Muchos se interesan ahora de nuevo por la Conferencia de Estocolmo. La cuestión de su significado ha sido discutida intensamente por los periódicos. Esta cuestión está indisolublemente ligada a la valoración de las bases mismas de todo el socialismo contemporáneo, en particular en su relación con la guerra imperialista. He aquí por qué conviene detenerse con más detalle en la Conferencia de Estocolmo.

Los socialdemócratas revolucionarios, es decir, los bolcheviques, se pronunciaron desde el principio contra la participación en esta conferencia. Partían para ello de fundamentos de principio. Es de todos sabido que los socialistas del mundo entero, en todos los países, tanto beligerantes como neutrales, se han escindido en torno a la cuestión de la actitud hacia la guerra en dos grandes agrupaciones fundamentales. Unos se pusieron del lado de sus gobiernos, de su burguesía. Nosotros los llamamos socialchovinistas, es decir, socialistas de palabra, chovinistas de hecho. Se llama chovinista a quien con el concepto de "defensa de la patria" encubre la defensa de los intereses de rapiña de "sus" clases dominantes. En la presente guerra, la burguesía de ambas coaliciones beligerantes persigue fines de rapiña: la alemana lucha por el saqueo de Bélgica, Serbia, etc.; la inglesa y la francesa, por el saqueo de las colonias alemanas, etc.; la rusa, por el saqueo de Austria (Lvov), Turquía (Armenia, Constantinopla).

Por eso, aquellos socialistas que se pusieron en el punto de vista de su burguesía en la presente guerra han dejado de ser socialistas, han traicionado a la clase obrera, se han pasado de hecho al campo de la burguesía. Se han convertido en enemigos de clase del proletariado. Y la historia del socialismo europeo y americano, especialmente durante la época de la II Internacional, es decir, en el período de 1889 a 1914, nos muestra que este paso de una parte de los socialistas, en particular de la mayoría de los dirigentes y parlamentarios, al lado de la burguesía no es una casualidad. En todos los países, precisamente el ala oportunista del socialismo ha proporcionado los cuadros principales de los socialchovinistas. El socialchovinismo, si se le examina científicamente, es decir, sin entresacar a personas aisladas, sino tomando toda la corriente internacional en su desarrollo, en el conjunto de sus vínculos sociales, es el oportunismo llevado a su fin lógico.

En las masas proletarias se observa por doquier, de forma más o menos clara y aguda, la conciencia de la traición al socialismo por parte de los socialchovinistas, el odio y el desprecio hacia los socialchovinistas más destacados, como Plejánov en Rusia, Scheidemann en Alemania, Guesde y Renaudel y Cía. en Francia, Hyndman y otros en Inglaterra, etc., etc.

En todos los países, durante la guerra, ha surgido, a pesar de las desesperadas persecuciones por parte de la burguesía y del amordazamiento, una corriente de internacionalismo revolucionario. Esta corriente se ha mantenido fiel al socialismo. No ha cedido al chovinismo, no ha permitido encubrirlo con frases mentirosas sobre la defensa de la patria, sino que ha desenmascarado toda la mentira de esas frases, todo el carácter criminal de la presente guerra, que la burguesía de ambas coaliciones libra con fines de rapiña. A esta corriente pertenecen, por ejemplo, Maclean en Inglaterra, condenado a año y medio de trabajos forzados por la lucha contra la rapaz burguesía inglesa; Karl Liebknecht en Alemania, condenado a trabajos forzados por los bandidos del imperialismo alemán por un "crimen" tal como el llamamiento a la revolución en Alemania y el desenmascaramiento del carácter rapaz de la guerra por su parte. A esta misma corriente pertenecen los bolcheviques en Rusia, perseguidos por los agentes del imperialismo democrático-republicano ruso por el mismo "crimen" por el que se persigue a Maclean y a Karl Liebknecht.

