Pero no se ha hecho nada, ni para la completa supresión de esta contrarrevolución, ni siquiera para su investigación, y nada serio puede ni podrá hacerse sin que el poder pase a los Soviets. Ninguna comisión, si no posee el poder estatal, está en condiciones de realizar una investigación completa, arrestar a los culpables, etc. Sólo un gobierno soviético puede y debe hacerlo. Sólo él puede, arrestando a los generales kornilovistas y a los cabecillas de la contrarrevolución burguesa (Guchkov, Miliukov, Riabúshinski, Maklákov y Cía.), disolviendo las uniones contrarrevolucionarias (la Duma de Estado, las uniones de oficiales, etc.), poniendo a sus miembros bajo la vigilancia de los Soviets locales y desmovilizando las unidades contrarrevolucionarias, garantizar a Rusia contra la inevitable repetición de los intentos «kornilovistas».

Sólo él puede crear una comisión para la investigación completa y pública del caso de los kornilovistas, como de todos los demás casos, aunque hayan sido promovidos por la burguesía, y sólo a una comisión así el partido de los bolcheviques, por su parte, exhortaría a los obreros a prestar plena obediencia y colaboración.

Sólo un gobierno soviético podría luchar con éxito contra una injusticia tan flagrante como es la apropiación por los capitalistas, con ayuda de los millones robados al pueblo, de las más grandes imprentas y de la mayoría de los periódicos. Es necesario cerrar los periódicos burgueses contrarrevolucionarios («Rech», «Rússkoe Slovo», etc.), confiscar sus imprentas, declarar los anuncios privados en los periódicos monopolio del Estado, trasladarlos a un periódico gubernamental, editado por los Soviets y que diga la verdad a los campesinos. Sólo así se puede y se debe arrancar de las manos de la burguesía esta poderosa arma de mentiras y calumnias impunes, de engaño al pueblo, de inducción al error al campesinado, de preparación de la contrarrevolución.