A juzgar por las conversaciones privadas, existen dos opiniones al respecto.

Los camaradas que se dejan influir por la «atmósfera de los Soviets» a menudo se inclinan por la comparecencia.

Los más cercanos a las masas obreras se inclinan, al parecer, por la no comparecencia.

En principio, la cuestión se reduce, sobre todo, a la valoración de lo que se ha dado en llamar las ilusiones constitucionales.

Si se considera que en Rusia existe y es posible un gobierno correcto, un tribunal justo y que es probable la convocatoria de la Asamblea Constituyente, entonces se puede llegar a la conclusión favorable a la comparecencia.

Pero tal opinión es de todo punto errónea. Precisamente los últimos acontecimientos, posteriores al 4 de julio, han demostrado de la manera más evidente que la convocatoria de la Asamblea Constituyente es improbable (sin una nueva revolución), que en Rusia no existe ni puede existir (ahora) ni un gobierno correcto ni un tribunal justo.

El tribunal es un órgano del poder. A veces los liberales lo olvidan. Un marxista peca al olvidarlo.

¿Y dónde está el poder? ¿Quién es el poder?

No hay gobierno. Cambia cada día. Está inactivo.

Actúa la dictadura militar. Hablar aquí de «tribunal» es ridículo. No se trata de un «tribunal», sino de un episodio de la guerra civil. Esto es lo que en vano no quieren comprender los partidarios de la comparecencia.

¡Perevérzev y Aleksinski como iniciadores del «caso»! ¿Acaso no es ridículo hablar aquí de tribunal? ¿Acaso no es ingenuo pensar que algún tribunal, en semejantes condiciones, pueda algo examinar, esclarecer, investigar?

El poder está en manos de la dictadura militar, y sin una nueva revolución, este poder solo puede consolidarse por un tiempo determinado, ante todo mientras dure la guerra.

«No he hecho nada ilegal. El tribunal es justo. El tribunal investigará. El tribunal será público. El pueblo comprenderá. Compareceré.»

Este es un razonamiento tan ingenuo que raya en la puerilidad. No es un tribunal, sino una persecución contra los internacionalistas, lo que necesita el poder. Encerrarlos y mantenerlos presos, eso es lo que necesitan los señores Kerenski y compañía. Así fue (en Inglaterra y Francia), así será (en Rusia).

¡Que los internacionalistas trabajen ilegalmente en la medida de sus fuerzas, pero que no cometan la estupidez de una comparecencia voluntaria!

Escrito el 8 (21) de julio de 1917.

Publicado por primera vez en 1925 en la revista «Revolución Proletaria» n.º 1.

Se publica según el manuscrito.