En la cuestión ucraniana, los partidos gobernantes de Rusia, es decir, los cadetes, que tienen la mayoría en el gobierno y la omnipotencia del capital en la economía, y luego los socialistas revolucionarios y los mencheviques, que ahora tienen una evidente mayoría en el país (pero son impotentes en el gobierno y en la economía de un país capitalista), todos estos partidos gobernantes han sufrido una derrota manifiesta, y además a escala nacional y en una cuestión de suma importancia.

Los socialistas revolucionarios y los mencheviques toleraron que el Gobierno Provisional cadete, es decir, de la burguesía contrarrevolucionaria, no cumpliera con su elemental deber democrático, no declarara que está a favor de la autonomía y de la plena libertad de separación de Ucrania. Los ucranianos, como informa hoy en "Deló Naroda" el ministro Chernov, exigían incomparablemente menos, a saber, "que el Gobierno Provisional proclamara mediante un acto especial que no está en contra del derecho del pueblo ucraniano a la autonomía". Esta es una exigencia de lo más modesta y legítima, al igual que son modestas las otras dos: 1) Ucrania elige, por la población local, a un representante del gobierno central ruso; lo modesta que es esta exigencia lo demuestra el hecho de que los grandes rusos en Rusia constituían en 1897 el 43% de la población, y los ucranianos el 17%, ¡es decir, los ucranianos podrían haber pedido no un ministro de 16, sino seis! 2) En Ucrania debe haber "un representante del gobierno central ruso elegido por la población local". ¿Qué puede ser más legítimo que esto? ¿Con qué derecho se atreve un demócrata a apartarse del principio demostrado por la teoría y confirmado por la experiencia de las revoluciones democráticas: "¡ninguna autoridad designada desde arriba para la población local"?

La negativa a estas modestísimas y legítimas exigencias por parte del Gobierno Provisional fue una desvergüenza inaudita, una insolencia salvaje de los contrarrevolucionarios, una verdadera manifestación de la política del "sujetavelas" gran ruso; ¡y los socialistas revolucionarios con los mencheviques, burlándose de sus propios programas de partido, toleraron esto en el gobierno y lo defienden ahora en sus periódicos! ¡A qué vergüenza han caído los socialistas revolucionarios y los mencheviques! Qué lastimosos son los subterfugios de sus órganos de hoy, "Deló Naroda" y "Rabóchaya Gazeta".

Caos, confusión, "leninismo en la cuestión nacional", anarquía: estos son los gritos de terrateniente salvaje que ambos periódicos dirigen contra los ucranianos.

Dejemos los gritos. ¿Argumentos de fondo?

Hasta la Asamblea Constituyente no se puede decidir "correctamente" ni las fronteras de Ucrania, ni su voluntad, ni el derecho a recaudar impuestos, etc., etc. Este es su único argumento. Exigen una "garantía de corrección"; en esta expresión del artículo editorial de "Rabóchaya Gazeta" está toda la esencia de su argumentación.

Pero, señores, ¡esto es una mentira manifiesta, una desvergüenza manifiesta de contrarrevolucionarios, pues esgrimir tal argumento significa ayudar de hecho a los verdaderos traidores y vendepatrias de la revolución!

"Garantía de corrección"... piensen en esto aunque sea un segundo. En ninguna parte de Rusia, ni en el gobierno central, ni en ninguna institución local (excepto una institución muy pequeña: las Dumas de distrito de Petersburgo) existe una garantía de corrección, e incluso de antemano no hay corrección. De antemano no hay "corrección" en la existencia de la Duma de Estado y del Consejo de Estado. De antemano no hay "corrección" en la composición del Gobierno Provisional, pues esta composición es una burla de la voluntad y la conciencia de la mayoría de los campesinos, obreros y soldados de Rusia. De antemano no hay "corrección" en la composición de los Soviets (de diputados obreros, campesinos y soldados), pues estas instituciones no han elaborado hasta ahora garantías de estricta plenitud y estricto democratismo en las elecciones, lo que no impide que tanto nuestro partido como toda la masa de obreros y campesinos los consideren los mejores expresadores actuales de la voluntad de la mayoría del pueblo. En ninguna parte de Rusia hay ni puede haber –y nunca ha habido en momentos revolucionarios de este tipo– "garantías de corrección"; todo el mundo lo entiende, nadie exige otra cosa, todos son conscientes de la inevitabilidad de esto.

¡Solo para Ucrania "nosotros" exigimos "garantías de corrección"!

Han enloquecido de miedo, señores socialistas revolucionarios y mencheviques, cediendo a los gritos contrarrevolucionarios de los terratenientes y capitalistas grandes rusos, encabezados por Rodzianko y Miliukov, Lvov y Tereshchenko, Nekrasov y Shingariov y Cía. Ustedes representan enteramente ya a personas amedrentadas por los Cavaignacs que están naciendo (y "agazapados").

No hay absolutamente nada terrible, ni sombra de anarquía y caos, ni en las decisiones ni en las exigencias de los ucranianos. Cédanles esas exigencias legítimas y modestísimas, y en Ucrania habrá no menos autoridad que en todas partes de Rusia, donde solo los Soviets gozan de autoridad (¡sin tener "garantías de corrección"!). La "garantía de corrección" a ustedes y a todos los pueblos de Rusia la darán los futuros seims, la dará la futura Asamblea Constituyente, no solo en la cuestión ucraniana, sino en todas las cuestiones, porque ahora en Rusia de antemano no hay "corrección" en ninguna cuestión. Cédanles a los ucranianos –esto lo dice la razón–, porque de lo contrario será peor: por la fuerza no retendrán a los ucranianos, solo los enconarán. ¡Cédanles a los ucranianos: abrirán entonces el camino a la confianza entre ambas naciones, a su unión fraternal, como iguales!

Los socialistas revolucionarios y los mencheviques, como partidos gobernantes, sufrieron una derrota en la cuestión ucraniana porque cedieron a los Cavaignacs cadetes contrarrevolucionarios.

"Pravda" nº 84, 30 (17) de junio de 1917.

Se imprime según el texto del periódico "Pravda"