«Nueva Vida» publica hoy la resolución propuesta por el camarada Avilov en la reunión de los comités de fábrica. Por desgracia, esta resolución debe ser reconocida como modelo no de una actitud marxista, no socialista, sino pequeño-burguesa ante la cuestión. Y precisamente porque esta resolución concentra en sí, de forma extraordinariamente acusada, todos los lados débiles de las habituales resoluciones mencheviques y populistas de los Soviets, precisamente por eso esta resolución es típica y merece atención.

La resolución comienza con un magnífico lugar común, una excelente acusación contra los capitalistas: «la actual desorganización económica… es consecuencia de la guerra y de la gestión anárquica y depredadora de los capitalistas y del gobierno…». ¡Correcto! El pequeño burgués está dispuesto a aceptar con el proletario que el capital oprime, que es un depredador, que precisamente el capital es la fuente del anarquismo. Pero la diferencia entre uno y otro comienza inmediatamente: el proletario reconoce la gestión de los capitalistas como depredación para llevar a cabo la lucha de clases contra ella, para construir toda la política sobre la desconfianza absoluta hacia la clase de los capitalistas, para distinguir en la cuestión del Estado, en primer lugar, a qué clase sirve el «Estado», los intereses de qué clase realiza. El pequeño burgués a veces se enfurece contra el capital, pero inmediatamente después del ataque de furia vuelve a la confianza hacia los capitalistas, a las esperanzas puestas en el «Estado»… ¡de los capitalistas!

Así el camarada Avilov.

Después de una magnífica, decidida y amenazadora introducción, que acusa a los capitalistas de «depredación», e incluso no solo a los capitalistas, sino también al gobierno de los capitalistas, el camarada Avilov en toda la resolución, en todo su contenido concreto, en todas sus proposiciones prácticas, olvida el punto de vista de clase, resbala, al igual que los mencheviques y los populistas, hacia frases sobre el «Estado» en general, sobre la «democracia revolucionaria» en general.

¡Obreros! El capital depredador crea con su depredación la anarquía y la desorganización, y el gobierno de los capitalistas gestiona igualmente de forma anárquica. La salvación está en el control por parte del «Estado con la participación de la democracia revolucionaria». He aquí el contenido de la resolución de Avilov.

¡Tema piedad, camarada Avilov! ¿Acaso está permitido a un marxista olvidar que el Estado es un órgano de dominación de clase? ¿No es ridículo apelar contra la «depredación de los capitalistas» al Estado de los capitalistas?

¿Acaso está permitido a un marxista olvidar que los capitalistas también han sido repetidas veces en la historia de todos los países, tanto en 1649 en Inglaterra, como en 1789 en Francia, y en 1830, y en 1848, y en 1870 en el mismo país, y en febrero de 1917 en Rusia, «demócratas revolucionarios»?

¿Acaso habéis olvidado realmente que hay que distinguir una de otra la democracia revolucionaria de los capitalistas, de la pequeña burguesía, del proletariado? ¿Acaso toda la historia de todas las revoluciones que acabo de nombrar no se reduce a la diferencia de clases en el seno de la «democracia revolucionaria»?

Quien ahora, después de la experiencia de febrero, marzo, abril, mayo de 1917, sigue hablando en Rusia en general de la «democracia revolucionaria», ese, voluntaria o involuntariamente, consciente o inconscientemente, engaña al pueblo. Pues el «momento» de la fusión general de clases contra el zarismo pasó y se fue. El primer acuerdo del primer «Comité Provisional» de la Duma de Estado y del Soviet significó ya el fin de la fusión de clases y el comienzo de la lucha de clases.

La crisis de abril (20 de abril), luego el 6 de mayo, luego el 27-29 de mayo (elecciones), etc., etc., ya han delimitado definitivamente las clases en la revolución rusa en el seno de la «democracia revolucionaria» rusa. Ignorar esto significa descender a la impotencia del pequeño burgués.

Apelar ahora al «Estado» y a la «democracia revolucionaria», precisamente en la cuestión de la depredación de los capitalistas, significa arrastrar atrás a la clase obrera, significa predicar de hecho la completa detención de la revolución. Pues nuestro «Estado» ahora, después de abril, después de mayo, es el Estado de los capitalistas (depredadores), que han domesticado en la persona de Chernov, Tsereteli y Cía. una parte considerable de la «democracia revolucionaria (pequeño-burguesa)».

Este Estado frena la revolución por doquier, en todos los campos de la política exterior e interior.

Entregar a este Estado la lucha contra la «depredación» de los capitalistas significa echar la pica en el río.

Escrito el 31 de mayo (13 de junio) de 1917.

Publicado el 14 (1) de junio de 1917 en el periódico «Pravda» nº 70.

Se publica según el texto del periódico.