de noviembre de 1927 en el periódico *Pravda* núm. 250.

Se imprime según la copia mecanografiada.