Lo viejo se combina con lo más nuevo, así fue siempre en los métodos de explotación y represión empleados por el zarismo, así ha seguido ocurriendo en la Rusia republicana. La persecución política de los bolcheviques, partido del proletariado revolucionario internacional, la adereza la burguesía contrarrevolucionaria con las más viles calumnias y una «campaña» en la prensa del todo análoga a la campaña de los periódicos clericales y monárquicos franceses en el caso Dreyfus.

¡Acusar a Dreyfus de espionaje a toda costa! Tal era la consigna entonces. ¡Acusar de espionaje a algún bolchevique a toda costa! Tal es la consigna ahora. La más vil calumnia, las tergiversaciones, la mentira grosera y la refinada labor de confundir al lector: todos estos procedimientos los pone en juego con extraordinario celo la prensa amarilla y burguesa en general. En conjunto resulta un rugido salvaje hasta la rabia, en el que a veces no se encuentra no ya argumentos, sino simplemente sonidos articulados.

He aquí algunos de los procedimientos de nuestra novísima dreyfusiada republicana. Al principio se «esgrimían» tres «argumentos» principales: Ermolenko, los 20 millones en poder de Kozlovski, la implicación de Parvus.

Al día siguiente, el principal periódico pogromista «Zhivoe Slovo» imprime ya dos «rectificaciones», reconociendo al «líder» de los bolcheviques no como sobornado, sino como fanático, y sustituyendo los 20 millones por 20 mil. Y otro periódico ya declaraba secundarias las declaraciones de Ermolenko.

En la «Hoja de Pravda» del 6 de julio ya demostramos la completa inanidad de las declaraciones de Ermolenko. Está claro que ha resultado incómodo remitirse a ellas.

En la misma «Hoja» se publicó una carta de Kozlovski que refuta la calumnia. Después de la refutación, reducen los 20.000.000 a 20.000, ¡en lugar de la cifra exacta, de nuevo un «redondeo»!

Implican a Parvus, esforzándose con todas sus fuerzas por crear algún vínculo entre él y los bolcheviques. Pero en realidad, fueron precisamente los bolcheviques quienes, en el ginebrino «El Socialdemócrata», calificaron a Parvus de renegado, se alzaron contra él con condena implacable, como contra un Plejánov alemán, y eliminaron para siempre toda posibilidad de cualquier tipo de acercamiento con semejantes socialchovinistas. Fueron precisamente los bolcheviques quienes en Estocolmo, en una reunión solemne con participación de socialistas de izquierda suecos, se negaron categóricamente no solo a hablar con Parvus, sino incluso a admitirlo en calidad alguna, aunque fuera como invitado.

Ganetski llevaba asuntos comerciales como empleado de una firma en la que participaba Parvus. La correspondencia comercial y financiera, por supuesto, pasaba por la censura y es enteramente accesible al control. Tratan de embrollar estos asuntos comerciales con la política, aunque no lo demuestran absolutamente con nada!!

Llegan a una cosa tan ridícula como reprochar a «Pravda» que sus telegramas a los periódicos socialistas de Suecia y de todos los demás países (que, por supuesto, también pasaban por la censura y eran del todo conocidos por la censura) fueran reimpresos por periódicos alemanes, ¡a veces con distorsión! ¡Como si se pudiera culpar de una reimpresión o de distorsiones maliciosas!

Es una verdadera dreyfusiada, una campaña de mentiras y calumnias sobre la base de un odio político salvaje… ¡Pero qué sucias deben ser las fuentes que sustituyen la lucha de ideas por la difusión de calumnias!