El señor N. Rostov, en el ministerial «Rabóchaya Gazeta», cita varios fragmentos de cartas de soldados que dan testimonio de la extrema ignorancia del campo. Todas las cartas —dice el autor, que, según sus palabras, dispone de un grueso fajo de cartas de todos los rincones del país en la sección de agitación del Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Soldados—, todas las cartas contienen un único clamor: ¡periódicos, mandadnos periódicos!

El escritor menchevique reacciona y exclama asustado: «Si la revolución no se presenta ante ellos (los campesinos) como un hecho claro de gran utilidad, se levantarán contra la revolución»... Los campesinos «siguen en la ignorancia».

Un poco tarde se ha dado cuenta el funcionario menchevique y ministerial con su fajo de cartas. Desde el 6 de mayo, cuando los mencheviques se pusieron al servicio de los capitalistas, han pasado más de 7 semanas, y durante todo este tiempo la mentira burguesa y contrarrevolucionaria y la calumnia contra la revolución han fluido libremente hacia el campo a través de los periódicos burgueses que habían adquirido predominio, a través de los servidores y partidarios directos e indirectos del gobierno de los capitalistas, apoyado por los mencheviques.

Si los mencheviques y los eseristas no hubieran traicionado a la revolución, no hubieran apoyado a los kadetes contrarrevolucionarios, el poder habría estado ya desde principios de mayo en manos del Comité Ejecutivo, el cual podría haber introducido de inmediato el monopolio estatal de los anuncios privados en los periódicos, obteniendo así en sus manos decenas de millones de ejemplares de periódicos para su distribución y envío gratuitos al campo. Las grandes imprentas y las reservas de papel habrían entonces «trabajado», en manos del Comité Ejecutivo, para la ilustración del campo, y no para embrutecerlo con una docena de periódicos burgueses y contrarrevolucionarios, que de hecho habían acaparado el papel predominante en el negocio de la prensa.

El Comité Ejecutivo podría haber disuelto entonces la Duma de Estado y, ahorrando así —por no hablar ya de muchas otras— fuentes de dinero popular, emplearlo para enviar a mil, si no a miles, de agitadores a los campos.

En tiempo de revolución, la tardanza equivale a veces a su traición total. Por la tardanza en el paso del poder a manos de los obreros, soldados y campesinos, por la tardanza en las medidas revolucionarias para la ilustración del campo ignorante, son enteramente responsables los eseristas y los mencheviques. Ellos traicionaron a la revolución en este punto. Ellos hicieron que, en la lucha contra la prensa y la agitación burguesas contrarrevolucionarias, los obreros y los soldados se vieran ahora obligados a limitarse a medios «artesanales», mientras que podrían y deberían haber dispuesto para ello de medios estatales.

«Pravda» n.º 96, 14 (1) de julio de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»