1) La participación de nuestro partido en el «Preparlamento» o «Consejo Democrático» o «Consejo de la república» es un error evidente y una desviación del camino proletario-revolucionario.

2) La situación objetiva es tal que en el país, indudablemente, está madurando la revolución contra el gobierno bonapartista de Kerenski (insurrección campesina, aumento del descontento y de los conflictos con el gobierno en el ejército y entre los grupos nacionales, conflicto con los ferroviarios y los empleados de correos, quiebra total de los conciliadores mencheviques y eseristas en las elecciones, etc.).

Con tal maduración de la revolución, ir a un parlamento falsificado, amañado para engañar al pueblo, significa facilitar ese engaño, dificultar la preparación de la revolución, desviar la atención del pueblo y las fuerzas del partido de la tarea apremiante de la lucha por el poder y por el derrocamiento del gobierno.

3) El congreso del partido debe, por lo tanto, retirar a los miembros de nuestro partido del Preparlamento, declarar su boicot, llamar al pueblo a preparar las fuerzas para disolver esta «Duma de Bulyguin» a lo Tsereteli.

Sobre la consigna «Todo el poder a los Soviets»

1. Todo el trabajo de medio año de los bolcheviques en la revolución, toda la crítica dirigida por ellos contra los mencheviques y los eseristas por el «conciliacionismo» y por la transformación de los Soviets en charladeros por parte de estos partidos, exigen de los bolcheviques una observancia concienzuda, marxistamente consecuente, de esta consigna; por desgracia, en la cúpula del partido se notan vacilaciones, como un «temor» a la lucha por el poder, una tendencia a sustituir esta lucha con resoluciones, protestas y congresos.

2. Toda la experiencia de ambas revoluciones, tanto la de 1905 como la de 1917, así como todas las decisiones del partido bolchevique, todas sus declaraciones políticas durante muchos años se reducen a que el Soviet de diputados obreros y soldados es real solo como órgano de la insurrección, solo como órgano del poder revolucionario. Fuera de esta tarea, los Soviets son un juguete vacío, que conduce inevitablemente a la apatía, la indiferencia, la decepción de las masas, a quienes, con toda razón, les han repugnado las repeticiones interminables de resoluciones y protestas.

3. Especialmente ahora, cuando en el país se extiende la insurrección campesina, sofocada por Kerenski con la ayuda de tropas seleccionadas, cuando incluso las medidas militares en el campo amenazan claramente con el amaño y la falsificación de las elecciones a la Asamblea Constituyente, cuando en Alemania se ha llegado a la insurrección en la flota, ahora la renuncia de los bolcheviques a transformar los Soviets en órgano de la insurrección sería una traición tanto a los campesinos como a la causa de la revolución socialista internacional.

4. La tarea de la toma del poder por los Soviets es la tarea de una insurrección exitosa. Por eso, todas las mejores fuerzas del partido deben ser dirigidas a las fábricas y a los cuarteles, para explicar a las masas su tarea y para, evaluando correctamente su estado de ánimo, elegir el momento adecuado para derrocar al gobierno de Kerenski.

Vincular esta tarea forzosamente al congreso de los Soviets, subordinarla a este congreso, significa jugar a la insurrección, fijando de antemano su fecha, facilitando la preparación de las tropas por parte del gobierno, confundiendo a las masas con la ilusión de que mediante la «resolución» del congreso de los Soviets se puede resolver un problema que solo es capaz de resolver el proletariado insurrecto con su fuerza.

5. Hay que luchar contra las ilusiones constitucionales y las esperanzas en el congreso de los Soviets, renunciar a la idea preconcebida de «esperarlo» forzosamente, concentrar todas las fuerzas en explicar a las masas la inevitabilidad de la insurrección y en prepararla. Teniendo en sus manos ambos Soviets de la capital y renunciando a esta tarea, transigiendo con la convocatoria de la Asamblea Constituyente (es decir, con la falsificación de la Asamblea Constituyente) por el gobierno de Kerenski, los bolcheviques reducirían a una frase vacía su propaganda de la consigna «poder a los Soviets» y se deshonrarían políticamente como partido del proletariado revolucionario.

