Los periódicos del 22 de julio publican un comunicado «del fiscal de la Cámara Judicial de Petrogrado» sobre la investigación de los sucesos del 3 al 5 de julio y sobre mi procesamiento, junto con otros varios bolcheviques, por alta traición y por organizar una insurrección armada.

El gobierno se ha visto obligado a publicar este comunicado, pues todo este asunto vil, fraguado de manera evidente —para cualquier persona culta— con la participación del calumniador Alexinski, en cumplimiento de los viejos deseos y exigencias del partido kadete contrarrevolucionario, era ya demasiado escandaloso.

Mas con la publicación del comunicado, el gobierno de Tsereteli y Cía. se deshonrará por partida doble, pues lo burdo de la falsificación salta ahora especialmente a la vista.

Yo me ausenté de Petrogrado por enfermedad el jueves 29 de junio y no regresé hasta el martes 4 de julio por la mañana{20}. Pero se sobreentiende que asumo la plena e incondicional responsabilidad de todos y cada uno de los pasos y medidas adoptados tanto por el Comité Central de nuestro partido como por nuestro partido en su conjunto. Me era necesario señalar mi ausencia para explicar mi falta de información sobre ciertos detalles y mi remisión, principalmente, a los documentos aparecidos en la prensa.

Es evidente que precisamente esta clase de documentos, sobre todo si aparecieron en periódicos hostiles a los bolcheviques, debían haber sido los primeros en ser cuidadosamente recopilados, cotejados y analizados por el fiscal. ¡Pero el fiscal «republicano», que aplica la política del ministro «socialista» Tsereteli, no ha querido cumplir con este, su más elemental deber!

En el periódico ministerial «La Causa del Pueblo»{21}, poco después del 4 de julio, se reconocía como un hecho que los bolcheviques, en el regimiento de granaderos, intervinieron y agitaron contra la insurrección el 2 de julio.

¿Tenía derecho el fiscal a silenciar este documento? ¿Tenía fundamento para descartar el testimonio de semejante testigo?

Y este testimonio establece el hecho de primordial importancia de que el movimiento crecía espontáneamente y que los bolcheviques se esforzaban no por acelerar, sino por aplazar la insurrección.

Más aún. El mismo periódico publicó un documento todavía más importante, a saber, el texto del llamamiento firmado por el CC de nuestro partido y redactado la noche del 3 de julio. Este llamamiento fue redactado y entregado a la imprenta después de que el movimiento, pese a nuestros esfuerzos por contenerlo o, más exactamente, regularlo, se hubo desbordado, después de que la insurrección ya era un hecho.

Toda la inmensa vileza y bajeza, toda la perfidia del fiscal tsereteliano se manifiesta precisamente en que elude la cuestión de cuándo exactamente, en qué día y hora, comenzó la insurrección: antes o después del llamamiento bolchevique.

¡Y en el texto de este llamamiento se habla de la necesidad de dar al movimiento un carácter pacífico y organizado!

¿Puede concebirse una acusación más ridícula de «organizar una insurrección armada» que la acusación contra una organización que, en la noche del 3 al 4, es decir, la víspera del día decisivo, lanzó un llamamiento en pro de una «manifestación pacífica y organizada»?{22} Y otra pregunta: ¿en qué se diferencia de los fiscales del caso Dreyfus o del caso Beilis este fiscal «republicano» del ministro «socialista» Tsereteli, un fiscal que pasa por alto, en completo silencio, este llamamiento?

Además. El fiscal silencia que en la noche del 4, el CC de nuestro partido redactó un llamamiento a cesar la manifestación y lo publicó en «Pravda», cuyo local fue asaltado precisamente esa noche por un destacamento de tropas contrarrevolucionarias{23}.

Además. El fiscal silencia que Trotski y Zinóviev, en una serie de discursos dirigidos a los obreros y soldados que se acercaban al Palacio de Táuride el 4 de julio, les exhortaron a dispersarse después de que ya hubieran manifestado su voluntad.