Esta tendencia es la única fiel al socialismo. Esta tendencia es la única que no ha traicionado aquella declaración solemne de sus convicciones, aquella promesa solemne que, sin excepción, firmaron unánimemente los socialistas de todo el mundo, de todos los países, en noviembre de 1912 en el Manifiesto de Basilea{55}. En este manifiesto se habla precisamente, no de la guerra en general —las guerras son de distinto tipo—, sino precisamente de aquella guerra que en 1912 era ya claramente preparada por todos y que estalló en 1914, de la guerra entre Alemania e Inglaterra con sus aliados por la dominación mundial. Y ante una guerra así, el Manifiesto de Basilea no menciona ni con un solo sonido la obligación ni el derecho de los socialistas a "defender la patria" (es decir, a justificar su participación en la guerra), sino que habla con toda claridad de que semejante guerra debe conducir a la "revolución proletaria". La traición al socialismo por parte de los socialchovinistas de todos los países se ve con especial evidencia en que todos ellos eluden ahora cobardemente, como el ladrón elude el lugar del robo, aquel pasaje del Manifiesto de Basilea donde se habla del vínculo de esta guerra precisamente con la revolución proletaria.

Se comprende qué abismo infranqueable existe entre los socialistas que han permanecido fieles al Manifiesto de Basilea y que "responden" a la guerra con la prédica y la preparación de la revolución proletaria, y los socialchovinistas, que responden a la guerra apoyando a "su" burguesía nacional. Se comprende cuán impotentes, ingenuos e hipócritas son los intentos de "conciliar" o "unir" a una y otra corriente.

Precisamente tales intentos, en toda su miseria, se observan por parte de la tercera corriente en el socialismo mundial, la llamada corriente del "centro" o "kautskismo" (por el nombre del representante más destacado del "centro", Karl Kautsky). Durante los tres años de guerra, esta corriente ha mostrado en todos los países su total falta de ideas y su impotencia. En Alemania, por ejemplo, la marcha de los acontecimientos ha obligado a los kautskianos a escindirse de los Plejánov alemanes y a formar un partido especial, el llamado "Partido Socialdemócrata Independiente"{56}; y, aun así, este partido teme sacar las conclusiones necesarias, predica la "unidad" con los socialchovinistas a escala internacional, continúa engañando a las masas obreras con la esperanza de restablecer tal unidad en Alemania, frena la única táctica proletaria correcta de lucha revolucionaria contra "su" gobierno, de lucha también durante la guerra, lucha que puede y debe cambiar de formas, pero que no puede ser aplazada ni postergada.

Tal es la situación en el socialismo internacional. Sin una valoración clara de esta situación, sin un punto de vista de principio sobre todas las corrientes del socialismo internacional, no se puede ni siquiera abordar una cuestión de carácter práctico, por ejemplo, la cuestión de la Conferencia de Estocolmo. Y, no obstante, la valoración de principio de todas las corrientes del socialismo internacional solo la ha dado el partido bolchevique en una detallada resolución adoptada en la conferencia del 24 al 29 de abril de 1917 y confirmada por el VI Congreso de nuestro partido en agosto. Olvidar esta valoración de principio y discurrir sobre Estocolmo al margen de ella significa colocarse en el terreno de la más completa falta de principios.

Como muestra de esta falta de principios, dominante en el medio de todos los demócratas pequeñoburgueses, eseristas y mencheviques, se puede señalar el artículo aparecido en "Nóvaya Zhizn" del 10 de agosto. Este artículo merece atención precisamente porque reúne, en un periódico situado en el ala más izquierdista de los demócratas pequeñoburgueses, los errores, los prejuicios y la falta de ideas más difundidos en torno a Estocolmo.

"Se puede tener una actitud negativa hacia la Conferencia de Estocolmo —escribe el editorial de 'Nóvaya Zhizn'— por unas u otras razones, se pueden condenar por principio los intentos de acuerdo de las 'mayorías defensistas'. Pero ¿por qué negar lo que salta a la vista por su evidencia? Después de la conocida decisión de los obreros ingleses, que provocó una crisis política en el país y produjo la primera grieta profunda en la 'unión nacional' de Gran Bretaña, la conferencia ha adquirido una importancia que hasta ahora no había tenido".

