El torrente turbio de mentiras y calumnias, vertido por los periódicos de los capitalistas sobre los camaradas de Kronstadt, ha revelado una vez más toda la deshonestidad de estos periódicos, que inflaron el más común e insignificante incidente hasta las dimensiones de un acontecimiento "de Estado" de "secesión" de Rusia y demás por el estilo.

Las "Izvestia del Soviet de Petrogrado", en su número 74, informan de la liquidación de los sucesos de Kronstadt: como era de esperar, a los ministros Tsereteli y Skóbelev les fue fácil llegar a un acuerdo con los marinos de Kronstadt sobre una resolución de compromiso. Sobra decir que expresamos la esperanza y la certeza de que esta resolución de compromiso, a condición de ser lealmente observada por ambas partes, creará durante un tiempo suficientemente largo la posibilidad de una labor revolucionaria sin conflictos en Kronstadt y en el resto de Rusia.

El incidente de Kronstadt tiene para nosotros una importancia de principio en dos sentidos.

En primer lugar, ha puesto de manifiesto el hecho, observado por nosotros desde hace tiempo y reconocido oficialmente en la resolución de nuestro partido (sobre los Soviets), de que en las localidades la revolución ha ido más lejos que en Petrogrado{89}. No sólo los kadetes, sino también los populistas, junto con los mencheviques, dejándose arrastrar por la fraseología revolucionaria reinante en todas partes, no quisieron –o no supieron– meditar sobre el significado de este hecho.

En segundo lugar, el incidente de Kronstadt ha planteado una cuestión programática de principio muy importante, que ningún demócrata honesto, por no hablar ya de un socialista, puede pasar por alto con indiferencia. Es la cuestión del derecho del poder central a confirmar a los funcionarios electos de la población local.

Los mencheviques, a cuyo partido pertenecen los ministros Tsereteli y Skóbelev, siguen pretendiendo ser marxistas. Tsereteli y Skóbelev defendieron la resolución sobre dicha confirmación. ¿Pensaron acaso entonces en su deber como marxistas?

Si el lector halla ingenua esta pregunta y observa que, de hecho, los mencheviques se han convertido hoy plenamente en un partido pequeñoburgués y, además, defensista (es decir, chovinista), de modo que resulta ridículo hablar de marxismo, no lo discutiremos. Sólo diremos que el marxismo siempre ha prestado gran atención a las cuestiones del democratismo en general, y difícilmente se puede negar a los ciudadanos Tsereteli y Skóbelev el título de demócratas.

Al defender esta resolución sobre la "confirmación" por el Gobierno Provisional de los funcionarios electos por la población de Kronstadt, ¿pensaron en su deber como demócratas? ¿En su "título" de demócratas?

Es evidente que no.

Para confirmar esta conclusión, citaremos la opinión de un autor que, probablemente, aún a los ojos de Tsereteli y Skóbelev no ha perdido del todo su autoridad científica y marxista. Este autor es Friedrich Engels.

En 1891, criticando el proyecto de programa de la socialdemocracia alemana (el ahora llamado Programa de Erfurt){90}, Engels escribió que el proletariado alemán necesita una república única e indivisible.

«Pero no una república como la actual francesa —añadía Engels—, que no es sino el imperio fundado en 1798 sin el emperador. De 1792 a 1798, cada departamento francés, cada comuna gozó de una completa autoadministración, según el modelo norteamericano. Esto es precisamente lo que también nosotros» (es decir, los socialdemócratas alemanes) «debemos conquistar». «Cómo debe organizarse la autoadministración y cómo se puede prescindir de la burocracia nos lo han demostrado América y la primera república francesa, y nos lo demuestran hoy todavía Australia, Canadá y otras colonias inglesas. Y una autoadministración regional y comunal de este tipo es mucho más libre que, por ejemplo, el federalismo suizo, donde el cantón es realmente muy independiente de la “Bund”» (es decir, del poder central del Estado), «pero a la vez es también independiente respecto a las subdivisiones más pequeñas del cantón: el distrito (Bezirk) y la comuna. Los gobiernos cantonales nombran a los comisarios distritales (Stattgalters) y a los prefectos. En los países de habla inglesa, semejante derecho de nombramiento es completamente desconocido, y nosotros debemos en el futuro rechazar muy cortésmente este derecho» (de nombramiento desde arriba), «así como debemos rechazar a los Landräte (jefes de distrito) y a los Regierungsräte» (gobernadores o comisarios) prusianos{91}.

Así juzgaba Friedrich Engels las cuestiones del democratismo en lo referente al derecho de nombrar funcionarios desde arriba. Y para expresar sus puntos de vista de manera más tajante, directa y precisa, proponía a los socialdemócratas alemanes insertar en el programa del partido la siguiente reivindicación:

«Plena autoadministración en la comuna, el distrito y la región mediante funcionarios elegidos por sufragio universal; abolición de todas las autoridades locales y regionales nombradas por el Estado».

Las palabras subrayadas no dejan nada que desear en cuanto a contundencia y claridad.

¡Estimados ciudadanos ministros, Tsereteli y Skóbelev! Probablemente os halaga mucho que vuestros nombres entren en los manuales de historia. Pero, ¿os halaga que todo marxista –y todo demócrata honesto– se vea obligado a decir: los ministros Tsereteli y Skóbelev ayudaron a los capitalistas rusos a construir en Rusia una república tal, que en realidad no resultó ser una república, sino una monarquía sin monarca?

P. S. Este artículo fue escrito antes de la última fase del incidente de Kronstadt, de la que hablan hoy los periódicos. El acuerdo de compromiso no ha sido violado por los marinos de Kronstadt: nadie ha señalado un solo hecho, ni remotamente parecido a una violación del acuerdo. Las referencias de "Rech" a artículos en los periódicos son una evasiva, pues el acuerdo puede ser violado no con artículos, sino únicamente con hechos. Y el hecho sigue siendo un hecho: los ministros Tsereteli, Skóbelev y Cía. se dejaron amedrentar por centésima y milésima vez por los gritos de la burguesía amedrentada y pasaron a las burdas amenazas contra los marinos de Kronstadt. Amenazas insensatas, absurdas y que sólo sirven a la contrarrevolución.

«Pravda» № 68, 10 de junio (28 de mayo) de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda»