Artículo primero

Ante la Conferencia Panrusa de Sindicatos{127}, reunida ahora en Petersburgo, debe plantearse una cuestión de extraordinaria importancia: la fundación del Sindicato Panruso de los Obreros Agrícolas.

Todas las clases de Rusia se organizan. La clase más explotada, la que peor vive, la más dispersa y oprimida, la clase de los obreros agrícolas asalariados de Rusia, parece haber sido olvidada. En algunos confines no rusos, por ejemplo en la región de Letonia, existen organizaciones de obreros agrícolas asalariados. En la inmensa mayoría de las provincias gran rusas y ucranianas no existen organizaciones de clase del proletariado agrícola.

El mayor e ineludible deber del destacamento de vanguardia de los proletarios de Rusia —los sindicatos de los obreros industriales— es acudir en ayuda de sus hermanos, los obreros agrícolas. Las dificultades para organizar a los obreros agrícolas son enormes, es evidente, y la experiencia de todos los países capitalistas lo confirma.

Tanto más necesario es emprender con la mayor rapidez y la mayor energía posible el aprovechamiento de la libertad política en Rusia y fundar de inmediato el Sindicato Panruso de los Obreros Agrícolas. Es precisamente la Conferencia de Sindicatos la que puede y debe hacerlo. Son precisamente los representantes más experimentados, más desarrollados y más conscientes del proletariado, congregados ahora en conferencia, los que pueden y deben lanzar un llamamiento a los obreros agrícolas, invitarlos a sus propias filas, a las filas de los proletarios que se organizan de manera independiente, a las filas de sus sindicatos. Son precisamente los obreros asalariados de las fábricas quienes deben tomar la iniciativa, utilizar las células, grupos y secciones de los sindicatos diseminados por toda Rusia, para despertar al obrero agrícola a una vida independiente, a la participación activa en la lucha por mejorar su situación, a la defensa de sus intereses de clase.

A muchos les parecerá probablemente, e incluso quizás sea ésta la opinión predominante en el momento actual, que justamente ahora, cuando el campesinado se organiza en toda Rusia proclamando la abolición de la propiedad privada de la tierra y el uso «igualitario» de la misma, la formación de un sindicato de obreros agrícolas resulta inoportuna.

Precisamente al contrario. Justamente en un momento así es especialmente oportuna e imperiosamente necesaria. Para quienes se sitúan en el punto de vista de clase proletario, no puede haber duda acerca de la justeza de la tesis aprobada en el Congreso de Estocolmo del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, en 1906, por los mencheviques a iniciativa de los bolcheviques, y que desde entonces forma parte del programa del POSDR. Dicha tesis dice:

«El Partido, en todos los casos y en cualquier situación de las transformaciones agrarias democráticas, se plantea la tarea de esforzarse incesantemente por lograr una organización de clase independiente del proletariado agrícola, explicarle la irreconciliable oposición entre sus intereses y los intereses de la burguesía campesina, prevenirlo contra la seducción del sistema de pequeña explotación, que jamás podrá acabar con la miseria de las masas mientras exista la producción mercantil, y, por último, señalar la necesidad de la plena revolución socialista como único medio para eliminar toda miseria y toda explotación.»

No hay ni un solo obrero consciente, ni un solo miembro de los sindicatos, que no reconozca la justeza de estas tesis. Llevarlas a la práctica, en lo que se refiere a la organización de clase independiente del proletariado agrícola, es precisamente tarea de los sindicatos.

Esperamos que precisamente en este tiempo revolucionario, cuando entre las masas trabajadoras en general, y entre los obreros en particular, es vivo el afán de manifestarse, de abrirse camino, de no permitir que la vida se organice de otro modo sin que las cuestiones del trabajo sean resueltas de manera independiente por los propios obreros, precisamente en ese tiempo, los sindicatos no se encerrarán en los estrechos intereses gremiales, no olvidarán a sus hermanos más débiles, a los obreros agrícolas, sino que con toda energía acudirán en su ayuda fundando el Sindicato de los Obreros Agrícolas de Rusia.

En el próximo artículo intentaremos esbozar algunos pasos prácticos en esta dirección.

Artículo segundo

En el artículo anterior nos detuvimos en la significación de principio de la cuestión del sindicato de los obreros agrícolas de Rusia. Ahora tocaremos algunos aspectos prácticos de esta cuestión.

Al Sindicato de los Obreros Agrícolas de Rusia deberían pertenecer todos aquellos que se ocupan predominantemente, o principalmente, o al menos en parte, en trabajos asalariados en empresas agrícolas.

