Todo el poder en el Estado debe pasar exclusivamente a los representantes de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos sobre la base de un programa definido y con plena responsabilidad del poder ante los Soviets. Deben realizarse inmediatamente reelecciones de los Soviets, tanto para tomar en cuenta toda la experiencia popular de las últimas semanas de la revolución, particularmente ricas en contenido, como para eliminar las injusticias flagrantes (desproporcionalidad, desigualdad de las elecciones, etc.) que han quedado sin corregir en algunos lugares.

Todo el poder local, allí donde aún no existan instituciones democráticamente elegidas, y en el ejército debe pasar exclusivamente a los Soviets locales y a los comisarios y demás instituciones elegidas por ellos, exclusivamente electivas.

De manera incondicional y en todas partes, con pleno apoyo del Estado, debe llevarse a cabo el armamento de los obreros y de las tropas revolucionarias, es decir, aquellas que han demostrado en la práctica su capacidad para aplastar a los kornilovistas.