La nota publicada bajo este título en el número 103 de *Nóvaya Zhizn*, del 17 de agosto, merece una atención muy seria y debemos detenernos en ella [una y otra vez], pese a la total falta de seriedad de aquello que en la nota se presenta como algo serio.

Esta última frase está construida intencionadamente de forma confusa y ambigua: si los bolcheviques gozan de influencia en muchas unidades militares (lo cual es indiscutible y de dominio público), ¿de qué manera y quién podía «abrir el acceso» a los bolcheviques a dichas unidades? Es un evidente absurdo. Pero si realmente a los bolcheviques «en esta ocasión» les «abrieron el acceso» (¿quién? ¡Es obvio que los mencheviques y los eseristas!) a cualesquiera unidades militares, ello significa que hubo un conocido bloque, alianza o pacto entre los bolcheviques y los defensistas con el propósito de «defenderse de la contrarrevolución».

Esta circunstancia es lo que confiere un significado serio a una nota no seria y exige de todos los obreros conscientes la máxima atención hacia los hechos relatados.

Los rumores difundidos por los defensistas, es decir, por los mencheviques y los eseristas, son a todas luces absurdos, y es completamente evidente el sucio y vil cálculo político con que se hacen circular. El verdadero Gobierno contrarrevolucionario es precisamente el Gobierno Provisional que los defensistas pretenden defender. Fuerzas cosacas fueron llamadas del frente a las capitales, por ejemplo, a Petrogrado el 3 de julio, precisamente por el Gobierno Provisional y los ministros «socialistas», como lo confirmó formalmente el general cosaco Kaledín en la conferencia imperialista contrarrevolucionaria de Moscú. Es un hecho.

Este hecho, que desenmascara a los mencheviques y a los eseristas, que prueba su traición a la revolución, su alianza con los contrarrevolucionarios, su alianza con los Kaledín, este hecho, los mencheviques y los eseristas quieren silenciarlo, encubrirlo, hacerlo olvidar mediante «rumores» de que los cosacos marchan sobre Moscú a espaldas de Kerenski, Tsereteli, Skóbelev, Avkséntiev; de que los mencheviques y los eseristas «defienden la revolución», etc. El cálculo político de los traidores mencheviques y defensistas es más que claro: ¡pretenden engañar a los obreros, hacerse pasar por revolucionarios, averiguar algo sobre los bolcheviques (para transmitirlo a la contrainteligencia, desde luego) y restaurar su reputación! ¡Un cálculo tan vil como burdamente tosco! Por un precio barato, embutiendo un estúpido «rumor», obtendremos «acceso» a las unidades militares bolcheviques y reforzaremos en general la confianza en el Gobierno Provisional, convenciendo a los ingenuos de que ese Gobierno quieren derrocarlo los cosacos, de que no está en bloque con los cosacos, de que «defiende la revolución», etcétera, etcétera.

El cálculo es claro. Los rumores son absurdos y fabricados. ¡Pero la confianza en el Gobierno Provisional sí que la obtendremos como moneda contante y sonante, y de paso también haremos que los bolcheviques entren en «bloque» con nosotros!

Cuesta creer que pudiera hallarse entre los bolcheviques tales tontos y sinvergüenzas que pactaran un bloque con los defensistas ahora. Cuesta creerlo porque, en primer lugar, existe una resolución directa del VI Congreso del POSDR{49}, en la que se dice (véase *Proletari*{50} n.º 4) que «los mencheviques han pasado definitivamente al campo de los enemigos del proletariado». Con personas que han pasado definitivamente al campo enemigo no se parlamenta ni se concluyen bloques. «La primera tarea de la socialdemocracia revolucionaria», dice más adelante la misma resolución, es «aislarlos por completo (a los mencheviques defensistas) de todos los elementos, por poco revolucionarios que sean, de la clase obrera». Está claro que contra este aislamiento luchan los mencheviques y los eseristas difundiendo rumores absurdos. Está claro que en Moscú, como en Petrogrado, los obreros se apartan cada vez más de los mencheviques y de los eseristas, viendo con creciente claridad su política traicionera y contrarrevolucionaria, y para «enmendar la situación» los defensistas tienen que lanzarse «a tumba abierta».

Con semejante resolución del congreso, los bolcheviques que pactaran un bloque con los defensistas sobre la «apertura de acceso» o sobre la concesión indirecta de confianza al Gobierno Provisional (como si los cosacos lo estuvieran defendiendo), esos bolcheviques, por supuesto, serían inmediatamente —y con merecimiento— expulsados del Partido.

Pero también por otras razones cuesta creer que pudieran hallarse, en Moscú o en cualquier otro lugar, bolcheviques capaces de pactar un bloque con los defensistas, de formar algo parecido a organismos comunes, aunque fueran temporales, de llegar a cualquier tipo de pacto, etc. Supongamos lo mejor, para esos bolcheviques tan poco verosímiles, admitamos que ellos, por ingenuidad, creyeran de verdad en los rumores que les transmitieron los mencheviques y los eseristas, admitamos incluso que les comunicaran algunos «hechos», también inventados, para inspirar confianza. Está claro que incluso en ese caso, ningún bolchevique honrado o que no hubiera perdido completamente la cabeza pactaría ningún bloque con los defensistas ni ningún pacto sobre la «apertura de acceso», etc. Incluso en ese caso, el bolchevique diría: nuestros obreros, nuestros soldados combatirán contra las tropas contrarrevolucionarias si estas inician ahora la ofensiva contra el Gobierno Provisional, defendiendo no a ese gobierno, que llamó a Kaledín y compañía el tres de julio, sino defendiendo la revolución con independencia, persiguiendo sus propios objetivos, los objetivos de la victoria de los obreros, de la victoria de los pobres, de la victoria de la causa de la paz, y no de la victoria de los imperialistas: Kerenski, Avkséntiev, Tsereteli, Skóbelev y compañía. Incluso en ese caso excepcionalmente raro que hemos supuesto, el bolchevique diría a los mencheviques: por supuesto, combatiremos, pero no entraremos en la más mínima alianza política con vosotros ni en la más mínima expresión de confianza en vosotros, exactamente igual que en febrero de 1917 los socialdemócratas combatieron contra el zarismo junto con los kadetes, sin pactar ninguna alianza con los kadetes, sin creerles ni por un segundo. La más mínima confianza en los mencheviques sería hoy una traición a la revolución tal como lo fue la confianza en los kadetes en 1905-1917.

