Rusia es un país pequeñoburgués. La gigantesca mayoría de la población pertenece a esta clase. Sus vacilaciones entre la burguesía y el proletariado son inevitables. Sólo con su adhesión al proletariado la victoria de la causa de la revolución, de la causa de la paz, de la libertad, de la obtención de la tierra por los trabajadores, está asegurada de manera fácil, pacífica, rápida y tranquila.

La marcha de nuestra revolución nos muestra en la práctica esas vacilaciones. No nos hagamos, pues, ilusiones respecto a los partidos eserista y menchevique; mantengámonos firmes en nuestra senda clasista proletaria. La miseria de los campesinos más pobres, los horrores de la guerra, los horrores del hambre, todo eso muestra a las masas, cada vez con mayor claridad, lo acertado de la senda proletaria, la necesidad de apoyar la revolución proletaria.

Las ilusiones pequeñoburguesas «pacíficas» en una «coalición» con la burguesía, en el conciliacionismo con ella, en la posibilidad de esperar «tranquilamente» a la «próxima» Asamblea Constituyente, etc., todo eso lo destroza la marcha de la revolución de manera despiadada, cruel, inexorable. El kornilovismo fue la última lección cruel, una lección en gran escala, que complementa miles y miles de pequeñas lecciones, lecciones consistentes en el engaño a los obreros y campesinos por los capitalistas y terratenientes en las localidades, lecciones consistentes en el engaño a los soldados por los oficiales, etc., etc.

El descontento, la indignación y la exasperación crecen en el ejército, entre el campesinado, entre los obreros. La «coalición» de eseristas y mencheviques con la burguesía, que todo lo promete y nada cumple, crispa a las masas, les abre los ojos, las empuja a la insurrección.

Crece la oposición de izquierda entre los eseristas (Spiridónova y otros) y entre los mencheviques (Mártov y otros), alcanzando ya hasta el 40% del «Soviet» y del «congreso» de estos partidos. Y en la base, en el proletariado y el campesinado, sobre todo el más pobre, la mayoría de los eseristas y mencheviques son «de izquierda».

El kornilovismo enseña. El kornilovismo ha enseñado mucho.

No se puede saber si ahora los Soviets podrán ir más allá de los jefes eseristas y mencheviques, asegurando con ello el desarrollo pacífico de la revolución, o si volverán a andar estancándose, haciendo con ello inevitable la insurrección proletaria.

No se puede saber esto.

Nuestra tarea es ayudar a hacer todo lo posible para asegurar la «última» oportunidad de un desarrollo pacífico de la revolución, ayudar a ello exponiendo nuestro programa, esclareciendo su carácter de programa de todo el pueblo, su correspondencia incondicional con los intereses y las reivindicaciones de la gigantesca mayoría de la población.

Las líneas que siguen representan precisamente una tentativa de exposición de dicho programa.

Vayamos con él más a las «bases», a las masas, a los empleados, a los obreros, a los campesinos, no sólo a los nuestros, sino en particular a los eseristas, a los sin partido, a los atrasados. Esforcémonos por elevarlos al juicio independiente, a que adopten sus propias decisiones, a que envíen sus delegaciones a la conferencia, a los Soviets, al gobierno; entonces nuestro trabajo no se habrá perdido, cualquiera que sea el desenlace de la conferencia. Entonces será útil tanto para la conferencia como para las elecciones a la Asamblea Constituyente, y para toda actividad política en general.

La vida enseña lo acertado del programa y la táctica bolcheviques. Del 20 de abril al kornilovismo, «qué poco tiempo ha pasado, cuánto se ha vivido».

La experiencia de las masas, la experiencia de las clases oprimidas les ha dado durante este tiempo una cantidad terrible de enseñanzas, y los jefes de los eseristas y mencheviques se han divorciado completamente de las masas. Es precisamente en un programa concreto, en la medida en que se logre llevar su discusión hasta las masas, donde esto se pondrá de manifiesto con la mayor fidelidad.

