Ni mucho menos todos comprenden que el nuevo gobierno de coalición es precisamente una alianza de los capitalistas con los líderes de los populistas y mencheviques. Es posible que los propios ministros pertenecientes a estos últimos partidos no lo comprendan. Sin embargo, es un hecho.

Este hecho se puso de manifiesto de manera especialmente clara el domingo 4 de junio, cuando aparecieron en la prensa, por la mañana, los informes de los discursos de Miliukov y Maklakov en la reunión de los contrarrevolucionarios de la tercera Duma (la llamada, por tradición de Nikolái Románov y de Stolypin el Verdugo, «Duma de Estado»), y por la tarde, en el Congreso Panruso de los Soviets de Diputados Soldados y Obreros, los ministros Tsereteli y otros pronunciaron sus discursos en defensa del gobierno, en defensa de la política de ofensiva.

Miliukov y Maklakov, como todos los dirigentes capitalistas y contrarrevolucionarios que se precien de serlo, son hombres de acción que comprenden perfectamente el sentido de la lucha de clases cuando afecta a su clase. Por eso plantearon la cuestión de la ofensiva con absoluta claridad, sin perder ni un minuto en la charlatanería más vacía sobre la ofensiva desde el punto de vista estratégico, charlatanería con la que Tsereteli se engañaba a sí mismo y a los demás.

No, los kadetes saben bien lo que está en juego. Saben que la cuestión de la ofensiva no es plantead a hoy por la vida como una cuestión estratégica, sino como una cuestión política, como la cuestión del viraje de toda la revolución rusa. Precisamente desde el punto de vista político la plantearon los kadetes en la «Duma de Estado», como la plantearon ya el sábado por la noche, en su declaración escrita al Presidium del Congreso de los Soviets, los bolcheviques y los internacionalistas en general.

«El destino de Rusia está en sus manos —proclamó el conocido colaborador de Stolypin el Verdugo, Maklakov—, y ese destino se decidirá muy pronto» (¡bien, bien!). «Si realmente logramos pasar a la ofensiva y hacer la guerra no solo con resoluciones, no solo con discursos en mítines y con banderas que se pasean por la ciudad, sino hacer la guerra tan seriamente como la hicimos antes» (¡escuchad, escuchad!, son palabras históricas del líder de los capitalistas: «como la hicimos antes»), «entonces llegará rápidamente el completo saneamiento de Rusia».

Son estas unas palabras notables que hay que aprender de memoria y meditar muchas veces. Son notables porque dicen la verdad de clase. La repitió, con un pequeño matiz, también Miliukov, quien reprochó al Soviet de Petrogrado «por qué en (su) declaración no se dice nada de la ofensiva», y subrayó que los imperialistas italianos plantearon «una modesta» (¡ironía del señor Miliukov!) «pregunta: ¿pasarán o no pasarán ustedes a la ofensiva? A lo que tampoco obtuvieron» (del Soviet de Petrogrado) «una respuesta definida». Maklakov expresó al mismo tiempo «su profundo respeto» por Kérenski, y Miliukov lo explicó así:

«Temo mucho —dijo Miliukov— que lo que está bien encauzado por nuestro» (¡bien! nuestro, es decir, ¡el que está en manos de los capitalistas!) «ministro de la Guerra, vuelva a descomponerse desde aquí y que dejemos pasar el último momento en que, a la pregunta de nuestros aliados de si vamos a actuar o no, todavía podamos» (¡fíjense en ese «todavía»!) «dar una respuesta satisfactoria para nosotros y para ellos».

«Para nosotros y para ellos»: ¡para los imperialistas rusos y los anglo-franceses y demás! La ofensiva «todavía puede» «satisfacerlos», es decir, ayudar a terminar de ahogar a Persia, Albania, Grecia, Mesopotamia, asegurar la conservación de todo el botín arrebatado a los alemanes y quitar el botín acumulado por los bandidos alemanes. He ahí la esencia. He ahí la verdad de clase sobre el significado político de la ofensiva. Satisfacer los apetitos de los imperialistas de Rusia, Inglaterra, etc., prolongar la guerra imperialista, de rapiña, tomar el camino no de la paz sin anexiones (ese camino solo es posible si continúa la revolución), sino de la guerra por las anexiones.

Tal es la esencia de la ofensiva desde el punto de vista de la política exterior. Y Maklakov, en la frase histórica antes citada, definió esa esencia desde el punto de vista de la política interior. El «completo saneamiento de Rusia», en boca de Maklakov, significa la victoria completa de la contrarrevolución. Quien no haya olvidado los hermosos discursos de Maklakov sobre la época de 1905 y de 1907-1913, encontrará confirmación de esta valoración en casi todos ellos.

Hacer la guerra «como la hicimos antes»: «nosotros», es decir, ¡los capitalistas con el zar a la cabeza! Hacer esa guerra imperialista significa «sanear» Rusia, es decir, asegurar la victoria de los capitalistas y los terratenientes.

Esto es la verdad de clase.

La ofensiva, cualesquiera que sean sus posibles resultados desde el punto de vista militar, significa políticamente el fortalecimiento del espíritu del imperialismo, de los sentimientos imperialistas, del entusiasmo por el imperialismo, el fortalecimiento del viejo mando del ejército, no renovado («hacer la guerra como la hicimos antes»), el fortalecimiento de las posiciones fundamentales de la contrarrevolución.

Con absoluta independencia de si lo desean o no, de si tienen conciencia de ello o no, Tsereteli y Kérenski, Skóbelev y Chernov —no como personas, sino como líderes de los partidos de los populistas y mencheviques— han apoyado a la contrarrevolución, se han pasado —en este momento decisivo— a su lado, han ocupado una posición dentro de la alianza para detener la revolución y para continuar la guerra «como la hicimos antes».

No debemos hacernos ilusiones al respecto.

«Pravda» núm. 74, 19 (6) de junio de 1917.  
Publicado según el texto del periódico «Pravda».