Kiev, 30 de mayo. En la sesión del Congreso Panucraniano de Campesinos fue leído un telegrama del ministro de la Guerra, Kerenski, en el que este, alegando circunstancias militares, considera inoportuna la convocatoria del Segundo Congreso Militar Ucraniano. El congreso consideró la orden del ministro como una violación de la libertad de reunión respecto a los ucranianos y envió al Gobierno Provisional y al Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado un telegrama con el siguiente contenido:

«Llamamos la atención sobre el primer caso de violación de la ley de libertad de reunión, aplicada por el ministro Kerenski respecto al congreso militar ucraniano. Declinamos toda responsabilidad por las posibles consecuencias de la violación de los principios democráticos de la nueva vida en relación con los ucranianos y, expresando una enérgica protesta, esperamos una respuesta inmediata a las demandas presentadas al Gobierno Provisional por la delegación de la Rada Central de Ucrania».

Este mensaje, sin duda, provoca una profunda alarma en las filas de los obreros socialistas.

¡El ministro de la Guerra considera «inoportuno» el congreso de los ucranianos y, con su autoridad, prohíbe este congreso! Hace muy poco el ciudadano Kerenski «disciplinaba» a Finlandia; ahora ha decidido «disciplinar» a los ucranianos. ¡Y todo esto se hace en nombre de la «democracia»!

En cierta ocasión, A. I. Herzen dijo que cuando uno mira las «hazañas» de las clases dominantes de Rusia, le da vergüenza reconocerse ruso{97}. Esto se decía cuando Rusia gemía bajo el yugo del régimen de servidumbre, cuando el knut y el palo dominaban nuestro país.

Ahora Rusia ha derrocado al zar. Ahora quienes hablan en nombre de Rusia son los Kerenski y los Lvov. La Rusia de los Kerenski y los Lvov trata a las nacionalidades subordinadas de tal manera que, también ahora, involuntariamente vienen a la lengua las amargas palabras de A. I. Herzen.

No hablamos ya de que con su política nacionalista de «gran potencia», el señor Kerenski no hace más que fortalecer, que avivar precisamente esas aspiraciones «separatistas» contra las que los Kerenski y los Lvov quieren luchar.

Preguntamos: ¿es compatible con la dignidad, no ya del socialismo, sino de la simple democracia, este menosprecio hacia las nacionalidades oprimidas? Preguntamos: ¿dónde está el límite de las «travesuras» del señor Kerenski y de los que están con él?

Preguntamos al Partido de los «Socialistas-Revolucionarios»: ¿Aprueba acaso la prohibición del congreso ucraniano por parte de su miembro honorario, el ciudadano Kerenski?

Se nos informa que en el Comité Ejecutivo del Soviet de Diputados Obreros y Soldados se acordó ayer invitar al ciudadano Kerenski especialmente para una explicación con él sobre el problema de la autodeterminación de las naciones y la política nacional en general.

Y también dicen que la «comisión de contacto» ha pasado a mejor vida. ¡En absoluto, señores! La dualidad de poderes se mantiene. De la situación actual no hay otra salida que el traspaso de todo el poder a los Soviets de diputados obreros y soldados.

«Pravda» n.º 71, 15 (2) de junio de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Pravda».