Hemos cambiado nuestra decisión de someternos al decreto del Gobierno Provisional sobre nuestro arresto por los siguientes motivos.

Por la carta del ex Ministro de Justicia Perevérzev, publicada el domingo en el periódico *Nóvoye Vremia*{13}, ha quedado absolutamente claro que el «caso» del «espionaje» de Lenin y otros ha sido completamente fraguado por el partido de la contrarrevolución.

Perevérzev reconoce de manera totalmente abierta que puso en circulación acusaciones no verificadas para levantar la furia (expresión textual) de los soldados contra nuestro partido. ¡Esto lo reconoce el Ministro de Justicia de ayer, un hombre que ayer mismo se llamaba socialista! Perevérzev se ha ido. Pero si el nuevo Ministro de Justicia se detendrá ante los métodos de Perevérzev-Alexinski, nadie se atreverá a decirlo.

La burguesía contrarrevolucionaria intenta crear un nuevo caso Dreyfus. Ellos creen en nuestro «espionaje» tanto como los líderes de la reacción rusa que fabricaron el caso Beilis{14} creían que los judíos beben sangre de niños. En este momento no existen en Rusia garantías de justicia de ningún tipo.

El Comité Ejecutivo Central, que se considera el órgano plenipotenciario de la democracia rusa, había nombrado una comisión para el caso del espionaje, pero bajo la presión de las fuerzas contrarrevolucionarias disolvió esta comisión. No quiso ni confirmar directamente la orden de nuestro arresto, ni revocarla. Se lavó las manos, entregándonos de hecho a la contrarrevolución.

La acusación contra nosotros de «conspiración» y de «incitación moral» al motín adquiere ya un carácter plenamente definido. Ni el Gobierno Provisional ni el Soviet dan una calificación jurídica exacta de nuestro supuesto crimen, pues ambos saben perfectamente que hablar de «conspiración» en un movimiento como el del 3 al 5 de julio es simplemente un despropósito. Los líderes mencheviques y eseristas simplemente intentan aplacar a la contrarrevolución, que ya los está presionando incluso a ellos, entregándole, a su indicación, a una serie de miembros de nuestro partido. En Rusia, ahora no se puede hablar ni de base legal alguna, ni siquiera de esas garantías constitucionales que existen en los países burgueses ordenados. Entregarse ahora en manos de las autoridades significaría entregarse en manos de los Miliukov, los Alexinski, los Perevérzev, en manos de contrarrevolucionarios enfurecidos, para quienes todas las acusaciones contra nosotros son un simple episodio en la guerra civil.

Después de lo ocurrido en los días 6 al 8 de julio, ningún revolucionario ruso puede abrigar más ilusiones constitucionales. Se está produciendo una batalla decisiva entre la revolución y la contrarrevolución. Nosotros seguiremos luchando, como antes, del lado de la primera.

Seguiremos, en la medida de nuestras fuerzas, ayudando como antes a la lucha revolucionaria del proletariado. Solo la Asamblea Constituyente, si se reúne y es convocada no por la burguesía, será la única competente para pronunciar su palabra sobre la orden del Gobierno Provisional acerca de nuestro arresto.

*Proletárskoe Delo* N.º 2, 28 (15) de julio de 1917.

Se publica según el texto del periódico *Proletárskoe Delo*.