Este razonamiento es un modelo de falta de principios. En efecto, ¿cómo se puede deducir del hecho indiscutible de que, a propósito de la Conferencia de Estocolmo, se agrietó la "unión nacional" en Inglaterra, la conclusión de que estamos obligados a tapar esa grieta en vez de ahondarla? La cuestión de principio se plantea así, y solo así: ruptura con los defensistas (socialchovinistas) o acuerdo con ellos. La Conferencia de Estocolmo era uno de los muchos intentos de acuerdo. No ha tenido éxito. Su fracaso se debe a que los imperialistas anglofranceses no están de acuerdo en llevar ahora negociaciones de paz, mientras que los imperialistas alemanes sí lo están. Los obreros ingleses han sentido con mayor claridad el engaño de su burguesía imperialista inglesa.

Cabe preguntarse: ¿cómo hay que utilizar esto? Nosotros, los internacionalistas revolucionarios, decimos: hay que utilizarlo para ahondar la ruptura de las masas proletarias con sus socialchovinistas, para llevar esta ruptura hasta el fin, para eliminar todos y cada uno de los obstáculos al desarrollo de la lucha revolucionaria de las masas contra sus gobiernos, contra su burguesía. Actuando así, precisamente nosotros, y solo nosotros, ahondamos la grieta y la llevamos hasta la ruptura.

En cambio, los que van a Estocolmo, o, mejor dicho, los que predican a las masas la necesidad de ir allí, ahora, cuando la vida ha "dejado atrás" esta empresa, ¿qué consiguen de hecho? Solo tapar la grieta, pues la Conferencia de Estocolmo es manifiestamente convocada y apoyada por gentes que apoyan a sus gobiernos, por ministerialistas como los Chernov y Tsereteli, los Stauning, Branting, Troelstra, por no hablar de los Scheidemann.

He aquí lo que "salta a la vista por su evidencia", he aquí lo que olvidan o escamotean los oportunistas de "Nóvaya Zhizn", discurriendo de un modo totalmente falto de principios, al margen de una valoración general del socialchovinismo como corriente. La Conferencia de Estocolmo es un coloquio de ministros que forman parte de gobiernos imperialistas. Por mucho que "Nóvaya Zhizn" se esfuerce en eludir este hecho, no podrá eludirlo. Llamar a los obreros a ir a Estocolmo, llamarlos a esperar Estocolmo, llamarlos a depositar cualquier tipo de esperanza en Estocolmo, significa decir a las masas: podéis, debéis esperar el bien de un acuerdo de los partidos pequeñoburgueses y de los ministros que forman parte de los gobiernos imperialistas, que apoyan a los gobiernos imperialistas.

Precisamente esta propaganda, la más falta de principios y la más nociva, es la que "Nóvaya Zhizn" lleva a cabo, sin advertirlo ella misma.

A causa del conflicto entre los socialchovinistas anglofranceses y sus gobiernos, olvida que los Chernov, Skóbelev, Tsereteli, Avkséntiev, Branting, Stauning, Scheidemann siguen siendo los mismos socialchovinistas que apoyan a sus gobiernos. ¿Acaso no es esto falta de principios?

En lugar de decir a los obreros: mirad, los imperialistas anglofranceses no han permitido ni siquiera a sus socialchovinistas ir a hablar con los socialchovinistas alemanes; por tanto, la guerra es rapaz también por parte de Inglaterra y Francia; por tanto, no hay salvación fuera de la ruptura total con todos los gobiernos, con todos los socialchovinistas; en lugar de decir esto, "Nóvaya Zhizn" consuela a los obreros con ilusiones:

"En Estocolmo —escribe— se disponen a llegar a un acuerdo sobre la paz y a elaborar conjuntamente un plan común de lucha: rechazo de votar los créditos, ruptura con la 'unión nacional', retirada de los ministros de los gobiernos, etc.".

Toda la fuerza probatoria de esta frase, completamente mentirosa, se reduce a que la palabra "lucha" aparece en ella en negrita. ¡Bonita prueba, no hay nada que decir!

