(1) La revolución del 25 de octubre (7 de noviembre) de 1917 en Rusia realizó la dictadura del proletariado, que comenzó, con el apoyo del campesinado más pobre o del semiproletariado, a construir las bases de la sociedad comunista. El crecimiento del movimiento revolucionario del proletariado en todos los países avanzados, la aparición y el desarrollo universales de la forma soviética de este movimiento, es decir, de aquella que está orientada directamente a la realización de la dictadura del proletariado; por último, el inicio y el curso del desarrollo de la revolución en Austria-Hungría y en Alemania en particular, todo esto ha mostrado de manera evidente que ha comenzado la era de la revolución proletaria, comunista, mundial.

(2) Una comprensión correcta de las causas, el significado y los fines de esta revolución exige esclarecer la esencia del capitalismo y la inevitabilidad de su desarrollo hacia el comunismo, a través del imperialismo y de las guerras imperialistas, que aceleran el hundimiento del capitalismo.

(3) Nuestro antiguo programa caracterizó correctamente (salvo la denominación inexacta del partido como socialdemócrata) la naturaleza del capitalismo y de la sociedad burguesa, que aún domina en la mayoría de los países civilizados y cuyo desarrollo conduce inevitablemente a la revolución comunista mundial del proletariado, en las siguientes tesis:

(4) «El rasgo principal de esta sociedad lo constituye la producción mercantil sobre la base de las relaciones de producción capitalistas, en las cuales la parte más importante y significativa de los medios de producción y circulación de mercancías pertenece a una clase de personas poco numerosa, mientras que la inmensa mayoría de la población está compuesta por proletarios y semiproletarios, obligados por su situación económica a vender constante o periódicamente su fuerza de trabajo, es decir, a emplearse como asalariados de los capitalistas y a crear con su trabajo los ingresos de las clases superiores de la sociedad.

(5) La esfera del dominio de las relaciones capitalistas de producción se amplía cada vez más a medida que el constante perfeccionamiento de la técnica, al aumentar la importancia económica de las grandes empresas, conduce al desplazamiento de los pequeños productores independientes, transformando a una parte de ellos en proletarios, reduciendo el papel del resto en la vida económico-social y colocándolos en lugares en una dependencia más o menos completa, más o menos evidente, más o menos gravosa respecto al capital.

(6) Ese mismo progreso técnico brinda, además, a los empresarios la posibilidad de emplear en una escala cada vez mayor el trabajo femenino e infantil en el proceso de producción y circulación de mercancías. Y como, por otro lado, conduce a una disminución relativa de la necesidad de los empresarios de trabajo vivo de los obreros, la demanda de fuerza de trabajo queda necesariamente rezagada respecto a su oferta, como consecuencia de lo cual aumenta la dependencia del trabajo asalariado respecto al capital y se eleva el nivel de su explotación.

(7) Tal estado de cosas dentro de los países burgueses y la rivalidad constantemente exacerbada entre ellos en el mercado mundial hacen cada vez más difícil la venta de las mercancías producidas en cantidades en constante aumento. La superproducción, que se manifiesta en crisis industriales más o menos agudas, seguidas de períodos más o menos prolongados de estancamiento industrial, representa una consecuencia inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas en la sociedad burguesa. Las crisis y los períodos de estancamiento industrial, a su vez, arruinan aún más a los pequeños productores, aumentan aún más la dependencia del trabajo asalariado respecto al capital y conducen con mayor rapidez al empeoramiento relativo, y a veces absoluto, de la situación de la clase obrera.

(8) Así, el perfeccionamiento de la técnica, que significa el aumento de la productividad del trabajo y el crecimiento de la riqueza social, condiciona en la sociedad burguesa el aumento de la desigualdad social, la ampliación de la distancia entre los poseedores y los desposeídos, y el crecimiento de la inseguridad de la existencia, del desempleo y de todo tipo de privaciones para capas cada vez más amplias de las masas trabajadoras.

(9) Pero a medida que crecen y se desarrollan todas estas contradicciones propias de la sociedad burguesa, crece también el descontento de la masa trabajadora y explotada con el orden de cosas existente, aumenta el número y la cohesión de los proletarios y se agudiza su lucha contra sus explotadores. Al mismo tiempo, el perfeccionamiento de la técnica, al concentrar los medios de producción y de circulación y al socializar el proceso de trabajo en las empresas capitalistas, crea cada vez con mayor rapidez la posibilidad material de sustituir las relaciones de producción capitalistas por las comunistas, es decir, de esa revolución social que constituye el fin último de toda la actividad del partido comunista internacional, como expresión consciente del movimiento de clase del proletariado.

(10) Al sustituir la propiedad privada sobre los medios de producción y de circulación por la propiedad social e introducir una organización planificada del proceso social-productivo para asegurar el bienestar y el desarrollo integral de todos los miembros de la sociedad, la revolución social del proletariado suprimirá la división de la sociedad en clases y, con ello, emancipará a toda la humanidad oprimida, ya que pondrá fin a todas las formas de explotación de una parte de la sociedad por otra.

