Todos claman por un «poder firme». La salvación está en la dictadura, en la «disciplina férrea», en hacer callar y someter a todos los que no obedecen, «por la derecha» y «por la izquierda». Nosotros sabemos a quiénes quieren hacer callar. Los derechistas no gritan, trabajan. Unos en el ministerio, otros en las fábricas con amenazas de lockouts, órdenes de disolución de regimientos, amenazas de presidio. Los Konoválov y los Teréshchenko, con la ayuda de los Kérenski y los Skóbelev, trabajan organizadamente en su propio beneficio. Y a ellos no hay que obligarlos a callar…

Nosotros sólo disponemos de la palabra.

Y de esta palabra nos quieren privar…

No se permite llevar «Pravda» al frente. Los «agentes» de Kiev han decidido no distribuir «Pravda». La «Unión de los Zemstvos» no vende «Pravda» en sus quioscos. Y, por último, nos prometen emprender una «lucha sistemática contra la prédica del leninismo»… («Izvestia del Soviet de Diputados Obreros y Soldados»). Pero, en cambio, todo acto espontáneo de protesta, todo exceso, dondequiera que ocurra, se nos achaca a nosotros.

También es un método de lucha contra el bolchevismo.

Un método probado.

Privadas de la posibilidad de recibir indicaciones claras y orientadoras, al sentir instintivamente la falsedad y la insatisfacción de la postura de los líderes oficiales de la democracia, las masas se ven obligadas a buscar su camino a tientas…

Como resultado, bajo la bandera del bolchevismo marcha todo descontento, todo revolucionario consciente, todo luchador indignado, todo hombre que añora su choza y no ve el fin de la guerra, y a veces quien simplemente teme por su pellejo…

Allí donde el bolchevismo tiene la posibilidad de manifestarse abiertamente, no hay desorganización.

Donde no hay bolcheviques o no les dejan hablar, allí hay excesos, allí hay descomposición, allí hay falsos bolcheviques…

Y eso es precisamente lo que necesitan nuestros enemigos.

Necesitan un pretexto para decir: «los bolcheviques descomponen el ejército», y luego tapar la boca a los bolcheviques.

Para separarnos de una vez por todas tanto de la calumnia de los «enemigos» como de las más absurdas tergiversaciones del bolchevismo, reproducimos el final de una proclama distribuida por uno de los delegados en las tropas ante el Congreso Panruso.

He aquí:

«¡Camaradas! Debéis decir vuestra palabra.

¡No al acuerdo con la burguesía!

¡Todo el poder al Soviet de diputados obreros y soldados!

Eso no significa que se deba derrocar ahora y desobedecer al gobierno actual. Mientras la mayoría del pueblo lo apoye y confíe en que los cinco socialistas sabrán arreglárselas con los restantes, no podemos desperdigar nuestras propias fuerzas con motines aislados.

¡Jamás!

¡Conservad las fuerzas! ¡Celebrad mítines! ¡Aprobad resoluciones! ¡Exigid el paso total del poder al Soviet de diputados obreros y soldados! ¡Convenced a los que no estén de acuerdo! ¡Enviadme vuestra resolución al Congreso en Petrogrado en nombre del regimiento, para que yo pueda hacer referencia a vuestra voz!

¡Pero cuidaos de los provocadores que, escudándose bajo el nombre de bolcheviques, tratarán de llamaros al desorden y a los motines, queriendo ocultar su propia cobardía! Sabed que, yendo ahora con vosotros, os venderán al viejo régimen al primer instante de peligro.

Los verdaderos bolcheviques os llaman no al motín, sino a la lucha revolucionaria consciente.

¡Camaradas! El Congreso Panruso elegirá representantes ante los cuales, hasta la convocatoria de la Asamblea Constituyente, el Gobierno Provisional deberá rendir cuentas.

¡Camaradas! En ese Congreso yo exigiré:

En primer lugar: la entrega de todo el poder al Soviet de diputados obreros y soldados.

En segundo lugar: el llamamiento inmediato, con propuestas de paz sin anexiones ni contribuciones, en nombre del pueblo, a los pueblos y gobiernos de todas las potencias beligerantes, tanto aliadas como enemigas. Que pruebe entonces cualquier gobierno a negarse: será derrocado por su propio pueblo.

En tercer lugar: la confiscación, para las necesidades del Estado, del dinero de aquellos que se enriquecieron con la guerra, mediante la confiscación de las ganancias de guerra de los capitalistas.

¡Camaradas! Sólo mediante la entrega del poder a la democracia en Rusia, en Alemania, en Francia, mediante el derrocamiento de los gobiernos burgueses en todos los países, podrá ponerse fin a la guerra.

Nuestra revolución ha iniciado esto: nuestra tarea consiste en, mediante el llamamiento del gobierno popular plenipotenciario de Rusia con propuestas de paz a todos los gobiernos de Europa, mediante el fortalecimiento de la alianza con la democracia revolucionaria de Europa Occidental, dar un nuevo impulso a la revolución mundial.

¡Y entonces, pobre de aquel gobierno de la burguesía que, a pesar de todo, quiera seguir guerreando!

Junto con su pueblo, marcharemos contra ese gobierno en una guerra revolucionaria.

Para decir todo esto en vuestro nombre a nuestro gobierno en Petrogrado, he sido elegido al congreso en Petrogrado.

Miembro del Comité del Ejército del XI Ejército, delegado del Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (bolchevique) en el Congreso del Frente Sudoccidental, alférez Krilenko»{98}.

Cualquiera que se haya tomado la molestia de leer las resoluciones de nuestro partido no puede dejar de ver que su esencia ha sido expresada con toda fidelidad por el camarada Krilenko.

No al desorden y a los motines, sino a la lucha revolucionaria consciente llaman los bolcheviques al proletariado, a los campesinos más pobres y a todos los trabajadores y explotados.

Sólo un poder verdaderamente popular, es decir, perteneciente a la mayoría del pueblo, es capaz de emprender el camino correcto que conduce a la humanidad a derrocar el yugo de los capitalistas, a librarse de los horrores y desastres de la guerra imperialista y a una paz duradera y justa.

«Pravda» Nº 72, 16 (3) de junio de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».