No hay idea más errónea y más nociva que la separación de la política exterior de la interior. Precisamente en tiempo de guerra, la monstruosa falsedad de esta separación se torna aún más monstruosa. Y por parte de la burguesía se hace todo lo posible y lo imposible para inculcar y sostener esta idea. El desconocimiento de las masas de la población en materia de política exterior está inconmensurablemente más difundido que su ignorancia en la esfera interior. El «secreto» de las relaciones diplomáticas se observa sagradamente en los países capitalistas más libres, en las repúblicas más democráticas.

El engaño de las masas populares está artísticamente elaborado en lo referente a los «asuntos» de política exterior, y a nuestra revolución le está resultando tres veces amargo a causa de este engaño. Millones de ejemplares de periódicos burgueses difunden por doquier el veneno del engaño.

Con uno u otro de los dos grupos gigantescamente ricos y gigantescamente poderosos de depredadores imperialistas: así plantea la cuestión fundamental de la política exterior contemporánea la realidad capitalista. Así plantea esta cuestión la clase de los capitalistas. Así la plantea, naturalmente, también la amplia masa pequeñoburguesa, que conserva las viejas concepciones y prejuicios capitalistas.

Para aquel cuyo pensamiento no rebasa el marco de las relaciones capitalistas, es incomprensible que la clase obrera, si es consciente, no pueda estar a favor de ningún grupo de depredadores imperialistas. Por el contrario, para un obrero son incomprensibles las acusaciones de inclinación a una paz por separado con los alemanes o de servicio efectivo a tal paz, lanzadas contra los socialistas que han permanecido fieles a la unión fraternal de los obreros de todos los países contra los capitalistas de todos los países. En ningún caso tales socialistas (y, por consiguiente, también los bolcheviques entre ellos) pueden aceptar paz por separado alguna entre capitalistas. Ni paz por separado con los capitalistas alemanes, ni alianza con los capitalistas anglo-franceses: he ahí la base de la política exterior del proletariado consciente.

Al sublevarse contra este programa, temiendo la ruptura con «Inglaterra y Francia», nuestros mencheviques y socialrevolucionarios aplican de hecho el programa capitalista de política exterior, saliendo del paso adornando este programa con flores de inocente elocuencia, como la «revisión de los tratados», las declaraciones a favor de «la paz sin anexiones», etc. Todos estos buenos deseos están condenados a quedarse en algo vacuo, porque la realidad capitalista plantea la cuestión de manera tajante: o la sumisión a los imperialistas de uno de los grupos, o la lucha revolucionaria contra todo imperialismo.

¿Existen aliados para esta lucha? Existen. Las clases oprimidas de Europa, el proletariado ante todo; los pueblos oprimidos por el imperialismo, los pueblos de Asia, como los vecinos a nosotros, ante todo.

Los mencheviques y los socialrevolucionarios, llamándose a sí mismos «demócratas revolucionarios», llevan a cabo de hecho una política exterior contrarrevolucionaria y antidemocrática. Si fueran revolucionarios, aconsejarían a los obreros y campesinos de Rusia ponerse al frente de todos los pueblos oprimidos por el imperialismo y de todas las clases oprimidas.

«Entonces se unirán contra Rusia los capitalistas de todos los demás países», objetan los asustados pequeños burgueses. — Eso no es imposible. Un demócrata «revolucionario» no tiene derecho a renunciar a toda guerra revolucionaria. Pero la probabilidad práctica de una guerra así es pequeña. Los imperialistas ingleses y alemanes no podrán «reconciliarse» contra la Rusia revolucionaria. La revolución rusa, que ya en 1905 provocó revoluciones en Turquía, en Persia, en China, colocaría en una situación muy difícil tanto a los imperialistas alemanes como a los ingleses, si comenzara a llevar a cabo una alianza verdaderamente revolucionaria con los obreros y campesinos de los países coloniales y semicoloniales, contra los déspotas, contra los janes, por la expulsión de los alemanes de Turquía, de los ingleses de Turquía, Persia, India, Egipto, etc.

A los socialchovinistas, franceses y rusos, les gusta remitirse a 1793 para encubrir con una referencia efectista su traición a la revolución. Precisamente acerca de que una democracia realmente «revolucionaria» de Rusia podría y debería actuar con respecto a los pueblos oprimidos y atrasados siguiendo el espíritu de 1793, es algo en lo que entre nosotros no se quiere pensar.

En «alianza» con los imperialistas, es decir, en vergonzosa dependencia de ellos: tal es la política exterior de los capitalistas y de los pequeños burgueses. En alianza con los revolucionarios de los países avanzados y con todos los pueblos oprimidos contra todos y cada uno de los imperialistas: tal es la política exterior del proletariado.

«Pravda» n.° 81, 27 (14) de junio de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».