Estos discursos fueron escuchados por cientos y miles de personas. Que todo ciudadano honrado, que no quiera que su país sea deshonrado con montajes como los «casos Beilis», se preocupe de que, independientemente de su filiación partidista, los oyentes de esos discursos presten declaración por escrito al fiscal (dejándose copia) sobre si en los discursos de Trotski y Zinóviev hubo o no un llamamiento a dispersarse. Un fiscal decente se habría dirigido por sí mismo a la población con tal llamamiento. Pero, ¿es concebible que en el ministerio de Kérenski, Efremov, Tsereteli y Cía. haya fiscales decentes? ¿Y no es hora de que los propios ciudadanos rusos se cuiden de que los «casos Beilis» se vuelvan imposibles en su país?

A propósito. Yo personalmente, a causa de mi enfermedad, sólo pronuncié un discurso el 4 de julio, desde el balcón de la casa de Kshesínskaia. El fiscal lo menciona, intenta exponer su contenido, ¡pero no sólo no nombra testigos, sino que vuelve a silenciar los testimonios publicados en la prensa! Estuve lejos de poder disponer de colecciones completas de periódicos, pero aun así vi dos testimonios en la prensa: 1) en el periódico bolchevique «La Causa Proletaria» (Kronstadt) y 2) en el periódico ministerial menchevique «Gaceta Obrera»{24}. ¿Por qué no verificar el contenido de mi discurso con estos documentos y con un llamamiento público a la población?

Su contenido fue el siguiente: (1) excusarme, por motivo de enfermedad, limitándome a unas pocas palabras; (2) saludar a los revolucionarios de Kronstadt en nombre de los obreros de Petersburgo; (3) expresar la convicción de que nuestra consigna «¡Todo el poder a los Soviets!» debe vencer y vencerá a pesar de todos los zigzags del camino histórico; (4) llamar a la «firmeza, perseverancia y vigilancia».

Me detengo en estos detalles para no pasar por alto ese escaso material realmente fáctico que tan de pasada, con negligencia y descuido ha rozado —apenas rozado— el fiscal.

Pero, por supuesto, lo principal no está en los detalles, sino en el cuadro general, en el significado general del 4 de julio. El fiscal ha demostrado total incapacidad, aunque sólo fuera para pensar en ello.

Ante todo, tenemos sobre esta cuestión un valiosísimo testimonio en la prensa, hecho por un furibundo enemigo del bolchevismo, que nos cubre con toda una lluvia de improperios y de expresiones de odio, corresponsal de la ministerial «Gaceta Obrera». Este corresponsal publicó sus observaciones personales poco después del 4 de julio. Los hechos que él establece con exactitud se reducen a que las observaciones y vivencias del autor se dividen en dos mitades nítidamente distintas, de las cuales la segunda contrapone a la primera con las palabras de que el asunto tomó para él un «giro favorable».

La primera mitad de las vivencias consiste en que el autor intenta defender a los ministros entre la multitud enfurecida. Es objeto de insultos, violencias y, por fin, de detención personal. El autor escucha exclamaciones y consignas extremadamente exaltadas, de las cuales recuerda en especial: «¡Muerte a Kérenski!» (por haber pasado a la ofensiva, «haber tumbado a 40.000 hombres», etc.).

La segunda mitad de las vivencias del autor, que dio a su asunto un giro «favorable», como él mismo dice, comienza en el momento en que la multitud enfurecida lo conduce «a juicio» a la casa de Kshesínskaia. Allí el autor es puesto en libertad inmediatamente.

Tales son los hechos que dan pie al autor para vomitar un abismo de improperios contra los bolcheviques. Los insultos de un adversario político son cosa natural, sobre todo cuando ese adversario es un menchevique que siente que las masas oprimidas por el capital y la guerra imperialista no están con él, sino contra él. Pero los insultos no cambian los hechos que, incluso en la exposición del más furibundo enemigo de los bolcheviques, dicen, testimonian que las masas exaltadas llegaban a la consigna de «¡Muerte a Kérenski!», mientras que la organización de los bolcheviques dio al movimiento, en general y en su conjunto, la consigna de «¡Todo el poder a los Soviets!», que la organización de los bolcheviques fue la única que tuvo autoridad moral ante la masa, induciéndola a renunciar a la violencia.

