Nuestro partido concurre a las elecciones con listas propias e independientes. Según datos preliminares recibidos por el secretariado del Comité Central, en 4 de los 12 distritos (Moscú, Rozhdéstvenski, Kolpino y Pórojovski) estas listas se han formado sin bloque alguno. En todos los demás distritos nos coaligamos solo con los internacionalistas: concretamente, en 6 distritos (2.º de la ciudad, Narva, Lado de Petrogrado, Moscú, 1.º de la ciudad y Vasílievski) con los interdistritales{40} (que, como se sabe, condenaron del modo más resuelto la entrada de los populistas y mencheviques en el ministerio de los capitalistas); luego, en 4 distritos (Výborgski, Nevski, 1.º de la ciudad y Vasílievski) con los mencheviques internacionalistas{41}, adversarios del ministerialismo “socialista”{42}, y en un distrito (Nevski) también con internacionalistas del partido socialista revolucionario que condenan el ministerialismo de su partido.

Esta unión con los internacionalistas de otros partidos se ajusta plenamente tanto a las resoluciones de nuestras conferencias (la de Petrogrado{43} y la de toda Rusia) como a la línea de principios del partido proletario contra el defensismo pequeñoburgués y el ministerialismo de mencheviques y populistas.

La propaganda del “bloque de izquierdas”, realizada entre otros por “Nóvaya Zhizn”, no ha podido, naturalmente, hacer vacilar la decisión de nuestro partido. Es falso, radicalmente falso, que las elecciones municipales “no revistan un carácter político tan acusado” (como las elecciones a la Asamblea Constituyente). Igualmente falso es que “los programas municipales de los distintos partidos socialistas (??) se diferencien poco entre sí”. Repetir tan extraños discursos sin responder en lo sustancial a los argumentos de “Pravda” significa eludir el análisis de un problema de la mayor importancia o sencillamente rendirse.

Reducir las elecciones en la capital durante la revolución a un programa puramente (o aunque sea predominantemente) “municipal” es algo monstruosamente absurdo. Es una burla de la experiencia de todas las revoluciones. Es una mofa del sano juicio de los obreros, que saben perfectamente que el papel de Petersburgo es dirigente y, a veces, decisivo.

Los kadetes agrupan a toda la derecha, a toda la contrarrevolución, a todos los terratenientes y capitalistas. Están con el gobierno, quieren reducir el Petrogrado revolucionario al papel de comparsa del gobierno de los capitalistas, que tienen 10 ministros frente a 6 populistas y mencheviques.

Contra los kadetes, chovinistas, partidarios de la guerra por los estrechos, marcha el partido del proletariado, absolutamente hostil al imperialismo, el único capaz de romper con los intereses del capital, de tomar serias medidas revolucionarias sin las cuales es imposible ayudar a las masas trabajadoras en el momento en que se avecina y está ya muy próxima una catástrofe de proporciones inmensas. Sin medidas revolucionarias no hay salvación. Sin la milicia obrera, como paso hacia la creación inmediata de una milicia de todo el pueblo, es imposible, incluso con la mejor voluntad, aplicar tales medidas, es imposible librarse, en particular, de las “colas” y de la desorganización del abastecimiento.

Y la “línea media”, la línea de la pequeña burguesía, de los mencheviques y los populistas, que proclaman buenos deseos y se debilitan a sí mismos mediante la conciliación con los capitalistas y la sumisión a los capitalistas (¡6 ministros contra 10!), esa línea carece de vitalidad. Las masas se convencerán pronto de ello por experiencia, aunque temporalmente lleguen a creer en la “conciliación” con los capitalistas.

Quien esté por la realización efectiva de los intereses de las masas trabajadoras, por la eliminación de la policía y su sustitución por la milicia de todo el pueblo, por medidas revolucionarias serias para sacar al país de la crisis inaudita, de la ruina inaudita, debe votar por las listas del partido proletario, el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (bolcheviques).

“Pravda” núm. 56, 26 (13) de mayo de 1917.
Se imprime según el texto del periódico “Pravda”