Hay señales de que ese viraje ya se ha producido o se está produciendo. A saber: el viraje de la guerra imperialista a la paz imperialista.

El indudable y profundo agotamiento de ambas coaliciones imperialistas; la dificultad de proseguir la guerra; la dificultad para los capitalistas en general y para el capital financiero en particular de arrancar a los pueblos todavía alguna piel, además de las dos y más que les han quitado en forma de escandalosas ganancias «de guerra»; la saciedad del capital financiero de los países neutrales —Estados Unidos, Holanda, Suiza y otros—, que se ha enriquecido gigantescamente con la guerra y a quien no le resulta fácil continuar por más tiempo este «lucrativo» negocio debido a la escasez de materias primas y víveres; los reiterados intentos de Alemania de desgajar de su principal rival imperialista, Inglaterra, a uno u otro aliado; las manifestaciones pacifistas del gobierno alemán, y en pos de él de una serie de gobiernos de países neutrales: he aquí los más importantes de estos indicios.

¿Hay o no hay probabilidades de que la guerra termine rápidamente?

A esta pregunta es muy difícil responder afirmativamente. Dos posibilidades se perfilan, a nuestro juicio, con bastante nitidez.

Primera: se concierta una paz por separado entre Alemania y Rusia, aunque no sea bajo la forma habitual de un tratado formal por escrito. Segunda: no se concierta tal paz, e Inglaterra y sus aliados están realmente en condiciones de resistir todavía uno o dos años, etc. En el primer caso, la guerra, si no se termina ahora, cesará inevitablemente en un futuro próximo, y no cabe esperar cambios importantes en su desarrollo. En el segundo, es posible que la guerra se prolongue por un tiempo indefinido.

Detengámonos en el primer caso.

Es indudable que muy recientemente se han llevado a cabo negociaciones sobre una paz por separado entre Alemania y Rusia, que el propio Nicolás II, o una influyente camarilla palaciega, está a favor de esa paz, que en la política mundial se ha esbozado un viraje de la alianza imperialista de Rusia con Inglaterra contra Alemania a una alianza no menos imperialista de Rusia con Alemania contra Inglaterra.

La sustitución de Stürmer por Trépov, la declaración pública del zarismo de que el «derecho» de Rusia a Constantinopla ha sido reconocido por todos los aliados, la creación por parte de Alemania de un Estado polaco especial: todos estos indicios parecen señalar que las negociaciones sobre la paz por separado han fracasado. ¿Acaso el zarismo llevó a cabo estas negociaciones solo para chantajear a Inglaterra, para obtener de ella el reconocimiento formal e inequívoco de los «derechos» de Nicolás el Sangriento a Constantinopla y determinadas garantías «serias» de este derecho?

Como quiera que el contenido principal y fundamental de la actual guerra imperialista es el reparto del botín entre los tres principales rivales imperialistas, los tres ladrones, Rusia, Alemania e Inglaterra, no hay nada de inverosímil en esta suposición.

Por otra parte, cuanto más se perfila para el zarismo la imposibilidad real, militar, de recuperar Polonia, de conquistar Constantinopla, de romper el férreo frente alemán, que Alemania endereza, acorta y refuerza espléndidamente con sus últimas victorias en Rumanía, tanto más se ve obligado el zarismo a concertar una paz por separado con Alemania, es decir, a pasar de la alianza imperialista con Inglaterra contra Alemania a la alianza imperialista con Alemania contra Inglaterra. ¿Y por qué no? ¡Si Rusia estuvo a punto de ir a la guerra con Inglaterra debido a la rivalidad imperialista de ambas potencias por el reparto del botín en Asia Central! ¡Si ya en 1898 se celebraron negociaciones entre Inglaterra y Alemania sobre una alianza contra Rusia, en las que Inglaterra y Alemania acordaron secretamente repartirse entonces las colonias de Portugal «en el caso» de que esta no cumpliera con sus obligaciones financieras!

La intensa aspiración de los círculos imperialistas dirigentes de Alemania a una alianza con Rusia contra Inglaterra quedó definida ya hace varios meses. La base de la alianza será, evidentemente, el reparto de Galitzia (para el zarismo es vital estrangular el centro de la agitación ucraniana y de la libertad ucraniana), de Armenia y, ¡tal vez, de Rumanía! ¡En un periódico alemán llegó a deslizarse la «insinuación» de que Rumanía podría ser repartida entre Austria, Bulgaria y Rusia! Alemania podría consentir incluso otras «pequeñas concesiones» al zarismo con tal de realizar la alianza con Rusia y, quizá, también con el Japón contra Inglaterra.