Tales son los hechos. Que los servidores voluntarios e involuntarios de la burguesía griten y suelten improperios a cuenta de ellos, acusando a los bolcheviques de «alentar el elemento espontáneo», etc., etc. Nosotros, como representantes del partido del proletariado revolucionario, diremos que nuestro partido siempre ha estado y siempre estará junto a las masas oprimidas cuando estas expresan su mil veces justa y legítima indignación contra la carestía de la vida, la inacción y traición de los ministros «socialistas», la guerra imperialista y su prolongación. Nuestro partido cumplió con su deber incondicional, marchando junto a las masas justamente indignadas el 4 de julio y procurando imprimir a su movimiento, a su manifestación, un carácter lo más pacífico y organizado posible. Pues el 4 de julio todavía era posible un traspaso pacífico del poder a los Soviets, todavía era posible un desarrollo pacífico ulterior de la revolución rusa.

Hasta qué punto es estúpido el cuento del fiscal sobre la «organización de una insurrección armada» se desprende de lo siguiente: nadie discute que el 4 de julio, de los soldados y marineros armados que se hallaban en las calles de Petrogrado, la inmensa mayoría estaba del lado de nuestro partido. Este tenía plena posibilidad de proceder a la destitución y arresto de cientos de personas al mando, a la ocupación de decenas de edificios públicos y gubernamentales e instituciones, etc. Nada semejante se hizo. Solo personas que se han enredado hasta tal punto que repiten todas las patrañas difundidas por los kadetes contrarrevolucionarios son capaces de no ver la ridiculez absurda de afirmar que el 3 o el 4 de julio tuvo lugar una «organización de una insurrección armada».

La primera cuestión que debería haber planteado la investigación, si es que se parecía en algo a una investigación, habría sido la de quién empezó los disparos, luego la de cuántos, exactamente, fueron los muertos y heridos de uno y otro bando, en qué circunstancias tuvo lugar cada caso de muerte o de herida. Si la investigación se pareciera en algo a una investigación (y no a un artículo pendenciero en los órganos de los Dan, los Aleksinski y similares), entonces el deber de los investigadores habría sido organizar un interrogatorio público, abierto a la audiencia, de testigos sobre estas cuestiones, con la publicación inmediata de las actas del interrogatorio.

Así es precisamente como actuaron siempre las comisiones de investigación en Inglaterra, cuando Inglaterra era un país libre. Así es precisamente, o aproximadamente así, como se sintió obligado a actuar el Comité Ejecutivo del Soviet en el primer momento, cuando el miedo a los kadetes aún no había ofuscado por completo su conciencia. Es sabido que el Comité Ejecutivo prometió entonces por escrito publicar dos veces al día boletines sobre los trabajos de su comisión de investigación. Es sabido también que el Comité Ejecutivo (es decir, los eseristas y mencheviques) engañaron al pueblo, dando esta promesa que no cumplieron. Pero el texto de esta promesa ha quedado ante la historia, como un reconocimiento por parte de nuestros enemigos, el reconocimiento de lo que habría debido hacer cualquier investigador medianamente honesto.

Es instructivo, en cualquier caso, señalar que uno de los primeros periódicos burgueses furiosamente hostiles al bolchevismo que dio información sobre los disparos del 4 de julio fue el vespertino «Birzhovka»[25] de esa misma fecha. ¡Y precisamente de la información de este periódico se desprende que quienes comenzaron los disparos no fueron los manifestantes, que los primeros disparos fueron contra los manifestantes! Naturalmente, el fiscal «republicano» del ministerio «socialista» prefirió silenciar este testimonio de «Birzhovka». Y sin embargo, este testimonio de «Birzhovka», absolutamente hostil al bolchevismo, corresponde por completo al cuadro general del suceso, tal como se lo representa nuestro partido. Si este suceso hubiera sido una insurrección armada, entonces, por supuesto, los insurrectos no habrían disparado contra los contramanifestantes, sino que habrían rodeado determinados cuarteles, determinados edificios, habrían aniquilado determinadas unidades de tropas, etc. Por el contrario, si el suceso fue una manifestación contra el gobierno, con una contramanifestación de sus defensores, es completamente natural que dispararan primero los contrarrevolucionarios, en parte por encono contra la enorme masa de manifestantes, en parte con fines provocadores, y es igualmente natural que los manifestantes respondieran a los disparos con disparos.

