El descontento de la mayoría de los camaradas por la cancelación de la manifestación es muy legítimo, pero el CC no podía actuar de otra manera por dos razones: primero, recibimos una prohibición formal de manifestarnos por parte de un semiórgano del poder; segundo, esta prohibición fue motivada: «sabemos que las fuerzas ocultas de la contrarrevolución quieren aprovecharse de su acción». Para reforzar la motivación nos mencionaron nombres, por ejemplo, el de un general al que prometieron arrestar en tres días, y otros; declararon que para el 10 de junio estaba prevista una manifestación de las centurias negras, que debían intervenir en nuestra manifestación y convertirla en una carnicería.

Incluso en una guerra simple ocurre que los avances planeados deben cancelarse por razones estratégicas; con mayor razón puede suceder esto en la lucha de clases, en función de las vacilaciones de las capas pequeño-burguesas medias. Hay que saber evaluar el momento y ser audaces en las decisiones.

La cancelación fue una necesidad absoluta, como lo demuestran los acontecimientos posteriores. Hoy Tsereteli pronunció su discurso histórico e histérico. Hoy la revolución entró en una nueva fase de su desarrollo. Comenzaron prohibiendo nuestra manifestación pacífica por tres días, quieren prohibirla durante todo el congreso, nos exigen que nos sometamos a la decisión del congreso y nos amenazan con expulsarnos del mismo. Pero nosotros declaramos que preferimos ser arrestados, pero no renunciamos a la libertad de agitación.

Tsereteli, que en su discurso se reveló como un claro contrarrevolucionario, declaró que a los bolcheviques hay que combatirlos no con palabras ni con resoluciones, sino que hay que privarlos de todos los medios técnicos que tienen en sus manos. Resultado de las revoluciones burguesas: primero armar al proletariado, después desarmarlo para que no avance más. Si ha sido necesario prohibir una manifestación pacífica, la situación es muy seria.

Tsereteli, que llegó al congreso desde las entrañas del Gobierno Provisional, expresó un claro deseo de desarmar a los obreros. Mostró una furia salvaje, exigió que los bolcheviques fueran un partido al margen de las filas de la democracia revolucionaria. Los obreros deben tomar en cuenta con sobriedad que ya no puede hablarse de una manifestación pacífica. La situación es mucho más seria de lo que suponíamos. Nosotros íbamos a la manifestación pacífica para ejercer la máxima presión sobre las decisiones del congreso —es nuestro derecho—, y nos acusan de haber organizado un complot para arrestar al gobierno.

Tsereteli dice que, aparte de los bolcheviques, no hay contrarrevolucionarios. La reunión que nos juzgó fue organizada con especial solemnidad con el presídium del congreso, el Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Soldados en pleno, los burós de las fracciones de todos los partidos del congreso, y en esa reunión nos soltaron toda la verdad, nos declaran la ofensiva.

La respuesta del proletariado debe ser la máxima calma, precaución, firmeza, organización, y tener presente que las manifestaciones pacíficas son cosa del pasado.

No debemos dar motivo para el ataque, que ataquen ellos, y los obreros comprenderán que están atentando contra la existencia misma del proletariado. Pero la vida está de nuestra parte, y aún no se sabe cómo les resultará el ataque: en el frente hay tropas, el espíritu de descontento es muy fuerte entre ellas, en la retaguardia hay carestía, desorganización, etc.

El CC no quiere presionar su decisión. Su derecho —el derecho a protestar legalmente contra las acciones del CC—, y su decisión debe ser libre.

Publicado por primera vez en 1923 en la revista «Krásnaya Létopis» nº 9

Se publica según la copia mecanografiada del acta taquigráfica