El ex jefe del Gobierno Provisional, el príncipe G. E. Lvov, en una conversación de despedida con los representantes del comité de periodistas adjunto al Gobierno Provisional, hizo valiosas confesiones que le aseguran el agradecimiento de los obreros.

«Lo que refuerza especialmente mi optimismo —dijo Lvov— son los acontecimientos de los últimos días en el interior del país. Nuestra "profunda ruptura" en el frente de Lenin tiene, a mi juicio, una importancia incomparablemente mayor para Rusia que la ruptura de los alemanes en nuestro frente sudoccidental.»

¿Cómo no van a estar agradecidos los obreros al príncipe por esta sobriedad en la apreciación de la lucha de clases? Los obreros no solo le estarán agradecidos, sino que aprenderán de Lvov.

¡Con qué desenfrenada verborrea y desmedida hipocresía han perorado todos los burgueses y terratenientes, así como los socialrevolucionarios y mencheviques que se arrastran tras ellos, contra la «guerra civil»! Observad la valiosa confesión del príncipe Lvov y veréis que él valora la situación interior de Rusia con la mayor calma precisamente desde el punto de vista de la guerra civil. La burguesía, a la cabeza de la contrarrevolución, ha roto profundamente el frente de los obreros revolucionarios: he ahí a qué se reduce la ínfima verdad de las confesiones del príncipe. Dos enemigos, dos campos hostiles, uno ha roto el frente del otro: he ahí a qué reduce el príncipe Lvov la situación interior de Rusia. ¡Demos, pues, las gracias de todo corazón al príncipe Lvov por su franqueza! ¡Cuánta más razón tiene él que los sentimentales filisteos de los socialrevolucionarios y mencheviques, que creen que la lucha de clases entre la burguesía y el proletariado, que durante la revolución se agudiza inevitablemente hasta el extremo, es capaz de desaparecer por efecto de sus maldiciones y conjuros!

Dos enemigos, dos campos hostiles, uno ha roto el frente del otro: tal es la correcta filosofía de la historia del príncipe Lvov. Tiene razón al descartar de hecho al tercer estado, a la pequeña burguesía, a los socialrevolucionarios y a los mencheviques. Ese tercer estado parece grande, pero en realidad no puede decidir nada por sí solo; eso está claro para el príncipe, que razona con sobriedad, como está claro para cualquier marxista que comprende la situación económica de la pequeña burguesía, como está claro, en fin, para cualquiera que haya reflexionado sobre las lecciones de la historia de la revolución, que siempre han mostrado la impotencia de los partidos pequeñoburgueses cuando se agudiza la lucha entre la burguesía y el proletariado.

La lucha de clases interna, incluso durante la guerra, es mucho más importante que la lucha contra el enemigo exterior: ¡cuántos insultos salvajes no vomitaron contra los bolcheviques los representantes de la grande y de la pequeña burguesía por reconocer esta verdad! ¡Cuánto no han renegado de ella los innumerables amantes de las frases grandilocuentes sobre la «unidad», la «democracia revolucionaria», etc., etc.!

Pero cuando llegó el momento serio y decisivo, el príncipe Lvov reconoció de inmediato y por entero esta verdad, proclamando abiertamente que la «victoria» sobre el enemigo de clase en el interior del país es más importante que la situación en el frente de lucha contra el enemigo exterior. Verdad indiscutible. Verdad útil. Los obreros le estarán muy agradecidos al príncipe Lvov por haberla reconocido, por haberla recordado, por haberla difundido. Y en agradecimiento al príncipe, los obreros desplegarán esfuerzos de partido para que las más amplias masas de trabajadores y explotados comprendan y asimilen mejor esta verdad. Nada le será tan útil a la clase obrera en su lucha por la emancipación como esta verdad.

¿En qué consiste esa «ruptura» en el frente de la guerra civil por la que tanto se regocija el príncipe Lvov? En este punto hay que detenerse con especial atención para que los obreros puedan aprender bien de Lvov.

La «ruptura en el frente» de la guerra interna consistió esta vez, en primer lugar, en que la burguesía cubrió a sus enemigos de clase, los bolcheviques, con mares de inmundicia y calumnia, dando muestras en esa tarea vilísima y sucia de difamación de los adversarios políticos de una perseverancia inaudita. Eso fue, si se nos permite la expresión, la «preparación ideológica» de la «ruptura en el frente de la lucha de clases».

En segundo lugar, la «ruptura» material, la que atañe a la esencia del asunto, consistió en la detención de representantes de las corrientes políticas hostiles, en su proscripción, en el asesinato de algunos de ellos en la calle sin juicio (el asesinato de Voinov el 6 de julio por sacar de la imprenta las ediciones de «Pravda»), en el cierre de sus periódicos, en el desarme de los obreros y soldados revolucionarios.

He ahí lo que es la «ruptura en el frente de la guerra contra el enemigo de clase». Que los obreros reflexionen bien sobre esto para que sepan aplicarlo —cuando llegue el momento— a la burguesía.

Jamás recurrirá el proletariado a la calumnia. Él cerrará los periódicos de la burguesía, declarando directamente, en una ley, en un decreto en nombre del gobierno, que los enemigos del pueblo son los capitalistas y sus defensores. La burguesía, en la persona de nuestro enemigo —el gobierno—, y la pequeña burguesía, en la persona de los Soviets, temen decir una sola palabra directa y abiertamente sobre la prohibición de «Pravda», sobre las causas de su cierre. El proletariado actuará no con calumnias, sino con la palabra de la verdad. Él dirá a los campesinos y a todo el pueblo la verdad sobre los periódicos burgueses y sobre la necesidad de cerrarlos.

A diferencia de los charlatanes de la pequeña burguesía, de los socialrevolucionarios y mencheviques, el proletariado sabrá con firmeza en qué consiste de hecho la «ruptura en el frente» de la lucha de clases, la neutralización del enemigo, la neutralización de los explotadores. El príncipe Lvov ha ayudado al proletariado a conocer esta verdad. Demos las gracias al príncipe Lvov.

«La Causa Proletaria» nº 5, 2 de agosto (19 de julio) de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «La Causa Proletaria».