Lo funesto del conciliacionismo con los capitalistas

1. Mantener en el poder a representantes de la burguesía, aunque sea en pequeño número, mantener a reconocidos kornilovistas como los generales Alekséiev, Klembovski, Bagratión, Gagarin y otros, o a quienes han demostrado su total impotencia ante la burguesía y su capacidad de actuar a lo bonapartista, como Kerenski, eso significa abrir de par en par las puertas, por una parte, al hambre y a la inevitable catástrofe económica, que los capitalistas aceleran y agravan deliberadamente, y, por otra parte, a la catástrofe militar, pues el ejército odia al Estado Mayor y no puede participar con entusiasmo en la guerra imperialista. Además, los generales y oficiales kornilovistas, si permanecen en el poder, abrirán seguramente el frente a los alemanes de manera deliberada, como hicieron con Galitzia y Riga. Sólo la formación de un nuevo gobierno, sobre las nuevas bases que se exponen más abajo, puede impedirlo. Después de todo lo vivido desde el 20 de abril, continuar cualquier tipo de conciliacionismo con la burguesía sería por parte de los eseristas y mencheviques no sólo un error, sino una traición directa al pueblo y a la revolución.

El poder a los Soviets

2. Todo el poder en el Estado debe pasar exclusivamente a los representantes de los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos, sobre la base de un programa determinado y con la plena responsabilidad del poder ante los Soviets. Deben realizarse inmediatamente nuevas elecciones a los Soviets, tanto para tener en cuenta toda la experiencia popular de las últimas semanas de la revolución, particularmente ricas en contenido, como para eliminar las injusticias flagrantes (desproporcionalidad, desigualdad de las elecciones, etc.) que en algunos lugares han quedado sin corregir.

Todo el poder en las localidades, donde aún no hay instituciones elegidas democráticamente, y en el ejército, debe pasar exclusivamente a los Soviets locales y a los comisarios elegidos por ellos y otras instituciones únicamente electivas.

Debe llevarse a cabo de manera incondicional y en todas partes, con el pleno apoyo del Estado, el armamento de los obreros y de las tropas revolucionarias, es decir, aquellas que han demostrado en la práctica su capacidad para aplastar a los kornilovistas.

Paz a los pueblos

3. El gobierno soviético debe proponer inmediatamente a todos los pueblos beligerantes (es decir, al mismo tiempo a sus gobiernos y a las masas obreras y campesinas) la conclusión inmediata de una paz general sobre condiciones democráticas, así como concertar inmediatamente un armisticio (aunque sea por tres meses).

La condición principal de la paz democrática es la renuncia a las anexiones (conquistas), no en el sentido incorrecto de que todas las potencias devuelvan lo que han perdido, sino en el único sentido correcto de que cada nacionalidad, sin excepción alguna, tanto en Europa como en las colonias, obtenga la libertad y la posibilidad de decidir por sí misma si forma un Estado independiente o entra a formar parte de cualquier otro Estado.

Al proponer las condiciones de paz, el gobierno soviético debe proceder inmediatamente él mismo a cumplirlas de hecho, es decir, publicar y anular los tratados secretos que nos atan hasta ahora, concertados por el zar y que prometen a los capitalistas rusos el saqueo de Turquía, Austria, etc. Después, estamos obligados a satisfacer de inmediato las reivindicaciones de los ucranianos y finlandeses, asegurarles, como a todos los pueblos de otra nacionalidad en Rusia, la plena libertad, incluida la libertad de separación, aplicar lo mismo a toda Armenia, comprometernos a evacuarla y a evacuar las tierras turcas ocupadas por nosotros, etc.

