Los señores del tres de junio, aquellos que ayudaron a Nikolái Románov después del año 1905 a anegar en sangre nuestro país, a estrangular a los revolucionarios, a restaurar la omnipotencia de los terratenientes y capitalistas, se reunieron en sus conferencias al mismo tiempo que el Congreso de los Soviets{111}.

Mientras Tsereteli, colocado en la situación de prisionero de la burguesía, mediante mil evasivas intentaba eludir la perentoriedad, la importancia, la actualidad candente de la cuestión política de la ofensiva inmediata, los bisontes del tres de junio, partidarios de Nikolái el Sanguinario y de Stolypin el Verdugo, terratenientes y capitalistas, no tuvieron miedo de plantear la cuestión de manera directa y abierta. He aquí la última y más sustancial resolución sobre la ofensiva, aprobada por ellos por unanimidad:

«La Duma de Estado (??) reconoce que sólo en la ofensiva inmediata, en estrecha unión con los aliados, radica la garantía de alcanzar rápidamente el fin de la guerra y de consolidar para siempre las libertades conquistadas por el pueblo».

Esto sí que es claro.

Esto sí que son políticos, hombres de acción, fieles servidores de su clase, los terratenientes y capitalistas.

¿Y cómo sirven a su clase Tsereteli, Chernov y Cía.? Ellos se contentan con buenos deseos de palabra, mientras de hecho apoyan a los capitalistas.

Tsereteli aseguraba que la cuestión de la ofensiva inmediata ni siquiera se podía plantear, pues si él, el ministro Tsereteli, supiera de la ofensiva «inmediata», a nadie se lo diría. Al decir esto, Tsereteli no sospechaba (¡oh candor!) que los bisontes del tres de junio le desmentían, y lo desmentían con hechos, pues no tuvieron el menor reparo en decir, incluso en una resolución, a voz en cuello, no de una ofensiva en general, sino precisamente de la ofensiva inmediata. Y tenían razón, porque es una cuestión política, una cuestión que decide los destinos de toda nuestra revolución.

Aquí no hay término medio: la «ofensiva inmediata», a favor o en contra; aquí no cabe abstención; aquí eludirla con referencias o alusiones al secreto militar habría sido sencillamente indigno de un político responsable.

Estar a favor de la ofensiva inmediata significa estar por la continuación de la guerra imperialista, por la matanza de obreros y campesinos rusos en interés del sojuzgamiento de Persia, Grecia, Galitzia, los pueblos balcánicos, etc.; significa reavivar y fortalecer la contrarrevolución, reducir a la nada las frases sobre la «paz sin anexiones», en fin, proseguir la guerra en aras de las anexiones.

Estar en contra de la ofensiva inmediata significa estar por el paso de todo el poder a los Soviets, por el despertar de la iniciativa revolucionaria de las clases oprimidas, por la proposición inmediata por las clases oprimidas de todos los países de una «paz sin anexiones», de una paz bajo las condiciones concretas del derrocamiento del yugo del capital y la liberación de todas las colonias sin excepción, de todas las nacionalidades oprimidas o carentes de plenitud de derechos.

El primer camino es ir junto con los capitalistas, en interés de los capitalistas, para alcanzar los fines de los capitalistas; es el camino de la confianza en los capitalistas, que desde hace tres años prometen todo lo imaginable y mucho más, a condición de que la guerra «se prosiga» «hasta la victoria».

El segundo camino es el de la ruptura con los capitalistas, de la desconfianza hacia ellos, el del freno a su sucia codicia y a sus ganancias de centenares de millones en los suministros; es el camino de la confianza en las clases oprimidas y, ante todo, en los obreros de todos los países, el camino de la confianza en la revolución obrera internacional contra el capital, el de su apoyo por todos los medios.

No hay más elección que entre estos dos caminos. Tsereteli, Chernov y Cía. son aficionados a los caminos intermedios. En este punto no puede haber justo medio, y si vacilan o se contentan con frases, Tsereteli, Chernov y Cía. acabarán por deslizarse definitivamente al papel de instrumentos en manos de la burguesía contrarrevolucionaria.

«Pravda» nº 74, 19 (6) de junio de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».