La experiencia demostrará si será necesario subdividir tales sindicatos en sindicatos de obreros agrícolas puros y en sindicatos de trabajadores que son obreros asalariados sólo parcialmente. Esto, en cualquier caso, no es esencial. Lo esencial es que los intereses de clase fundamentales de todos los que venden su fuerza de trabajo son homogéneos, y que la unión de todos los que obtienen aunque sea una parte de sus medios de vida del trabajo asalariado «en casa ajena» es absolutamente necesaria.

Los obreros asalariados de las ciudades, de las fábricas, de las plantas industriales están ligados por miles y millones de hilos a los obreros asalariados del campo. El llamamiento de los primeros a los segundos no puede quedar sin eco. Pero la cosa no debe limitarse a un solo llamamiento. Los obreros de las ciudades poseen mucha más experiencia, conocimientos, medios y fuerzas. Hay que ceder directamente una parte de esas fuerzas para ayudar a levantarse a los obreros agrícolas.

Es necesario fijar un día, cuyo jornal todos los obreros organizados deberán entregar para desarrollar y fortalecer toda la obra de unión de los obreros asalariados de la ciudad y el campo. Que una parte determinada de esta suma se destine íntegramente a la ayuda de los obreros urbanos a la causa de la unión de clase de los obreros agrícolas. Que de ese fondo se cubran los gastos de edición de una serie de las hojas volantes más populares, de la publicación —al menos semanal, por el comienzo— de un periódico de los obreros agrícolas, del envío, aunque sea de un reducido número de agitadores y organizadores a la aldea para fundar inmediatamente en distintas localidades sindicatos de obreros agrícolas asalariados.

Sólo la experiencia propia de tales sindicatos ayudará a encontrar el camino acertado para el desarrollo ulterior de la causa. La primera tarea de cada sindicato de éstos debe ser el mejoramiento de la situación de quienes venden su fuerza de trabajo a las empresas agrícolas, la conquista de una remuneración más elevada, de mejores condiciones de alojamiento, alimentación, etc.

Hay que declarar la lucha más decidida contra el prejuicio de que la próxima abolición de la propiedad privada de la tierra es capaz de «dar tierra» a todos los jornaleros y peones, de minar las raíces mismas del trabajo asalariado en la agricultura. Esto es un prejuicio, y un prejuicio extremadamente nocivo. La abolición de la propiedad privada de la tierra es una transformación grandiosa y absolutamente progresiva, que responde de manera absoluta a los intereses del desarrollo económico y a los intereses del proletariado, que todo obrero asalariado apoyará con toda el alma y con todas sus fuerzas, pero que no elimina en absoluto el trabajo asalariado.

La tierra no se puede comer. En la tierra no se puede trabajar sin ganado, aperos, semillas, sin reserva de productos, sin dinero. Confiar en «promesas», provengan de quien provengan —promesas de que a los obreros asalariados de las aldeas se les «ayudará» a proveerse de ganado, aperos, etc.—, sería el peor error, una ingenuidad imperdonable.

La regla fundamental, el primer mandamiento de todo movimiento sindical: no confíes en el «Estado», confía sólo en la fuerza de tu clase. El Estado es la organización de la clase dominante.

¡No confíes en promesas, confía sólo en la fuerza de la unión y de la conciencia de tu clase!

La tarea del sindicato de los obreros agrícolas debe ser planteada, por tanto, de inmediato: no sólo la lucha por el mejoramiento de la situación de los obreros en general, sino también y en particular la defensa de sus intereses como clase en el marco de la gran transformación agraria venidera.

«Los brazos deben ser puestos a disposición de los comités de volost», razonan a menudo campesinos y eseristas. El punto de vista de la clase de los obreros agrícolas asalariados es justamente el contrario: ¡los comités de volost deben quedar a disposición de los «brazos»! La posición de patrono y la posición del obrero asalariado se esclarecen nítidamente mediante tal contraposición.

«La tierra para todo el pueblo». Esto es correcto. Pero el pueblo se divide en clases. Cada obrero conoce, ve, siente, vive esta verdad, deliberadamente silenciada por la burguesía y constantemente olvidada por la pequeña burguesía.

Solitarios, a los pobres nadie los ayudará. Ningún «Estado» ayudará al obrero asalariado del campo, al jornalero, al peón, al campesino más pobre, al semiproletario, si él no se ayuda a sí mismo. El primer paso para ello es la organización de clase independiente del proletariado agrícola.

Deseamos que la Conferencia Panrusa de Sindicatos emprenda esta obra con la mayor energía, lance un llamamiento por toda Rusia y tienda la mano de ayuda, la mano poderosa de la vanguardia organizada de los proletarios, a los proletarios de la aldea.

«Pravda» n.º 90 y 91, 7 de julio (24 de junio) y 8 de julio (25 de junio) de 1917. Firmado: H. Lenin

Se imprime según el texto del periódico «Pravda»