«Los bolcheviques tienen la culpa de todo»: en esto coinciden tanto los kadetes, que dirigen la contrarrevolución, como los «socialistas-revolucionarios» y mencheviques, que se autodenominan «democracia revolucionaria» con motivo de las cotidianas retiradas de este simpático bloque respecto al democratismo y al espíritu revolucionario.

«Los bolcheviques tienen la culpa de todo»: de la creciente devastación, contra la que nada se hace, de la mala situación en el abastecimiento de víveres, y del «fracaso» del Gobierno Provisional con Ucrania y Finlandia. ¡Cualquiera diría que entre los modestos, moderados y cautos finlandeses se infiltró algún malvado bolchevique y «sublevó» a todo un pueblo!

El aullido general de rabia y furor contra los bolcheviques, la sucia campaña de calumnias de los viles señores Zaslavski y de los anónimos de _Rech_ y de _Rabóchaya Gazeta_: todo esto no es más que el inevitable afán de los representantes de una revolución desmazalada por «desahogar la rabia» a causa de una serie de «fracasos» de su política.

Los kadetes son el partido de la burguesía contrarrevolucionaria. Esto lo ha reconocido también el bloque gobernante en Rusia de eseristas y mencheviques, que declaró en la resolución del Congreso de los Soviets que la resistencia de las clases poseedoras crece y constituye la base de la contrarrevolución. ¡Y al mismo tiempo, este bloque, a quien _Rech_ acusa diariamente de falta de carácter, se encuentra a su vez en un bloque con los kadetes, y además en un bloque de lo más original, consolidado por la composición del Gobierno Provisional!

Dos bloques: he aquí quién gobierna Rusia: el bloque de los eseristas con los mencheviques y el bloque de este bloque con los kadetes, los cuales están en bloque con todos los partidos políticos situados a su derecha. La desmazaladez de la revolución dimana inevitablemente de aquí. Pues todas las partes de este «bloque de bloques» gobernante son desmazaladas.

Los kadetes no creen ni en su propio republicanismo, y menos aún creen en él los octubristas y los monárquicos de otras variopintas tendencias, que ahora se escudan tras el kadete y votan por él. Los kadetes no creen a los «social-bloquistas», empleando gustosamente a los ministros enviados por éstos como «mandaderos» para todo tipo de «pacificaciones», pero al mismo tiempo encolerizándose, silbando e indignándose ante las «exigencias» de esa masa del campesinado y, en parte, de los obreros, que por ahora ha dado su confianza a los eseristas y mencheviques a cambio de sus pomposas promesas («satisfacer a los trabajadores sin ofender a los capitalistas»), ¡pero que tiene la desfachatez de esperar y exigir el cumplimiento real de tales promesas!

En el terreno social, los bloquistas no se creen unos a otros: los eseristas no creen a los mencheviques, y viceversa. Hasta ahora, en mayor o menor medida de manera clara, abierta y por principios, ninguna de las «queridísimas mitades» se ha decidido a declarar ante todos, oficialmente, cómo, por qué, en nombre de qué, y hasta qué límites se han unido los partidarios del «marxismo» struvistamente castrado y los partidarios del «derecho a la tierra». La unidad cruje por todas sus costuras incluso dentro de cada una por separado de estas «queridísimas mitades»: entre los eseristas, su congreso «fulminó» a Kérenski por 136 votos contra 134, lo que provocó la salida del Comité Central de la propia «abuelita»{128} y la aclaración del Comité Central de que, al parecer, no eligieron a Kérenski exclusivamente por su excesiva sobrecarga de obligaciones ministeriales (a diferencia de Chernov). Los eseristas «de derechas» en _Volia Naroda_ insultan a su partido y a su congreso; los de izquierdas se amparan en _Zemlia i Volia_, atreviéndose a decir que las masas no quieren la guerra y siguen considerándola imperialista.

Entre los mencheviques, el ala derecha emigró a _Den_, encabezada por Potrésov, a quien «acaricia con miradas de amor» el propio _Yedinstvo_ (que ayer mismo aún estaba en bloque con todo el partido menchevique en las elecciones de Petrogrado). El ala izquierda simpatiza con el internacionalismo y funda su propio periódico. El bloque de los bancos con los potrésovistas a través del diario _Den_; el bloque de todos los mencheviques, incluidos Potrésov y Mártox, a través del partido menchevique «único».

¿No es esto desmazaladez?

El «defensismo» oculta mal esta desmazaladez de la revolución, pues incluso ahora, incluso tras la reanudación de la guerra imperialista, incluso en la embriaguez de los entusiasmos suscitados por la ofensiva, se ha agudizado la «ofensiva» de los partidarios de Potrésov contra sus adversarios en una unión, y la de los partidarios de Kérenski contra sus adversarios en otra.

La «democracia revolucionaria» ya no cree en la revolución, teme a la democracia, teme ante todo en el mundo la ruptura con los capitalistas anglo-franceses, teme el descontento de los capitalistas rusos. («Nuestra revolución es burguesa»: en esta «verdad», divertidamente desfigurada por Dan, Tsereteli y Skóbelev, ha llegado a creer «el mismísimo» ministro Chernov.) Los kadetes odian la revolución y la democracia.

¿No es esto desmazaladez?

El salvaje aullido general de rabia y furor contra los bolcheviques es la queja común de los kadetes, eseristas y mencheviques contra su propia desmazaladez.

Ellos están en mayoría. Ellos están en el poder. Ellos están todos en bloque unos con otros. ¡Y ven que no les sale nada! ¿Cómo no iban a enfurecerse contra los bolcheviques?

La revolución ha planteado cuestiones de una dificultad extraordinaria, de una importancia gigantesca, de alcance mundial. Es imposible tanto hacer frente a la devastación como escapar de las terribles garras de la guerra imperialista sin las medidas revolucionarias más decididas, calculadas sobre el heroísmo abnegado de las masas oprimidas y explotadas, sin la confianza y el apoyo de estas masas a su vanguardia organizada: el proletariado.

Las masas intentan por ahora buscar una salida «más fácil»: a través del bloque de los kadetes con el bloque de los eseristas y mencheviques.

Resulta que no hay salida.

_Pravda_ n.º 91, 8 de julio (25 de junio) de 1917.

Se imprime según el texto del periódico _Pravda_.