En la sesión matutina, Lenin presentó un informe sobre el momento actual. Señala la diferencia en la situación que se observa al comparar el día de hoy con el momento de la Conferencia de Abril del partido. En aquel entonces, la posición de los distintos partidos socialistas aún no se había definido casi. Sólo ahora, en las condiciones de los acontecimientos actuales y de los que acaban de ocurrir, se ha puesto de manifiesto la verdadera fisonomía política de los mencheviques y socialistas revolucionarios. Pero la pequeña burguesía, sin ser socialista, puede resultar verdaderamente democrática en su estado de ánimo. Y si desde este punto de vista observamos a las masas socialistas revolucionarias y mencheviques, no se les puede negar un democratismo consecuente. Pero de sus dirigentes no puede decirse lo mismo, y por eso observamos que entre las masas socialistas revolucionarias y mencheviques, por un lado, y sus dirigentes, por otro, se abre un profundo abismo. Los dirigentes de estas masas se van liberando poco a poco no sólo del socialismo, sino también del democratismo. Esto se ve en la actitud de los ministros socialistas ante tres cuestiones vitales del momento.

En la cuestión de la tierra, la parte socialista del gobierno ha divergido claramente de las concepciones del campesinado, ayudando a los terratenientes a conservar en su poder las tierras que les pertenecían. La segunda piedra de toque del democratismo de los ministros socialistas fue su actitud ante el autogobierno local. Un principio elemental del democratismo es que el poder local debe ser elegido por el propio pueblo; sin embargo, sobre esta base se produjeron numerosos conflictos entre el Gobierno Provisional y los órganos de autogobierno local, y la parte socialista del ministerio fue un activo combatiente contra estos principios verdaderamente democráticos. Y, por último, la tercera cuestión, la ofensiva. El socialista Kerenski consiguió lo que no pudo conseguir el imperialista declarado Guchkov.

Nosotros, los socialdemócratas revolucionarios, debemos orientar nuestra actividad a esclarecer la autoconciencia de clase de las masas democráticas. Por eso, debemos desenmascarar implacablemente a esos antiguos dirigentes de la democracia pequeñoburguesa, señalando a la democracia el único camino por el que, delante de ella, marchará el proletariado revolucionario.

«Nóvaya Zhizn» N.º 54, 21 de junio (4 de julio) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Nóvaya Zhizn».