“Camaradas, la resistencia de los capitalistas, al parecer, está quebrantada”.

Esta grata noticia la tomamos del discurso del ministro Peshejónov. ¡Noticia asombrosa! “La resistencia de los capitalistas está quebrantada”…

Y discursos ministeriales como este se escuchan, declaraciones ministeriales como esta se aplauden. ¿Cómo no va a ser una epidemia de credulidad?

Por un lado, lo que más se asusta y asusta a la gente es la “dictadura del proletariado”. Por otro lado, ¿en qué se diferencia el concepto de “dictadura del proletariado” del quebrantamiento de la resistencia de los capitalistas? En absolutamente nada. La dictadura del proletariado es un término científico que define la clase que desempeña ese papel y la forma especial de poder estatal que se llama dictadura, a saber: un poder que se apoya no en la ley, no en las elecciones, sino directamente en la fuerza armada de una u otra parte de la población.

¿En qué consisten el sentido y la importancia de la dictadura del proletariado? ¡Precisamente en el quebrantamiento de la resistencia de los capitalistas! Y si en Rusia “la resistencia de los capitalistas, al parecer, está quebrantada”, esta frase es completamente equivalente a que dijéramos: en Rusia “la dictadura del proletariado, al parecer, se ha realizado”.

El problema es “solo” que ante nosotros no hay nada más que una frase ministerial. Algo así como la exclamación temeraria de Skóbelev: “obtendré el 100 % de ganancia”[20]. Una de las flores de esa elocuencia “revolucionario-democrática” que inunda ahora Rusia, embriaga a la pequeña burguesía, corrompe y embrutece a las masas populares, siembra a puñados los bacilos de la epidemia de credulidad.

En una comedia francesa —los franceses, al parecer, han superado a otros pueblos en el curso del juego de los ministerios socialistas— se muestra un gramófono que repite ante las asambleas de electores en todos los rincones de Francia un discurso con las promesas del ministro “socialista”. Consideramos que el ciudadano Peshejónov debería entregar a la sociedad que difunde discos de gramófono su histórica frase: “camaradas, la resistencia de los capitalistas, al parecer, está quebrantada”. Esta frase será muy cómoda y útil (para los capitalistas) difundirla en todos los idiomas del mundo: he aquí, se dirá, los brillantes éxitos de la experiencia rusa del ministerio de coalición de la burguesía con los socialistas.

Y sin embargo, al ciudadano ministro Peshejónov —a quien ahora, después de su entrada en el ministerio junto con Tsereteli y Chernov, llaman socialista tanto mencheviques como eseristas (que en 1906 se desmarcaban de él en la prensa como de un pequeño burgués que había girado demasiado a la derecha)—, al ciudadano Peshejónov no le vendría mal responder a una pregunta simple y modesta:

—¡Cómo vamos a emprender la tarea de quebrantar la resistencia de los capitalistas! ¿No sería mejor que nos ocupáramos de revelar ante los sindicatos obreros y ante todos los partidos más grandes las ganancias inauditas de los capitalistas? ¿De la abolición del secreto comercial?

—¡Cómo vamos a hablar de la “dictadura del proletariado” (“quebrantar la resistencia de los capitalistas”)! ¿No sería mejor dedicarnos a revelar la malversación de fondos públicos?

Si los precios del suministro de carbón han sido elevados por el gobierno revolucionario, como informó la ministerial Rabóchaya Gazeta, ¿no se parece esto a una malversación? ¿No sería mejor publicar, aunque sea semanalmente, las “cartas de garantía” de los bancos y otros documentos sobre los suministros de guerra y los precios de estos suministros, en lugar de perorar sobre el “quebrantamiento de la resistencia de los capitalistas”?

“Pravda” n.° 76, 21 (8) de junio de 1917.

Se imprime según el texto del periódico “Pravda”