Hay que adoptar una resolución que estigmatice, como una falsificación[6], digna de Nicolás II, procedimientos tales como el del Consejo de Diputados Soldados (1 diputado por cada 500 soldados, 1 por cada 1.000 obreros){73} o el del Buró de Sindicatos (1 por cada a miembros en los sindicatos pequeños, 1 por cada a – b miembros en los grandes).

Si toleramos en silencio esta falsificación, ¿qué clase de demócratas somos?

¿En qué es peor entonces Nicolás II, que también «otorgaba» representación a los campesinos y a los terratenientes no por igual??

Tolerando tales cosas, prostituimos el democratismo.

Hay que adoptar una resolución, exigir el sufragio igualitario (tanto en los Soviets como en los congresos de los sindicatos), estigmatizar la más mínima desviación de la igualdad como una falsificación, empleando precisamente esta palabra, como un procedimiento de Nicolás II, y esa resolución del pleno del Comité Central, redactada en forma popular, hacerla circular como hoja volante entre las masas obreras.

No se puede tolerar la falsificación en el democratismo llamándose «demócratas». ¡No somos demócratas, sino gente sin principios, si toleramos esto!!

Escrito no más tarde del 3 (16) de septiembre de 1917.  
Publicado por primera vez en 1928 en la Recopilación Leninista VII.  
Se publica según el manuscrito.