Las listas de muertos, aunque probablemente no del todo completas, fueron sin embargo publicadas en algunos periódicos (me parece recordar que en «Rech»[26] y en «Delo Naroda»). El deber directo y primordial de la investigación era verificar, completar y publicar oficialmente estas listas. Evadirse de esto significa ocultar las pruebas de que fueron los contrarrevolucionarios quienes comenzaron los disparos.

En efecto, ya un examen superficial de las listas publicadas muestra que los dos grupos principales y particularmente claros, los cosacos y los marineros, cuentan con un número aproximadamente igual de muertos. ¿Habría sido posible un fenómeno así si 10.000 marineros armados, llegados el 4 de julio a Petersburgo y unidos a los obreros y soldados, especialmente a los ametralladoras que tenían muchas ametralladoras, si hubieran perseguido los objetivos de una insurrección armada?

Está claro que entonces el número de muertos en el bando de los cosacos y otros adversarios de la insurrección habría sido diez veces mayor, puesto que nadie discute que el predominio de los bolcheviques entre las personas armadas en las calles de Petersburgo el 4 de julio era gigantesco. Sobre esto hay una larga serie de testimonios de adversarios de nuestro partido aparecidos en la prensa, y una investigación medianamente honesta, sin duda, habría reunido y publicado todos estos testimonios.

Si el número de muertos es aproximadamente igual en ambos bandos, esto indica que quienes empezaron a disparar fueron precisamente los contrarrevolucionarios contra los manifestantes, y que los manifestantes solo respondieron. De otro modo, no se habría podido obtener la igualdad en el número de muertos.

Por último, de los datos aparecidos en la prensa es sumamente importante lo siguiente: los asesinatos de cosacos se conocen el 4 de julio, cuando hubo un tiroteo abierto entre manifestantes y contramanifestantes. Tales tiroteos ocurren incluso en épocas no revolucionarias, en caso de cierta excitación de la población; por ejemplo, no son raros en los países latinos, especialmente en el sur. En cambio, los asesinatos de bolcheviques se conocen también en un período posterior al 4 de julio, cuando no había ningún encuentro de manifestantes y contramanifestantes excitados, cuando, por consiguiente, la muerte de un desarmado a manos de armados era ya directamente una ejecución verduga. Tal es el asesinato del bolchevique Voinov en la calle Shpalernaya el 6 de julio.

¿Qué investigación es esta que no recoge siquiera completamente el material aparecido en la prensa sobre el número de muertos de ambos bandos, sobre el momento y las circunstancias de cada caso de muerte? Esto no es una investigación, sino una burla.

Es comprensible que, dado tal carácter de la «investigación», no quepa esperar de ella ni siquiera un intento de valorar históricamente el 4 de julio. Y tal valoración es necesaria para todo aquel que quiera tener una actitud reflexiva hacia la política.

Quien intente valorar históricamente el 3 y el 4 de julio no podrá cerrar los ojos ante la completa homogeneidad de este movimiento con el movimiento del 20 y el 21 de abril.

En ambos casos, una explosión espontánea de indignación de las masas.

En ambos casos, la salida a la calle de masas armadas.

En ambos casos, un tiroteo entre manifestantes y contramanifestantes, con un número conocido (aproximadamente igual) de víctimas de ambos bandos.

En ambos casos, un estallido de extrema agudización en la lucha entre las masas revolucionarias y los elementos contrarrevolucionarios, la burguesía, con la momentánea desaparición del campo de acción de los elementos medios, intermedios, inclinados al conciliacionismo.

En ambos casos, una manifestación antigubernamental de un tipo particular (estas particularidades se enumeraron más arriba) vinculada a una profunda y prolongada crisis de poder.

La diferencia entre ambos movimientos está en que el segundo es mucho más agudo que el primero, y en que los partidos de los eseristas y mencheviques, neutrales el 20 y 21 de abril, se han enredado desde entonces en su dependencia de los kadetes contrarrevolucionarios (a través del ministerio de coalición y de la política de ofensiva) y resultaron por ello, el 3 y el 4 de julio, del lado de la contrarrevolución.

