Todos piensan, todos hablan acerca de cómo terminar la guerra.

Casi todos los obreros y campesinos están de acuerdo en que la guerra la comenzaron los capitalistas, en que es necesaria a los capitalistas de todos los países. Precisamente eso dicen las resoluciones de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos.

Y ésta es una verdad indiscutible.

Las divergencias comienzan más allá, con la cuestión de cómo avanzar hacia el fin de la guerra (pues terminarla de inmediato – todos lo entienden – es imposible). ¿Avanzar mediante acuerdos con los capitalistas y, de ser así, qué acuerdos? ¿O mediante la revolución obrera, es decir, mediante el derrocamiento de los capitalistas? He ahí la cuestión principal y fundamental.

En esta cuestión nuestro partido discrepó del Soviet de Petrogrado de diputados obreros y soldados, del Soviet de toda Rusia de diputados campesinos, pues ambos Soviets se inclinan por resolver la cuestión a favor de los capitalistas y a través de los capitalistas.

La resolución del Soviet de toda Rusia de diputados campesinos sobre la guerra lo confirmó de manera particularmente evidente. En concordancia con el célebre – y no menos confuso – llamamiento a los pueblos del mundo (del 14 de marzo), esta resolución exige:

«...una paz sin anexiones ni indemnizaciones, con el derecho de cada pueblo, dentro de las fronteras del Estado en que viva, a decidir autónomamente su destino».

Aquí la cuestión de las anexiones (conquistas) no está planteada como la plantearon en días pasados las "Izvestia del Soviet de Petrogrado de Diputados Obreros y Soldados" y "Delo Naroda" (véase "Pravda" nº 60 del 18 de mayo[13]).

Estos dos últimos órganos, dirigidos por el bloque de narodnikis y mencheviques, se enredaron por completo al declarar: sin anexiones significa dejar las cosas como estaban antes de la guerra (en latín esto se dice: paz sin anexiones significa statu quo).

Tal solución – hay que decir la verdad – es resolver la cuestión mediante un acuerdo con los capitalistas y entre los capitalistas. Significa: dejemos las viejas conquistas (realizadas antes de la guerra) y que no haya otras nuevas.

Tal solución, en primer lugar, ningún socialista puede justificar sin traicionar al socialismo. No es tarea de un socialista reconciliar a los capitalistas sobre la vieja repartición del botín, es decir, de las conquistas. Esto está claro. Tal solución, en segundo lugar, es irrealizable en cualquier caso sin una revolución contra el capital, por lo menos contra el capital anglo-japonés, pues cualquiera que no haya perdido el juicio ve que Japón no devolverá Kiaochao, ni Inglaterra Bagdad y las colonias en África, sin una revolución.

La solución campesina definió de otro modo las anexiones (conquistas), al proclamar el derecho de «cada» pueblo (es decir, también del anexionado, o sea, del incorporado por la fuerza antes de la guerra) a la libertad, a «decidir autónomamente su destino».

Esta es la única solución correcta desde el punto de vista de un demócrata verdaderamente consecuente, y más aún de un socialista. Ningún socialista, si sigue siendo socialista, puede plantear la cuestión de las anexiones (conquistas) de otro modo, no puede negar a cada pueblo el derecho a la autodeterminación, a la libertad de separación.

Pero no nos engañemos: tal exigencia significa una revolución contra los capitalistas. Y, ante todo, en primer lugar, los capitalistas ingleses, que poseen más anexiones (conquistas) que cualquier otra nación del mundo, no aceptarán tal exigencia (sin una revolución).

Ambas exigencias, ambos deseos – tanto el deseo de renunciar a las anexiones en el sentido de restaurar lo viejo («statu quo»), como el deseo de renunciar a las nuevas y a las viejas, a todas las anexiones –, ambos deseos son irrealizables sin una revolución contra el capital, sin el derrocamiento de los capitalistas. ¡No se puede engañar ni a sí mismo ni al pueblo acerca de esto!

O bien predicar y esperar acuerdos con los capitalistas – lo que equivale a inculcar a los pueblos confianza en sus peores enemigos –, o bien confiar en la revolución obrera, únicamente en ella, y concentrar todos los esfuerzos en el derrocamiento de los capitalistas.

Es necesario elegir entre estos dos caminos hacia el fin de la guerra.

"Pravda" nº 65, 7 de junio (25 de mayo) de 1917.

Publicado según el texto del periódico "Pravda"