Consideramos que la institución peculiar denominada Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos es la que más se acerca a un órgano de la voluntad de la mayoría del pueblo a escala nacional, a un parlamento revolucionario.

Por el traspaso de todo el poder a manos de dicho órgano hemos abogado y abogamos por principio, a pesar de que en la actualidad se encuentra en manos de los partidos defensistas y hostiles al partido del proletariado, los mencheviques y los socialistas-revolucionarios.

La situación internamente contradictoria, vacilante, inestable e impotente frente a la contrarrevolución en que se hallan los Soviets se debe a que toleran un nido de contrarrevolución: 10 ministros burgueses, y no rompen con el capital imperialista anglo-francés. Esta vacilación es la fuente del nerviosismo de la actual mayoría de los Soviets y de sus invectivas contra quienes señalan dicha vacilación.

A coordinar, a concertar nuestra lucha contra la contrarrevolución con la «lucha» de los partidos defensistas y ministerialistas, nos negamos.

Las decisiones de los Soviets no pueden ser reconocidas por nosotros como decisiones correctas de un poder correcto mientras subsistan 10 ministros burgueses, contrarrevolucionarios, enteramente del espíritu y de la clase de Miliukov. Pero aun si los Soviets tomaran todo el poder (lo que deseamos y siempre apoyaríamos), aun si los Soviets se convirtieran en un parlamento revolucionario omnipotente, no nos someteríamos a aquellas de sus decisiones que coartaran la libertad de nuestra agitación, que prohibieran, por ejemplo, las proclamas en la retaguardia o en el frente, que prohibieran las manifestaciones pacíficas, etc. En tal caso, preferiríamos pasar a la situación de un partido ilegal, oficialmente perseguido, pero no renunciaríamos a nuestros principios marxistas e internacionalistas.

Tal será también nuestra conducta si el Congreso de los Soviets tiene a bien declararnos oficialmente, ante toda la población de Rusia, «enemigos del pueblo» o «enemigos de la revolución».

De los motivos para prohibir la manifestación durante tres días, solo reconocemos como condicionalmente correcto uno, a saber: que elementos contrarrevolucionarios agazapados, permaneciendo ocultos, querían aprovechar esta manifestación. Si fueran correctos los hechos en que se basa este motivo, si los nombres de los contrarrevolucionarios fueran conocidos por todo el Soviet (como nos son conocidos privadamente por la comunicación oral de Liber y otros en el Comité Ejecutivo), sería necesario declarar de inmediato a esos contrarrevolucionarios enemigos del pueblo y arrestarlos, junto con una investigación sobre sus partidarios y cómplices.

La falta de tales medidas por parte del Soviet hace que incluso su motivo correcto sea solo condicionalmente correcto o completamente incorrecto.

Escrito el 11 (24) de junio de 1917.

Publicado por primera vez en 1924 en la revista «Býloe» n.º 24

Se publica según el manuscrito