El partido contrarrevolucionario de los kadetes, también después del 20 y 21 de abril, mintió con desvergüenza, gritando: «en la Nevski dispararon los leninistas», y también, como un comediante, exigió una investigación. Los kadetes y sus amigos estaban entonces en mayoría en el gobierno, la investigación estaba, por tanto, enteramente en sus manos. La empezaron, pero la abandonaron, sin publicar nada.

¿Por qué? Evidentemente, porque los hechos no confirmaban en modo alguno lo que los kadetes deseaban. En otras palabras: la investigación sobre los días 20 y 21 de abril fue «sofocada», pues los hechos confirmaban que el tiroteo lo iniciaron los contrarrevolucionarios, los kadetes y sus amigos. Esto está claro.

Lo mismo ocurrió, al parecer, el 3 y 4 de julio, y por eso es tan burda, tosca, la falsificación del señor fiscal, quien, para complacer a Tsereteli y Cía., se burla de todas las reglas de una investigación medianamente concienzuda.

El movimiento del 3 y 4 de julio fue el último intento, mediante una manifestación, de impulsar a los Soviets a tomar el poder. A partir de ese momento, los Soviets, es decir, los socialistas revolucionarios y mencheviques que dominan en ellos, entregan de hecho el poder a la contrarrevolución, llamando a las tropas contrarrevolucionarias a Petrogrado, desarmando y disolviendo los regimientos revolucionarios y a los obreros, aprobando y tolerando la arbitrariedad y las violencias contra los bolcheviques, la introducción de la pena de muerte en el frente, etc.

Ahora, el poder militar y, por consiguiente, el poder estatal han pasado ya de hecho a manos de la contrarrevolución, representada por los kadetes y apoyada por los socialistas revolucionarios y los mencheviques. Ahora, el desarrollo pacífico de la revolución en Rusia ya es imposible, y la historia ha planteado la cuestión de este modo: o la victoria completa de la contrarrevolución, o una nueva revolución.

II

La acusación de espionaje y de relaciones con Alemania es ya un purísimo caso Beilis, sobre el cual debemos detenernos muy brevemente. Aquí la «investigación» se limita a repetir las calumnias del conocido calumniador Alexinski, amañando los hechos de manera particularmente burda.

Es falso que en 1914 fuésemos arrestados en Austria Zinóviev y yo. Fui arrestado solamente yo.

Es falso que yo fuese arrestado como súbdito ruso. Fui arrestado bajo sospecha de espionaje: ¡un gendarme local tomó por «planos» los diagramas de estadística agraria en mis cuadernos! Evidentemente, este gendarme austríaco estaba a la altura de Alexinski y del grupo «Yedinstvo». Pero yo, según parece, batí de todas formas el récord en cuanto a persecución por internacionalismo, ya que fui perseguido como espía en ambas coaliciones beligerantes, en Austria por un gendarme, en Rusia por los kadetes, Alexinski y Cía.

Es falso que en mi liberación de la cárcel en Austria desempeñara algún papel Ganetski. Quien desempeñó un papel fue Víctor Adler, quien avergonzó a las autoridades austríacas. Desempeñaron un papel los polacos, a quienes les resultaba vergonzoso que en un país polaco fuera posible un arresto tan vil de un revolucionario ruso.

Es una vil mentira que mantuviera relaciones con Parvus, que viajara a los campos, etc. Nada semejante ocurrió ni pudo haber ocurrido. Parvus fue calificado en nuestro periódico «Sotsial-Demokrat», tras los primeros números de su revista «Kólokol»{27}, de renegado, de Plejánov alemán[2]. Parvus es un socialchovinista del lado de Alemania, al igual que Plejánov es un socialchovinista del lado de Rusia. Como internacionalistas revolucionarios, nosotros no teníamos ni podíamos tener nada en común ni con los socialchovinistas alemanes, ni con los rusos, ni con los ucranianos («Unión para la Liberación de Ucrania»{28}).

Steinberg es miembro del comité de emigrantes en Estocolmo. Lo vi por primera vez en Estocolmo. Steinberg llegó a Petrogrado alrededor del 20 de abril o un poco después y, según recuerdo, gestionaba un subsidio para la sociedad de emigrantes. Verificar esto es de lo más fácil para el fiscal, si es que hubiera deseo de verificar.