Después de tres años de guerra, seguir alimentando a los obreros con promesas vacías: "en Estocolmo se disponen" a romper con la unión nacional…

¿Quiénes se disponen a hacerlo? Scheidemann, Chernov, Skóbelev, Avkséntiev, Tsereteli, Stauning, Branting, es decir, precisamente personas (y partidos) que llevan varios años y varios meses aplicando la política de unión nacional. Por muy sincera que sea la fe de "Nóvaya Zhizn" en semejante milagro, por muy a conciencia que profese la convicción de que esto es posible, debemos aun así decir que "Nóvaya Zhizn" difunde el mayor engaño entre los obreros.

"Nóvaya Zhizn" engaña a los obreros inculcándoles confianza en los socialchovinistas: resulta, según ella, que, aunque hasta ahora los socialchovinistas hayan entrado en los ministerios y aplicado la política de unión nacional, en Estocolmo, en el futuro más próximo, llegarán a un acuerdo, se pondrán de acuerdo, se concertarán y dejarán de actuar así. Emprenderán la lucha por la paz, rechazarán la votación de los créditos, y demás, y demás…

Todo esto es un completo y mayúsculo engaño. Todo esto es un consuelo y un apaciguamiento reaccionarios de los obreros, es inculcarles confianza en los socialchovinistas. Pero aquellos socialistas que, no de palabra, no para autoengañarse, no para engañar a los obreros, "luchan por la paz", emprendieron esa lucha hace ya mucho tiempo, sin esperar ninguna conferencia internacional; emprendieron esa lucha precisamente con la ruptura de la unión nacional, precisamente como Maclean en Inglaterra, Karl Liebknecht en Alemania, los bolcheviques en Rusia.

"Comprendemos perfectamente —escribe 'Nóvaya Zhizn'— el legítimo y saludable escepticismo de los bolcheviques respecto a los Renaudel y los Scheidemann, pero los publicistas de 'Rabochi i Soldat', por doctrinarismo, no quieren ver el bosque por culpa de los árboles: no toman en cuenta el cambio de estado de ánimo en las masas en que se apoyaban Renaudel y Scheidemann". No se trata de escepticismo, señores: ese estado de ánimo predominante en vosotros es escepticismo intelectualista que encubre y expresa falta de principios. Nosotros no somos escépticos respecto a los Renaudel y los Scheidemann, somos enemigos suyos. Esto es "dos grandes diferencias". Hemos roto con ellos y llamamos a las masas a romper con ellos. Precisamente nosotros, y solo nosotros, "tomamos en cuenta" tanto el cambio de estado de ánimo en las masas, como algo mucho más importante y más profundo que el estado de ánimo y su cambio: los intereses fundamentales de las masas, la inconciliabilidad de estos intereses con la política del socialchovinismo representada por los Renaudel y los Scheidemann. En Estocolmo, los señoritos de "Nóvaya Zhizn", junto con los ministros del gobierno imperialista ruso, se encontrarán precisamente con los Scheidemann y los Renaudel (pues Stauning y Troelstra, por no hablar ya de Avkséntiev y Skóbelev, en nada serio se diferencian de los Renaudel). Y nosotros nos apartamos de la comedia de Estocolmo entre socialchovinistas, en el seno de los socialchovinistas, precisamente con el fin y para abrir los ojos a las masas, para expresar sus intereses, para llamarlas a la revolución, para utilizar su cambio de estado de ánimo no con el fin de un acomodaticio oportunismo sin principios a dicho estado de ánimo, sino para la lucha de principios por la ruptura total con el socialchovinismo.

"…A los bolcheviques —escribe 'Nóvaya Zhizn'— les gusta echar en cara a los internacionalistas que van a Estocolmo su contemporización con los Scheidemann y los Henderson, 'sin advertir' que ellos mismos, respecto a la conferencia —naturalmente, por razones profundamente distintas—, van junto con los Plejánov, los Guesde y los Hyndman".