El bolchevique diría a los obreros y a los soldados: combatamos, pero ni sombra de confianza en los mencheviques si no queréis arrebataros a vosotros mismos los frutos de la victoria.

A los mencheviques les resulta demasiado ventajoso difundir rumores falsos y suposiciones de que el gobierno que ellos apoyan salva la revolución, cuando en realidad ya está en bloque con los Kaledín, ya es contrarrevolucionario, ya ha dado una masa de pasos y diariamente da otros nuevos en cumplimiento de las condiciones de ese bloque suyo con los Kaledín.

Creer en esos rumores, apoyarlos directa o indirectamente, significaría por parte de los bolcheviques traicionar la causa de la revolución. La principal garantía de su éxito ahora es la clara conciencia por las masas de la traición de los mencheviques y eseristas, la ruptura total con ellos, un boicot tan incondicional hacia ellos por parte de todo proletario revolucionario como lo fue el boicot a los kadetes después de la experiencia de 1905.

((Ruego que este artículo se copie en varios ejemplares para enviarlo simultáneamente a la imprenta a varios periódicos y revistas del Partido, y para presentarlo al CC en mi nombre con la siguiente apostilla:

Ruego que el presente artículo sea considerado como mi informe al CC, con el añadido de mi propuesta de que el CC designe una investigación oficial con la participación de camaradas moscovitas que no sean miembros del CC, para establecer el hecho de si existieron organismos comunes sobre esta base entre los bolcheviques y los defensistas, si hubo bloques o pactos, en qué consistieron, etc. Es necesario investigar oficialmente los hechos y los detalles, conocer todos los pormenores. Es necesario apartar del trabajo a los miembros del CC o del CM si se confirmara el hecho del bloque, y plantear la cuestión de su destitución formal hasta el congreso ante el primer pleno del CC. Pues precisamente Moscú ahora, después de la Conferencia de Moscú, después de la huelga, después del 3-5 de julio, adquiere o puede adquirir significación de centro. En este gigantesco centro proletario, mayor que Petrogrado, es plenamente posible la maduración de un movimiento del tipo del 3-5 de julio. Entonces en Petrogrado la tarea era: dar un carácter pacífico y organizado. Esa fue una consigna acertada. Ahora en Moscú la tarea es completamente distinta; la vieja consigna sería suprema equivocación. Ahora la tarea consistiría en tomar el poder por nosotros mismos y proclamarnos gobierno en nombre de la paz, de la tierra para los campesinos, de la convocatoria de la Asamblea Constituyente en el plazo acordado con los campesinos sobre el terreno, etc. Es muy posible que, a raíz del desempleo, el hambre, la huelga ferroviaria, la desorganización, etc., estalle en Moscú un movimiento de ese tipo. Es de suma importancia que en Moscú estén «al timón» personas que no vacilen hacia la derecha, que no sean capaces de bloques con los mencheviques, que, en caso de movimiento, comprendan las nuevas tareas, la nueva consigna de toma del poder, las nuevas vías y medios para alcanzarlo. He aquí por qué la «investigación» del caso del bloque y la censura, y en su caso la destitución de los bolcheviques bloquistas, si los hubo, es necesaria no sólo en aras de la disciplina, no sólo para corregir la estupidez ya cometida, sino que es necesaria por los intereses más esenciales del movimiento futuro. La huelga de Moscú del 12 de agosto demostró que el proletariado activo está por los bolcheviques a pesar de la mayoría que las votaciones a la Duma dan a los eseristas. Esto se parece mucho a la situación de Petrogrado antes del 3-5 de julio de 1917. Pero la diferencia es gigantesca: entonces Petrogrado no habría podido tomar el poder ni siquiera físicamente, y aunque lo hubiera tomado físicamente, políticamente no habría podido sostenerlo, porque Tsereteli y compañía aún no habían caído hasta el punto de apoyar a los verdugos. Por eso entonces, el 3-5 de julio de 1917 en Petrogrado, la consigna de toma del poder habría sido incorrecta. Entonces incluso entre los bolcheviques no había ni podía haber la decidida conciencia de tratar a Tsereteli y compañía como contrarrevolucionarios. Entonces ni los soldados ni los obreros podían tener la experiencia creada por el mes de julio.

Ahora no es lo mismo en absoluto. Ahora en Moscú, si estalla un movimiento espontáneo, la consigna debe ser precisamente la de tomar el poder. Por eso es doblemente importante y cien veces importante que en Moscú dirijan el movimiento personas adecuadas, que hayan comprendido y meditado plenamente esta consigna. Por eso una y otra vez hay que insistir en la investigación y en la destitución de los culpables.))

Escrito el 18-19 de agosto (31 de agosto – 1 de septiembre) de 1917.

Publicado por primera vez en 1928 en la Recopilación Leninista, vol. VII.

Editado según el manuscrito.