¡El fiscal juega con que Parvus está vinculado a Ganetski, y Ganetski está vinculado a Lenin! Pero esto es un proceder directamente fraudulento, pues todos saben que Ganetski tenía asuntos monetarios con Parvus, y nosotros, con Ganetski, ninguno.

Ganetski, como comerciante, servía a Parvus o comerciaba junto con él. Pero toda una serie de emigrantes rusos, que se han nombrado públicamente en la prensa, servían en las empresas e instituciones de Parvus.

El fiscal juega con que la correspondencia comercial podía encubrir relaciones de carácter de espionaje. ¡Es interesante saber a cuántos miembros del partido de los kadetes, de los mencheviques y de los socialistas revolucionarios habría que acusar, según esta magnífica receta, por su correspondencia comercial!

Pero si el fiscal tiene en sus manos una serie de telegramas de Ganetski a Sumenson (estos telegramas ya han sido publicados), si el fiscal sabe en qué banco, cuánto y cuándo tuvo dinero Sumenson (y el fiscal publica un par de cifras de este tipo), entonces, ¿por qué el fiscal no incorpora a la investigación a 2 o 3 empleados comerciales o de oficina? ¡Pues ellos le darían en 2 días un extracto completo de todos los libros comerciales y de los libros de los bancos!

Difícilmente podría manifestarse con mayor evidencia el carácter de este «caso Beilis» como en el hecho de que el fiscal aduce sólo cifras fragmentarias: ¡Sumenson retiró de su cuenta corriente en medio año 750.000 rublos y le quedaron 180.000 rublos!! Si ya se publican cifras, ¿por qué no publicarlas completas: cuándo exactamente, de quién exactamente recibió Sumenson el dinero «en medio año» y a quién pagó? ¿Cuándo exactamente y qué partidas exactas de mercancía se recibieron?

¿Qué cosa más fácil que reunir cifras completas de este tipo? ¡Esto se podía y se debía haber hecho en 2 o 3 días! ¡Esto habría revelado todo el círculo de los negocios comerciales de Ganetski y Sumenson! ¡Esto no habría dejado lugar para las insinuaciones oscuras con que opera el fiscal!

La más sucia y vil calumnia de Alexinski, transcrita a la manera «estatal» por los funcionarios del ministerio de Tsereteli y Cía.: ¡he aquí cuán bajo han caído los socialistas revolucionarios y los mencheviques!

III

Sería, por supuesto, la mayor ingenuidad tomar las «causas judiciales», incoadas por el ministerio de Tsereteli, Kerenski y Cía. contra los bolcheviques, por verdaderas causas judiciales. Esto sería una ilusión constitucional completamente imperdonable.

Los socialistas revolucionarios y los mencheviques, al entrar en coalición con los kadetes contrarrevolucionarios el 6 de mayo y al adoptar la política de ofensiva, es decir, de reanudación y prolongación de la guerra imperialista, se encontraron inevitablemente prisioneros de los kadetes.

Como prisioneros, se ven obligados a participar en los más sucios manejos de los kadetes, en sus más viles insidias calumniosas.

El «caso» Chernov{29} comienza rápidamente a ilustrar incluso a los más rezagados, es decir, a confirmar lo acertado de nuestro punto de vista. Y tras Chernov, el periódico «Rech» persigue ya también a Tsereteli, tildándolo de «hipócrita» y «zimmerwaldiano».

Ahora hasta los ciegos verán y las piedras hablarán.

La contrarrevolución se cohesiona. Los kadetes son su base. El estado mayor y los jefes militares, Kerenski en sus manos, los periódicos de las Centurias Negras a su servicio: tales son los aliados de la contrarrevolución burguesa.

Las viles calumnias contra los adversarios políticos ayudarán al proletariado a comprender más pronto dónde está la contrarrevolución, y a barrerla en nombre de la libertad, la paz, el pan para los hambrientos, la tierra para los campesinos.

Escrito entre el 22 y el 26 de julio (4 y 8 de agosto) de 1917.

Publicado el 26 y 27 de julio de 1917 en el periódico «Rabochi i Soldat», núms. 3 y 4. Firmado: N. Lenin

Se publica según el manuscrito