En el presente número publicamos la resolución sobre las medidas económicas de lucha contra la devastación, adoptada por la conferencia de los comités fabriles.

La idea fundamental de esta resolución es contraponer, a la frase burguesa y pequeñoburgués-burocrática sobre el control, las condiciones de un control real sobre los capitalistas, sobre la producción. La burguesía miente, haciendo pasar por «control» medidas estatales planificadas para garantizar ganancias triples, cuando no décuples, a los capitalistas. Los pequeñoburgueses, mitad por ingenuidad, mitad por interés, confían en los capitalistas y en el Estado capitalista, conformándose con vacíos proyectos burocráticos sobre el control. La resolución adoptada por los obreros coloca en primer plano lo principal: 1) cómo hacer que en la práctica «no se salvaguarden» las ganancias de los capitalistas; 2) cómo desgarrar el velo del secreto comercial; 3) cómo dar a los obreros la mayoría en las instituciones de control; 4) que la organización (del control y la dirección), siendo una organización «a escala nacional», sea dirigida por los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, y no por los capitalistas.

Sin esto, todas las conversaciones sobre el control y la regulación son palabras vacías o simplemente un engaño al pueblo.

Y he aquí que contra esta verdad, de inmediata comprensión para todo obrero consciente y reflexivo, se alzaron los líderes de nuestra pequeña burguesía, los populistas y mencheviques (*Izvéstia*, *Rábochaya Gazeta*). Hacia ellos resbalaron esta vez, por desgracia, los escritores de *Nóvaya Zhizn*, que en repetidas ocasiones habían oscilado entre nosotros y ellos.

Los camaradas Avílov y Bazárov encubren su «caída» en el pantano de la credulidad pequeñoburguesa, el conciliacionismo y el proyectismo burocrático con argumentos que suenan a marxistas. Examinemos estos argumentos.

Nosotros, los pravdistas, al defender la resolución de la Oficina Organizadora (adoptada por la conferencia), ¡supuestamente nos apartamos del marxismo hacia el sindicalismo! ¡Avergüéncense, camaradas Avílov y Bazárov! ¡Semejante negligencia (o semejante tergiversación) está a la altura solo de *Rech* y *Yedinstvo*! No hay ni rastro en nosotros de nada parecido al cómico traspaso de los ferrocarriles a manos de los ferroviarios, de las fábricas de curtidos a manos de los curtidores, sino que existe el control obrero, que se convierte en una completa regulación de la producción y la distribución por los obreros, en una «organización nacional» del intercambio de pan por productos, etc. (con «amplia participación de las cooperativas urbanas y rurales»), existe la reivindicación del «traspaso de todo el poder estatal a manos de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos».

Solo quienes no leyeron completa la resolución o no saben leer, podrían de buena fe ver en ella sindicalismo.

Y solo los pedantes, que han entendido el marxismo igual que lo «entendieron» Struve y todos los funcionarios liberales, pueden razonar: «Saltar por encima del capitalismo de Estado es una utopía», «incluso entre nosotros el propio tipo de regulación debe conservar un carácter estatal-capitalista».

Tomemos al sindicato azucarero, o a los ferrocarriles del Estado en Rusia, o a los reyes del petróleo, etc. ¿Qué es esto sino capitalismo de Estado? ¿Acaso es posible «saltar» por encima de lo que ya existe?

Ahí está la cuestión: eludiendo las tareas concretas planteadas por la vida viva, que en la práctica ha unido en Rusia los sindicatos en la industria y la economía pequeñocampesina en las aldeas, quienes han convertido el marxismo en una doctrina «burguesa y acartonada» se evaden con disquisiciones pretendidamente doctas, pero en realidad vacías, sobre la «revolución permanente», la «introducción» del socialismo y demás sandeces.

¡Al grano, al grano! ¡Menos excusas, más cerca de la práctica! ¿Dejar o no intactas las ganancias de los suministros de guerra, las ganancias del 500 % y cosas por el estilo, sí o no? ¿Dejar o no inviolable el secreto comercial, sí o no? ¿Dar o no a los obreros la posibilidad de ejercer el control, sí o no?

He aquí, a estas cuestiones prácticas, los camaradas Avílov y Bazárov no dan respuesta y —sin percatarse de ello— descienden al papel de cómplices de la burguesía mediante razonamientos «struvistas», que suenan «casi marxistas». La burguesía nada desea tanto como responder a las demandas del pueblo sobre las escandalosas ganancias de los proveedores de guerra y sobre la devastación con disquisiciones «doctas» acerca del «carácter utópico» del socialismo.

Estos razonamientos son ridículamente necios, pues la imposibilidad objetiva del socialismo está vinculada a la pequeña economía, a la que no pretendemos en absoluto ni expropiar, ni siquiera regular, ni siquiera controlar.

Esa «regulación estatal» de la que hablan los mencheviques, los populistas y todos los funcionarios (que arrastraron consigo a los camaradas Avílov y Bazárov) para salir del paso, esos proyectos que elaboran para salvaguardar las ganancias de los capitalistas, esas peroratas que pronuncian para dejar inviolable el secreto comercial, esa regulación estatal precisamente nos esforzamos por que no sea un engaño. ¡He aquí la esencia, queridos casi marxistas, y no en la «introducción» del socialismo!

La regulación y el control no de la clase capitalista sobre los obreros, sino al revés: he aquí la esencia. No la confianza en el «Estado», digna de los Louis Blanc, sino la exigencia por los proletarios y semiproletarios de un Estado dirigido: así debe ser la lucha contra la devastación. Cualquier otra solución es frase y engaño.

*Pravda* n.º 73, 17 (4) de junio de 1917.

Se publica según el texto del periódico *Pravda*.