La paz por separado pudo haberse concertado entre Nicolás II y Guillermo II en secreto. La historia de la diplomacia conoce ejemplos de tratados secretos de los que nadie, salvo dos o tres personas, ni siquiera los ministros, tenía conocimiento. La historia de la diplomacia conoce ejemplos de cómo las «grandes potencias» acudían a un congreso «paneuropeo» tras haber acordado de antemano y en secreto lo principal entre los rivales principales (por ejemplo, el acuerdo secreto de Rusia con Inglaterra sobre el saqueo de Turquía antes del Congreso de Berlín de 1878). No tendría absolutamente nada de extraño que el zarismo rechazara una paz formal por separado entre gobiernos, entre otras razones por la consideración de que, en el estado actual de Rusia, su gobierno podría resultar entonces formado por Miliukov y Guchkov, o por Miliukov y Kerenski, y al mismo tiempo hubiera concertado un tratado secreto, no formal pero no menos «sólido», con Alemania sobre que ambas «altas partes contratantes» siguieran conjuntamente tal o cual línea en el futuro congreso de la paz.

No se puede decidir si esta suposición es acertada o no. Pero en todo caso, contiene mil veces más verdad, caracteriza mejor lo que es, que las infinitas y bondadosas frases sobre la paz entre los actuales gobiernos burgueses, y en general entre gobiernos burgueses, sobre la base de la negación de las anexiones, etc. Estas frases son o bien deseos inocentes o hipocresía y embuste que sirven para ocultar la verdad. La verdad del momento actual, de esta guerra, de este instante de intentos de concertar la paz, consiste en el reparto del botín imperialista. Esta es la esencia, y comprender esta verdad, expresarla, «decir lo que es», tal es la tarea cardinal de la política socialista, a diferencia de la burguesa, para la cual lo principal es ocultar, velar esta verdad.

Ambas coaliciones imperialistas han saqueado una cierta cantidad de botín, siendo precisamente los dos principales y más fuertes depredadores, Alemania e Inglaterra, los que más han saqueado. Inglaterra no ha perdido ni una pulgada de su tierra ni de sus colonias, «adquiriendo» las colonias alemanas y una parte de Turquía (Mesopotamia). Alemania ha perdido casi todas sus colonias, pero ha adquirido territorios inconmensurablemente más valiosos en Europa, apoderándose de Bélgica, Serbia, Rumanía, parte de Francia, parte de Rusia, etc. Se trata de repartirse este botín, de modo que el «atamán» de cada banda de salteadores, es decir, tanto Inglaterra como Alemania, debe recompensar en una u otra medida a sus aliados, los cuales —con excepción de Bulgaria y, en menor medida, de Italia— han perdido especialmente mucho. Los aliados más débiles perdieron más que nadie: en la coalición inglesa fueron aplastados Bélgica, Serbia, Montenegro, Rumanía; en la alemana, Turquía perdió Armenia y parte de Mesopotamia.

Hasta ahora, el botín de Alemania es indudablemente, y con mucho, mayor que el de Inglaterra. Hasta ahora Alemania ha vencido, resultando inconmensurablemente más fuerte de lo que nadie suponía antes de la guerra. De ahí que sea comprensible que a Alemania le conviniera concertar la paz lo antes posible, pues su rival podría aún, en el caso más ventajoso imaginable para él (aunque poco probable), poner en acción una mayor reserva de reclutas, etc.

Tal es la situación objetiva. Tal es el momento actual de la lucha por el reparto del botín imperialista. Es del todo natural que este momento haya engendrado aspiraciones, declaraciones y manifestaciones pacifistas, sobre todo entre la burguesía y los gobiernos de la coalición alemana, y luego entre los países neutrales. E igualmente natural es que la burguesía y sus gobiernos se vean obligados a esforzarse con todas sus fuerzas por embaucar a los pueblos, encubriendo la repugnante desnudez de la paz imperialista, del reparto de lo saqueado, con frases, frases profundamente mentirosas sobre la paz democrática, la libertad de las naciones pequeñas, la reducción de los armamentos, etc.

Pero si es natural que la burguesía trate de embaucar a los pueblos, ¿cómo cumplen los socialistas con su deber? Sobre esto en el próximo artículo (o capítulo).