El ministro Skóbelev ha publicado un llamamiento a todos los obreros de Rusia. En nombre de «nuestro» (así está dicho: nuestro) ideal socialista, en nombre de la revolución, en nombre de la democracia revolucionaria, etcétera, etcétera, etcétera, se predica a los obreros las «cámaras de conciliación» y se condenan severamente todas las acciones «arbitrarias».

He aquí qué bien canta el ministro casi socialista, el menchevique Skóbelev:

«Ustedes (los obreros) tienen pleno fundamento para indignarse por el enriquecimiento de las clases poseedoras ocurrido durante la guerra. El gobierno zarista despilfarró miles de millones del dinero del pueblo. El gobierno de la revolución debe devolverlos al erario popular».

¡Bien canta… ya veremos dónde se posa!

El llamamiento del señor Skóbelev fue publicado el 28 de junio. El ministerio de coalición se formó el 6 de mayo{129}. ¡Y en todo este tiempo, mientras la desorganización y la catástrofe, de una gravedad inaudita, avanzan sobre el país a pasos agigantados, el gobierno no ha dado ni un solo paso serio contra los capitalistas que han amasado «miles de millones»! Para «devolver al erario popular» esos miles de millones, habría sido necesario promulgar el 7 de mayo una ley sobre la abolición del secreto comercial y bancario y sobre la implantación inmediata del control sobre los bancos y los sindicatos de capitalistas, pues de lo contrario no solo es imposible «devolverlos», sino incluso encontrarlos.

¿Acaso el ministro menchevique Skóbelev considera a los obreros niños pequeños, a los que se puede alimentar con promesas de lo imposible («devolver» los «miles de millones» es imposible; ¡Dios quiera que se logre poner fin a la malversación y devolver aunque sea un centenar o dos de millones!), mientras semana tras semana no se cumple lo posible y lo necesario?

Como por desgracia, el mismo día en que el ministro menchevique Skóbelev desparramaba ante los obreros otro cesto de frases efectistas republicanas, revolucionarias y «socialistas», ese mismo día al «unificador» de los defensistas (es decir, los chovinistas) con los obreros, el camarada Avilov, se le ocurrió una idea extraordinariamente feliz, excepcionalmente feliz, de escribir en Nóvaya Zhizn un artículo sin conclusiones pero con hechos.

No hay nada en el mundo tan elocuente como estos simples hechos.

El 5 de mayo se formó el ministerio de coalición. En su solemne declaración promete… tanto el control como incluso la «organización de la producción». El 16 de mayo el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado adopta «directivas» para sus ministros, exigiendo «proceder inmediatamente (¡escuchad!) a la más enérgica realización (¡palabra de honor, así está escrito!) de la regulación estatal de la producción», etcétera, etcétera, etcétera.

Comienza la enérgica realización.

El 19 de mayo Konoválov dimite con una declaración muy «enérgica» contra… ¡los «socialistas extremistas»! El 1º de junio se celebró la conferencia de representantes de la industria y el comercio de toda Rusia{130}. La conferencia se pronuncia decididamente contra el control. Los tres camaradas viceministros que quedaron tras Konoválov «realizan enérgicamente»: el primer viceministro Stepánov, en el conflicto de los industriales del carbón del Donéts (que con una huelga a la italiana están arruinando la producción), apoya… a los empresarios. Después de esto, los empresarios rechazan todas las propuestas de conciliación de Skóbelev.

El segundo viceministro Pálchinski sabotea la «conferencia sobre combustible».

El tercer viceministro Savvin instituye «una burda y ni siquiera ingeniosa caricatura» de la regulación, en forma de una tal «conferencia interdepartamental».

El 10 de junio el primer viceministro Stepánov presentó al Gobierno Provisional un «informe»… polemizando con el programa del Comité Ejecutivo.

El 21 de junio el Congreso de los Soviets aprueba otra resolución…

Desde abajo se crean comités de abastecimiento por iniciativa propia. Desde arriba se promete un gran «Consejo Económico». El segundo viceministro Pálchinski aclara: «es difícil decir cuándo empezará a funcionar (el Consejo Económico)…».

Suena a burla, pero son hechos.

Los capitalistas se burlan de los obreros y del pueblo, continuando la política de lockouts encubiertos y de ocultación de ganancias escandalosas, mientras envían a los Skóbelev, a los Tsereteli y a los Chernov a «tranquilizar» a los obreros con frases.

«Pravda» núm. 94, 12 de julio (29 de junio) de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»