(11) La condición necesaria de esta revolución social es la dictadura del proletariado, es decir, la conquista por el proletariado de un poder político tal que le permita aplastar toda resistencia de los explotadores. Planteándose la tarea de hacer al proletariado capaz de cumplir su gran misión histórica, el partido comunista internacional lo organiza en un partido político independiente, contrapuesto a todos los partidos burgueses, dirige todas las manifestaciones de su lucha de clases, le revela el antagonismo irreconciliable entre los intereses de los explotadores y los intereses de los explotados, y le aclara la significación histórica y las condiciones necesarias de la revolución social venidera. Al mismo tiempo, pone de manifiesto ante toda la demás masa trabajadora y explotada la desesperanza de su situación en la sociedad capitalista y la necesidad de la revolución social en interés de su propia emancipación de la opresión del capital. El partido de la clase obrera, el partido comunista, llama a sus filas a todas las capas de la población trabajadora y explotada en la medida en que adoptan el punto de vista del proletariado».

(12) El proceso de concentración y centralización del capital, al aniquilar la libre competencia, condujo a principios del siglo XX a la creación de poderosas uniones monopolistas de capitalistas –sindicatos, cárteles, trusts– que adquirieron una importancia decisiva en toda la vida económica, a la fusión del capital bancario con el capital industrial, inmensamente concentrado, a la intensificada exportación de capital a países extranjeros, a que comenzara el reparto económico del mundo, ya repartido territorialmente entre los países más ricos, por trusts que abarcan grupos cada vez más amplios de potencias capitalistas. Esta época del capital financiero, época de una lucha inusitadamente encarnizada entre los estados capitalistas, es la época del imperialismo.

(13) De aquí se derivan inevitablemente las guerras imperialistas, guerras por los mercados de venta, por las esferas de inversión de capital, por las materias primas y por la mano de obra barata, es decir, por la dominación mundial y por el sometimiento de las nacionalidades pequeñas y débiles. Precisamente tal fue la primera gran guerra imperialista de 1914-1918.

(14) Tanto el grado extraordinariamente alto de desarrollo del capitalismo mundial en general; como la sustitución de la libre competencia por el capitalismo monopolista de Estado; como la preparación por parte de los bancos, así como de las uniones de capitalistas, de un aparato para la regulación social del proceso de producción y de distribución de los productos; como el aumento de la carestía y de la opresión de los sindicatos sobre la clase obrera, vinculado al crecimiento de los monopolios capitalistas, su esclavización por el estado imperialista, la enorme dificultad de la lucha económica y política del proletariado; como los horrores, las calamidades, la ruina engendrados por la guerra imperialista; todo esto hace de la etapa de desarrollo del capitalismo hoy alcanzada la era de la revolución proletaria, comunista.

Esta era ha comenzado.

(15) Solo la revolución proletaria, comunista, puede sacar a la humanidad del callejón sin salida creado por el imperialismo y las guerras imperialistas. Cualesquiera que sean las dificultades de la revolución y sus posibles fracasos temporales u olas de contrarrevolución, la victoria final del proletariado es inevitable.

(16) La victoria de la revolución proletaria mundial exige la más plena confianza, la más estrecha unión fraternal y la mayor unidad posible de las acciones revolucionarias de la clase obrera de los países avanzados. Estas condiciones son irrealizables sin una ruptura resuelta de principio y una lucha despiadada contra aquella deformación burguesa del socialismo que ha triunfado en las cúpulas de los partidos oficiales «socialdemócratas» y «socialistas».

(17) Una de las facetas de tal deformación es la corriente del oportunismo y del socialchovinismo, socialismo de palabra, chovinismo de hecho, el encubrimiento de la defensa de los intereses rapaces de «su» burguesía nacional con la falsa consigna de la «defensa de la patria» tanto en general como, en particular, durante la guerra imperialista de 1914-1918. Esta corriente ha sido creada por el hecho de que los estados capitalistas avanzados, al saquear a los pueblos coloniales y débiles, dieron a la burguesía la posibilidad de sobornar con partículas de la superganancia obtenida mediante este saqueo a las capas altas del proletariado, asegurarles en tiempos de paz una tolerable existencia pequeño-burguesa y poner a su servicio a los líderes de esta capa. Los oportunistas y socialchovinistas, siendo servidores de la burguesía, son enemigos de clase directos del proletariado, especialmente ahora que, en alianza con los capitalistas, reprimen con las armas en la mano el movimiento revolucionario del proletariado tanto en sus propios países como en los ajenos.

(18) Otra faceta de la deformación burguesa del socialismo es la corriente del «centro», que se observa igualmente en todos los países capitalistas, la cual oscila entre los socialchovinistas y los comunistas, defendiendo la unidad con los primeros e intentando resucitar a la quebrada II Internacional. El dirigente de la lucha del proletariado por su emancipación es únicamente la nueva, la III Internacional Comunista, fundada de hecho mediante la formación de partidos comunistas a partir de los elementos verdaderamente proletarios de los antiguos partidos socialistas en una serie de países, especialmente en Alemania, y que conquista cada vez más simpatías entre las masas del proletariado de todos los países. Esta Internacional no solo en su nombre retorna al marxismo, sino que, con todo su contenido ideológico-político, con todas sus acciones, realiza la doctrina revolucionaria de Marx, depurada de las deformaciones burguesas y oportunistas.

«Pravda» № 43, 25 de febrero de 1919.

Se imprime según la copia mecanografiada, corregida por V. I. Lenin.