El discurso del camarada Kámenev en el CEC del 6 de agosto sobre la Conferencia de Estocolmo no puede sino suscitar la réplica de los bolcheviques fieles a su partido y a sus principios.

En la primera frase de su discurso, el camarada Kámenev hizo una declaración de carácter formal que confiere a su intervención un carácter directamente monstruoso. El camarada Kámenev advierte que habla a título personal, que «nuestra fracción no ha discutido esta cuestión».

En primer lugar, ¿desde cuándo en un partido organizado intervienen miembros individuales «a título personal» sobre cuestiones importantes? Si la fracción no ha discutido la cuestión, el camarada Kámenev no tenía derecho a intervenir. He aquí la primera conclusión que se desprende de sus propias palabras.

En segundo lugar, ¿qué derecho tenía el camarada Kámenev a olvidar que existe una decisión del Comité Central del partido contra la participación en Estocolmo? Si esta decisión no ha sido revocada por el congreso o por una nueva decisión del Comité Central, sigue siendo ley para el partido. Si ha sido revocada, entonces el camarada Kámenev no habría podido silenciarlo, no habría podido hablar en pasado: «nosotros, los bolcheviques, hasta ahora nos hemos relacionado negativamente con la Conferencia de Estocolmo».

Una vez más, la conclusión es que Kámenev no solo no tenía derecho a intervenir, sino que además violó directamente la resolución del partido, habló directamente contra el partido, socavó su voluntad, sin mencionar ni una palabra de la decisión del Comité Central, obligatoria para él. Y esta decisión fue publicada en su momento en *Pravda* e incluso con el añadido de que el representante del partido se retiraría de la Conferencia de Zimmerwald si esta se pronunciaba a favor de la participación en Estocolmo[4].

Los argumentos de la «anterior» actitud negativa de los bolcheviques hacia la participación en Estocolmo fueron expuestos por Kámenev de forma incorrecta. Omitió que allí participarían los socialimperialistas, que confraternizar con ellos es vergonzoso para un socialdemócrata revolucionario.

Por muy triste que sea reconocerlo, hay que hacerlo: Starostin, que a menudo y mucho se embrollaba, expresó el punto de vista de la socialdemocracia revolucionaria 1000 veces mejor, más fiel y más dignamente que Kámenev. Asistir a reuniones con los socialimperialistas, con ministros, con cómplices del verdugueo en Rusia es una vergüenza y una traición. Del internacionalismo entonces no hay ni que hablar.

Los argumentos de Kámenev sobre el fondo de la cuestión a favor de «cambiar» nuestra visión sobre Estocolmo son débiles hasta lo ridículo.

«Nos quedó claro —dijo Kámenev— que Estocolmo, desde ese (??) momento, deja (??) de ser un instrumento ciego en manos de los Estados imperialistas».

Esto no es cierto. No hay ni un solo hecho, y Kámenev no pudo aportar nada serio. Si los socialimperialistas anglo-franceses no van y los alemanes sí, ¿acaso es esto un cambio de principio? ¿Acaso es esto en general un cambio desde el punto de vista de un internacionalista? ¿Acaso Kámenev ha «olvidado» ya la decisión de la conferencia de nuestro partido (29 de abril) sobre un caso plenamente análogo con el socialimperialista danés?

«Sobre Estocolmo —dijo Kámenev, según la versión de los periódicos— empieza a ondear una amplia bandera revolucionaria, bajo la cual se movilizan las fuerzas del proletariado mundial».

Esto es declamación vacía al estilo de Chernov y Tsereteli. Es una falsedad clamorosa. No la bandera revolucionaria, sino la bandera de los trapicheos, los acuerdos, la amnistía de los socialimperialistas, las negociaciones de los banqueros sobre el reparto de las anexiones: esta es la bandera que de hecho empieza a ondear sobre Estocolmo.

No se puede tolerar que el partido de los internacionalistas, responsable ante el mundo entero del internacionalismo revolucionario, se comprometa coqueteando con las trapisondas de los socialimperialistas rusos y alemanes, con las trapisondas de los ministros del gobierno imperialista burgués: los Chernov, Skóbelev y Cía.

Hemos decidido construir la III Internacional. Debemos realizarlo a pesar de todas las dificultades. ¡Ni un paso atrás, hacia los trapicheos entre los socialimperialistas y los tránsfugas del socialismo!

*Proletari* nº 3, 29 (16) de agosto de 1917. Firma: N. Lenin

Se publica según el texto del periódico *Proletari*