Tales condiciones de paz no serán acogidas benévolamente por los capitalistas, pero entre todos los pueblos encontrarán una simpatía tan enorme y provocarán una explosión de entusiasmo tan grande, de alcance histórico-mundial, y una indignación general contra la prolongación de la guerra de rapiña, que lo más probable es que obtengamos de inmediato un armisticio y el consentimiento para la apertura de negociaciones de paz. Pues la revolución obrera contra la guerra crece inconteniblemente en todas partes, y no son las frases sobre la paz (con las que todos los gobiernos imperialistas, incluido nuestro gobierno de Kerenski, engañan desde hace tiempo a los obreros y campesinos), sino únicamente la ruptura con los capitalistas y la proposición de la paz lo que es capaz de hacerla avanzar.

Si se realizara lo menos probable, es decir, si ningún Estado beligerante aceptara siquiera el armisticio, entonces la guerra por nuestra parte se convertiría realmente en una guerra forzosa, realmente justa y defensiva. Ya la sola conciencia de esto por parte del proletariado y del campesinado más pobre haría a Rusia muchas veces más fuerte también en el aspecto militar, sobre todo después de la ruptura total con los capitalistas que saquean al pueblo; sin hablar de que entonces la guerra por nuestra parte sería no de palabra, sino de hecho, una guerra en alianza con las clases oprimidas de todos los países, una guerra en alianza con los pueblos oprimidos de todo el mundo.

En particular, hay que prevenir al pueblo contra la afirmación de los capitalistas, a la que a veces sucumben los más atemorizados y los pequeñoburgueses, de que los capitalistas ingleses y otros, en caso de que rompiéramos nuestra actual alianza de rapiña con ellos, serían capaces de infligir un serio daño a la revolución rusa. Esta afirmación es completamente falsa, pues el «apoyo financiero de los aliados», al enriquecer a los banqueros, «sostiene» a los obreros y campesinos rusos sólo como la cuerda sostiene al ahorcado. En Rusia hay suficiente pan, carbón, petróleo y hierro, y sólo es necesario librarse de los terratenientes y capitalistas que saquean al pueblo para una distribución correcta de estos productos. En cuanto a la posible amenaza militar al pueblo ruso por parte de sus actuales aliados, la suposición de que los franceses e italianos serían capaces de unir sus tropas con las alemanas y lanzarlas contra una Rusia que ha propuesto una paz justa, es una suposición evidentemente disparatada; y aun si Inglaterra, América y el Japón declararan la guerra a Rusia (cosa que para ellos es dificilísima, tanto por la extraordinaria impopularidad de semejante guerra entre las masas como por la divergencia material de intereses entre los capitalistas de esos países a causa del reparto de Asia, y en especial del saqueo de China), no podrían causar a Rusia ni una centésima parte del daño y de las calamidades que le causa la guerra con Alemania, Austria y Turquía.

La tierra para los trabajadores

4. El gobierno soviético debe declarar inmediatamente abolida la propiedad privada sobre las tierras de los terratenientes, sin indemnización, y entregar dichas tierras a la administración de los comités campesinos, en espera de la decisión de la Asamblea Constituyente. También el inventario de los terratenientes debe ser entregado a la administración de esos mismos comités campesinos, con la condición de que se proporcione incondicionalmente en primer lugar y de forma gratuita para uso de los campesinos más pobres.

Tales medidas, exigidas desde hace tiempo por la enorme mayoría del campesinado tanto en las resoluciones de sus congresos como en centenares de instrucciones de las localidades (como se desprende, entre otras cosas, de la recopilación de 242 instrucciones publicada en las «Izvestia del Soviet de Diputados Campesinos»), son incondicional e inmediatamente necesarias. No son ya admisibles más dilaciones, de las que tanto sufrió el campesinado durante el ministerio «de coalición».

Todo gobierno que demorase estas medidas debe ser considerado un gobierno antipopular, merecedor de ser derrocado y aplastado por la insurrección de los obreros y campesinos. Y, a la inversa, únicamente el gobierno que haya llevado a la práctica estas medidas será un gobierno de todo el pueblo.