¡No es cierto que vayamos junto con los Plejánov respecto a la conferencia! Esto es un evidente absurdo. Coincidimos con los Plejánov en la falta de deseo de ir a una conferencia a medias con una parte de los socialchovinistas. Pero nuestra actitud hacia la conferencia no es en absoluto la misma, ni por principio ni en la práctica, que la actitud de los Plejánov. Mientras, vosotros, que os llamáis internacionalistas, vais realmente juntos a la conferencia con los Scheidemann, los Stauning, los Branting, realmente contemporizáis con ellos. Esto es un hecho. "La gran obra de la unión del proletariado internacional" llamáis a la pequeña, mísera, en grado considerable intrigante, dependiente de los imperialistas de una de las coaliciones, obra de unión de los socialchovinistas. Esto es un hecho.

Vosotros, sedicentes internacionalistas, no podéis predicar a las masas la participación en Estocolmo (es muy probable que la cosa no pase de la prédica, pues la conferencia no se celebrará, pero el significado ideológico de la prédica permanecerá); no podéis predicar a las masas la participación en Estocolmo sin decir un cúmulo de falsedades, sin sembrar ilusiones, sin embellecer a los socialchovinistas, sin inculcar a las masas la esperanza de que los Stauning y los Branting, los Skóbelev y los Avkséntiev sean capaces de romper en serio la "unión nacional".

En cambio, nosotros, los bolcheviques, en nuestra propaganda contra Estocolmo, decimos a las masas toda la verdad, continuamos desenmascarando a los socialchovinistas y la política de acuerdo con ellos, conducimos a las masas a la ruptura total con ellos. Si las cosas se han dispuesto de tal modo que el imperialismo alemán considera el momento actual conveniente para participar en Estocolmo y envía allí a sus agentes, los Scheidemann, mientras el imperialismo inglés considera el momento inconveniente para sí mismo y no quiere ahora ni siquiera hablar de paz, nosotros desenmascaramos al imperialismo inglés y aprovechamos el conflicto entre él y las masas proletarias inglesas para ahondar su conciencia, para intensificar la propaganda del internacionalismo, para explicarles la necesidad de la ruptura total con el socialchovinismo.

Los sedicentes internacionalistas de "Nóvaya Zhizn" actúan como impresionistas intelectuales, es decir, como personas que ceden sin carácter al estado de ánimo del minuto y olvidan los principios fundamentales del internacionalismo. La gente de "Nóvaya Zhizn" razona así: puesto que el imperialismo inglés está contra la Conferencia de Estocolmo, nosotros debemos estar a favor. Por tanto, la conferencia ha adquirido una importancia que hasta ahora no tenía.

Razonar así significa, de hecho, caer en la falta de principios, pues el imperialismo alemán está ahora a favor de la Conferencia de Estocolmo por sus egoístas y rapaces intereses imperialistas. ¿Qué valor tiene entonces el "internacionalismo" de tales "internacionalistas", que temen reconocer directamente este hecho indiscutible y evidente, que se ven obligados a esconderse de él? ¿Dónde están vuestras garantías, señores, de que, al participar en Estocolmo junto con los Scheidemann, los Stauning y Cía., no seréis de hecho un juguete, un instrumento en manos de los diplomáticos secretos del imperialismo alemán? No podéis tener tales garantías. No las hay. La Conferencia de Estocolmo, si aun así llega a celebrarse, lo que es muy poco probable, será un intento de los imperialistas alemanes de sondear el terreno respecto a la posibilidad de tal o cual intercambio de anexiones. He aquí cuál será el significado real, efectivo, de los elocuentes discursos de los Scheidemann con los Skóbelev y Cía. Y si esta conferencia no se celebra, significado real tendrá vuestra prédica a las masas, que les inculca esperanzas mendaces en los socialchovinistas, en su próxima, posible y probable "enmienda".

En ambos casos, vosotros, que deseáis ser internacionalistas, resultáis de hecho auxiliadores de los socialchovinistas, ya de una coalición, ya de ambas coaliciones.

En cambio, nosotros tomamos en cuenta todas las peripecias y particularidades de la política, manteniéndonos internacionalistas consecuentes, predicando la unión fraternal de los obreros, la ruptura con los socialchovinistas, el trabajo por la revolución proletaria.

"Rabochi" núm. 2, 8 de septiembre (26 de agosto) de 1917. Firmado: N. K—ov