Recientemente, «Yedinstvo» de Plejánov (a la que incluso el periódico eserista «Delo Naroda» califica, con razón, de periódico unido a la burguesía liberal) ha recordado la ley de la república francesa de 1793 sobre los enemigos del pueblo.

Un recuerdo muy oportuno.

Los jacobinos de 1793 fueron los representantes de la clase más revolucionaria del siglo XVIII, de los pobres de la ciudad y del campo. Contra esta clase, que ya había ajustado cuentas de hecho (y no de palabra) con su monarca, con sus terratenientes y con sus burgueses moderados mediante las medidas más revolucionarias, incluida la guillotina; contra esta clase verdaderamente revolucionaria del siglo XVIII guerreaban los monarcas unidos de Europa.

Los jacobinos declararon enemigos del pueblo a quienes «favorecen los designios de los tiranos unidos dirigidos contra la república».

El ejemplo de los jacobinos es instructivo. No ha envejecido ni siquiera hoy, sólo hay que aplicarlo a la clase revolucionaria del siglo XX, a los obreros y semiproletarios. Los enemigos del pueblo para esta clase en el siglo XX no son los monarcas, sino los terratenientes y los capitalistas como clase.

Si el poder pasara a los «jacobinos» del siglo XX, a los proletarios y semiproletarios, declararían enemigos del pueblo a los capitalistas que amasan miles de millones con la guerra imperialista, es decir, una guerra por el reparto del botín y las ganancias de los capitalistas.

Los «jacobinos» del siglo XX no guillotinarían a los capitalistas: la imitación de un buen modelo no es una copia. Bastaría con arrestar a 50–100 magnates y ases del capital bancario, a los principales caballeros de la malversación de fondos y del saqueo bancario; bastaría con arrestarlos por unas semanas para descubrir sus tramoyas y mostrar a todos los explotados «a quién le hace falta la guerra». Una vez descubiertas las artimañas de los reyes de la banca, se podría ponerlos en libertad, colocando bajo control obrero tanto los bancos como los sindicatos capitalistas y a todos los contratistas que «trabajan» para el erario.

Los jacobinos de 1793 entraron en la historia como un gran ejemplo de lucha verdaderamente revolucionaria contra la clase de los explotadores por parte de la clase de los trabajadores y oprimidos, que había tomado todo el poder estatal en sus manos.

El triste «Yedinstvo» (bloque del que se avergonzaron los mencheviques defensistas) quiere adoptar la letra del jacobinismo, no su espíritu: las manifestaciones externas, y no el contenido de su política. Esto equivale, en esencia, a una traición a la revolución del siglo XX, una traición encubierta con falsas referencias a los revolucionarios del siglo XVIII.

«Pravda» núm. 75, 20 (7) de junio de 1917.

Publicado según el texto del periódico «Pravda»