La lucha contra el hambre y la ruina

5. El gobierno soviético debe introducir inmediatamente el control obrero, a escala de todo el Estado, sobre la producción y el consumo. Sin esto, como lo ha demostrado ya la experiencia desde el 6 de mayo, todas las promesas de reformas y las tentativas de realizarlas son impotentes, y el hambre, junto con una catástrofe sin precedentes, amenaza a todo el país de una semana a otra.

Es necesaria la nacionalización inmediata de los bancos y de los seguros, así como de las ramas más importantes de la industria (petrolera, carbonífera, metalúrgica, azucarera, etc.), junto con la supresión incondicional del secreto comercial y el establecimiento de una vigilancia inflexible por parte de los obreros y campesinos sobre la ínfima minoría de capitalistas que se enriquecen con los suministros al Estado y eluden la rendición de cuentas y la imposición justa sobre sus ganancias y bienes.

Tales medidas, sin quitar ni un céntimo de propiedad ni a los campesinos medios, ni a los cosacos, ni a los pequeños artesanos, son incondicionalmente justas para soportar de manera equitativa las cargas de la guerra e inaplazables para luchar contra el hambre. Sólo poniendo coto al saqueo de los capitalistas y poniendo fin a la paralización deliberada de la producción por parte de ellos, se podrá lograr el aumento de la productividad del trabajo, el establecimiento del servicio laboral obligatorio universal, el intercambio correcto de pan por productos industriales, el retorno al erario de los muchos miles de millones de papel moneda que los ricos ocultan.

Sin tales medidas es también imposible la abolición de la propiedad de las tierras de los terratenientes sin indemnización, pues las tierras de los terratenientes están en su mayor parte hipotecadas en los bancos, y los intereses de los terratenientes y de los capitalistas se entrelazan de manera indisoluble.

La última resolución de la sección económica del Comité Ejecutivo Central Panruso de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados («Rabóchaya Gazeta», núm. 152) reconoce no sólo lo «funesto» de las medidas del gobierno (como el aumento de los precios del pan para enriquecer a los terratenientes y a los kulaks), no sólo «el hecho de la completa inactividad de los órganos centrales reguladores de la vida económica creados junto al gobierno», sino incluso «la violación de las leyes» por parte de este gobierno. Este reconocimiento por los partidos gobernantes eserista y menchevique pone de manifiesto una vez más todo lo criminal de la política de conciliacionismo con la burguesía.

La lucha contra la contrarrevolución de terratenientes y capitalistas

6. La sublevación de Kornílov y de Kaledín fue apoyada por toda la clase de los terratenientes y capitalistas, con el partido kadete (de la «libertad popular») a la cabeza. Esto ha sido plenamente demostrado ya por los hechos publicados en las «Izvestia del CEC».

Pero ni para la represión total de esta contrarrevolución, ni siquiera para su investigación se ha hecho nada, y no se puede hacer nada serio sin que el poder pase a los Soviets. Ninguna comisión que no posea el poder estatal está en condiciones de llevar a cabo una investigación completa, arrestar a los culpables, etc. Sólo el gobierno soviético puede y debe hacerlo. Sólo él puede, arrestando a los generales kornilovistas y a los cabecillas de la contrarrevolución burguesa (Guchkov, Miliukov, Riabushinski, Maklákov y Cía.), disolviendo las ligas contrarrevolucionarias (la Duma de Estado, las ligas de oficiales, etc.), poniendo a sus miembros bajo vigilancia de los Soviets locales, desmantelando las unidades contrarrevolucionarias, asegurar a Rusia contra la inevitable repetición de las intentonas «kornilovistas».

Sólo él puede crear una comisión para la investigación completa y pública del caso de los kornilovistas, como de todos los demás casos, aunque hayan sido suscitados por la burguesía, y sólo a una comisión tal el partido bolchevique, por su parte, llamaría a los obreros a prestarle plena obediencia y asistencia.