6. Esto es especialmente cierto ahora, cuando las elecciones en Moscú dieron el 49 1/2 por ciento de los votos a los bolcheviques y cuando los bolcheviques, con el apoyo de los eseristas de izquierda, apoyo que de hecho se viene dando desde hace tiempo, cuentan con una mayoría indudable en el país.

Puede que no todo se publique de las tesis sobre «el poder a los Soviets», pero si se renuncia a la discusión partidaria y a la clarificación ante las masas de cuestiones tan apremiantes e importantísimas, para cuya discusión no hay plena libertad de prensa o que no pueden exponerse ante los enemigos, esto equivale a la pérdida del vínculo del partido con la vanguardia del proletariado.

Sobre la lista de candidatos a la Asamblea Constituyente

La lista de candidatos publicada por el Comité Central está confeccionada de manera inadmisible y exige la más enérgica protesta. Pues en la Asamblea Constituyente campesina es necesario que haya cuatro o cinco veces más obreros, los únicos capaces de vincularse estrecha y cercanamente con los diputados campesinos. Es también absolutamente inadmisible el número desmesurado de candidatos de personas poco probadas, que se han adherido a nuestro partido muy recientemente (como Larin). Al llenar la lista con tales candidatos, que deberían primero trabajar meses y meses en el partido, el CC abre de par en par las puertas al arribismo, a la caza de puestos en la Asamblea Constituyente. Es necesaria una revisión y corrección urgente de la lista.

Se sobreentiende que, de entre los interdistritales{111}, muy poco probados en el trabajo proletario en la línea de nuestro partido, nadie discutiría, por ejemplo, una candidatura como la de Trotski, porque, en primer lugar, Trotski, inmediatamente a su llegada, adoptó la posición de internacionalista; en segundo lugar, luchó entre los interdistritales por la fusión; en tercer lugar, en los difíciles días de julio estuvo a la altura de la tarea y fue un partidario leal del partido del proletariado revolucionario. Está claro que no se puede decir lo mismo de una multitud de miembros del partido de ayer incluidos en la lista.

Es especialmente escandalosa la inclusión de Larin (y además por delante de Petrovski, Krylenko y otros...). Larin ya durante la guerra ayudó a los chovinistas, habló en nombre de ellos en el congreso sueco, ayudó a imprimir mentiras contra los obreros de Petersburgo y su boicot a los comités de industria de guerra. Larin ni una sola vez durante la guerra se manifestó, antes de la revolución, como luchador por el internacionalismo. Larin, al llegar a Rusia, ayudó durante mucho tiempo a los mencheviques e incluso se manifestó en la prensa con ataques indecentes, al estilo de Aleksinski, contra nuestro partido. Larin es conocido por sus «saltos»: recuérdese su folleto sobre el congreso obrero y sobre la fusión con los eseristas.

Por supuesto, no habría que recordar esto si Larin hubiera ingresado en nuestro partido con deseos de corregirse. Pero llevarlo a la Asamblea Constituyente una o dos semanas después de haber ingresado en el partido, significa convertir de hecho a nuestro partido en el mismo inmundo establo de arribistas que la mayoría de los partidos europeos[25].

El trabajo serio dentro de la Asamblea Constituyente consistirá en el acercamiento estrecho, cercano, íntimo con los campesinos. Para esto solo sirven obreros, cercanos por su vida a los campesinos. Atiborrar la Asamblea Constituyente de oradores y literatos significa ir por el trillado camino del oportunismo y el chovinismo. Esto es indigno de la III Internacional.

Escrito entre el 29 de septiembre y el 4 de octubre (12 y 17 de octubre) de 1917.

Publicado de forma incompleta en 1921 en las Obras Completas de N. Lenin (V. Uliánov), tomo XIV, parte II.

Se publica por primera vez íntegramente, según la copia mecanografiada.