Sólo el gobierno soviético podría luchar con éxito contra una injusticia tan flagrante como la usurpación por los capitalistas, con ayuda de los millones saqueados al pueblo, de las mayores imprentas y de la mayoría de los periódicos. Es necesario cerrar los periódicos burgueses contrarrevolucionarios («Rech», «Rússkoe Slovo», etc.), confiscar sus imprentas, declarar los anuncios privados en los periódicos monopolio del Estado, trasladarlos al periódico gubernamental, editado por los Soviets y que diga la verdad a los campesinos. Sólo así se puede y se debe arrebatar de las manos de la burguesía la poderosa arma de la mentira y la calumnia impunes, del engaño al pueblo, de la desorientación del campesinado, de la preparación de la contrarrevolución.

El desarrollo pacífico de la revolución

7. Ante la democracia de Rusia, ante los Soviets, ante los partidos eserista y menchevique, se abre ahora la posibilidad, extraordinariamente rara en la historia de las revoluciones, de asegurar la convocatoria de la Asamblea Constituyente en el plazo señalado sin nuevas dilaciones, la posibilidad de poner al país a salvo de la catástrofe militar y económica, la posibilidad de garantizar el desarrollo pacífico de la revolución.

Si los Soviets toman ahora en sus manos, entera y exclusivamente, el poder estatal para llevar a cabo el programa expuesto más arriba, entonces a los Soviets les está asegurado no sólo el apoyo de las nueve décimas partes de la población de Rusia, de la clase obrera y de la grandísima mayoría del campesinado. A los Soviets les está asegurado también el mayor entusiasmo revolucionario del ejército y de la mayoría del pueblo, ese entusiasmo sin el cual la victoria sobre el hambre y sobre la guerra es imposible.

De ninguna resistencia a los Soviets podría hablarse ahora, si no hubiera vacilaciones por su parte. Ninguna clase se atrevería a alzarse en sublevación contra los Soviets, y los terratenientes y capitalistas, escarmentados por la experiencia del kornilovismo, entregarían el poder pacíficamente ante la demanda ultimativa de los Soviets. Para vencer la resistencia de los capitalistas al programa de los Soviets, bastará con la vigilancia sobre los explotadores por parte de los obreros y campesinos, y con medidas de castigo a los desobedientes, como la confiscación de todos sus bienes, acompañada de un arresto breve.

Tomando todo el poder, los Soviets podrían aún ahora —y probablemente esta es su última oportunidad— garantizar el desarrollo pacífico de la revolución, las elecciones pacíficas de sus diputados por el pueblo, la lucha pacífica de los partidos dentro de los Soviets, la verificación en la práctica del programa de los distintos partidos, el tránsito pacífico del poder de manos de un partido a manos de otro.

Si esta posibilidad se desaprovecha, entonces todo el curso del desarrollo de la revolución, desde el movimiento del 20 de abril hasta el kornilovismo, indica la inevitabilidad de la más aguda guerra civil entre la burguesía y el proletariado. La catástrofe inevitable aproximará esta guerra. Deberá terminar, como lo muestran todos los datos y consideraciones accesibles a la mente humana, con la victoria completa de la clase obrera, apoyada por el campesinado más pobre, para llevar a la práctica el programa expuesto; pero puede resultar muy dura, sangrienta, costando la vida a decenas de miles de terratenientes, capitalistas y oficiales que simpatizan con ellos. El proletariado no se detendrá ante ningún sacrificio para salvar la revolución, cosa imposible fuera del programa expuesto. Pero el proletariado apoyaría por todos los medios a los Soviets, si estos realizaran su última oportunidad de un desarrollo pacífico de la revolución.

Escrito en la primera quincena de septiembre de 1917.

Publicado el 9 y 10 de octubre (26 y 27 de septiembre) de 1917 en el periódico «Rabochi Put», núms. 20 y 21. Firmado: N. K.

Se publica según el texto del periódico.