El Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (bolchevique), al que tengo el honor de pertenecer, quiso autorizarme para representar a nuestro partido en el congreso campesino. No habiendo podido hasta ahora, por enfermedad, cumplir este encargo, me permito dirigirme a vosotros con la presente carta abierta para saludar la unificación de todo el campesinado ruso y señalar brevemente las profundas divergencias que separan a nuestro partido del partido de los «socialistas-revolucionarios» y de los «socialdemócratas mencheviques».

Estas profundas divergencias atañen a las tres cuestiones más importantes: la tierra, la guerra y la organización del Estado.

Toda la tierra debe pertenecer al pueblo. Todas las tierras de los terratenientes deben pasar a los campesinos sin rescate. Esto está claro. La discusión versa sobre si los campesinos locales deben tomar inmediatamente toda la tierra, sin pagar a los terratenientes ningún arriendo y sin esperar a la Asamblea Constituyente, o no.

Nuestro partido piensa que sí deben, y aconseja a los campesinos locales tomar en el acto toda la tierra, haciéndolo del modo más organizado posible, sin permitir de ninguna manera el deterioro de los bienes y aplicando todos los esfuerzos para que la producción de pan y carne aumente, pues los soldados en el frente padecen terriblemente. La Asamblea Constituyente establecerá la disposición definitiva de la tierra, y su disposición preliminar ahora, de inmediato, para la siembra de primavera, es de todos modos imposible más que por las instituciones locales, pues nuestro Gobierno Provisional, gobierno de terratenientes y capitalistas, aplaza la convocatoria de la Asamblea Constituyente y hasta ahora ni siquiera ha fijado la fecha de su convocatoria.

Sólo las instituciones locales pueden disponer preliminarmente de la tierra. La siembra de los campos es necesaria. La mayoría de los campesinos locales sabrá perfectamente disponer de la tierra de modo organizado, arar y sembrar toda la tierra. Esto es necesario para mejorar la alimentación de los soldados en el frente. Por eso es inadmisible esperar a la Asamblea Constituyente. No negamos en absoluto el derecho de la Asamblea Constituyente a establecer definitivamente la propiedad popular de la tierra y las condiciones de su disposición. Pero preliminarmente, ahora mismo, esta primavera, deben disponer de la tierra los propios campesinos locales. Los soldados del frente pueden y deben enviar delegados a las aldeas.

Además, para que toda la tierra sea de los trabajadores, es necesaria una estrecha alianza de los obreros urbanos con los campesinos más pobres (semiproletarios). Sin tal alianza no se puede vencer a los capitalistas. Y si no se les vence, ningún traspaso de la tierra a manos del pueblo librará de la miseria popular. La tierra no se come, y sin dinero, sin capital, no hay de dónde obtener aperos, ganado, semillas. Los campesinos no deben confiar en los capitalistas ni en los campesinos ricos (éstos son los mismos capitalistas), sino sólo en los obreros urbanos. Sólo en alianza con ellos lograrán los campesinos más pobres que tanto la tierra como los ferrocarriles, los bancos y las fábricas pasen a ser propiedad de todos los trabajadores; sin esto, con el solo traspaso de la tierra al pueblo, no se puede eliminar la penuria y la miseria.

En algunas localidades de Rusia, los obreros ya están pasando a establecer la supervisión (control) obrero sobre las fábricas. Tal supervisión obrera es ventajosa para los campesinos, traerá el aumento de la producción y el abaratamiento de los productos. Los campesinos deben apoyar con todas sus fuerzas esta iniciativa de los obreros y no creer las calumnias de los capitalistas contra los obreros.

La segunda cuestión es la de la guerra.

Esta guerra es de rapiña. La libran los capitalistas de todos los países por sus fines de rapiña, por el aumento de sus ganancias. Al pueblo trabajador, esta guerra no le trae ni puede traerle en ningún caso nada más que muerte, horrores, devastación, embrutecimiento. Por eso nuestro partido, el partido de los obreros conscientes, el partido de los campesinos más pobres, condena resuelta e incondicionalmente esta guerra, se niega a justificar a los capitalistas de un país frente a los capitalistas de otro país, se niega a apoyar a los capitalistas de cualquier país que sea, y lucha por el fin más rápido de la guerra mediante el derrocamiento de los capitalistas en todos los países, mediante la revolución obrera en todos los países.

En nuestro actual y nuevo Gobierno Provisional, 10 ministros pertenecen a los partidos de los terratenientes y capitalistas, y 6 a los partidos «narodnikis» («socialistas-revolucionarios») y «mencheviques socialdemócratas». Según nuestra convicción, los narodnikis y mencheviques cometen un profundo y fatal error al entrar en el gobierno de los capitalistas y al aceptar apoyarlo en general. Hombres como Tsereteli y Chernov esperan impulsar a los capitalistas a terminar más rápida y honradamente esta guerra de rapiña. Pero estos jefes del partido de los narodnikis y mencheviques se equivocan: en realidad ayudan a los capitalistas a preparar una ofensiva de las tropas rusas contra Alemania, es decir, a prolongar la guerra, a aumentar los sacrificios inauditamente graves que el pueblo ruso ha hecho por la guerra.

Estamos convencidos de que los capitalistas de todos los países engañan al pueblo prometiendo una paz rápida y justa, mientras que en realidad prolongan la guerra de rapiña. Los capitalistas rusos, que tenían en sus manos el antiguo Gobierno Provisional y siguen teniendo en sus manos el nuevo gobierno, no quisieron ni siquiera publicar los tratados secretos de rapiña que el ex zar, Nicolás Románov, concluyó con los capitalistas de Inglaterra, Francia y otros países con el objetivo de arrebatar Constantinopla a los turcos, Galitzia a los austríacos, Armenia a los turcos, etcétera. El Gobierno Provisional confirmó y confirma estos tratados.

Nuestro partido considera que éstos son tratados tan criminales y rapaces como los tratados de los bandidos —los capitalistas alemanes y su bandido emperador Guillermo con sus aliados.

La sangre de los obreros y campesinos no debe derramarse por alcanzar tales fines rapaces de los capitalistas.

Hay que terminar cuanto antes esta guerra criminal, y no con una paz separada (particular) con Alemania, sino con una paz universal, y no con una paz de los capitalistas, sino con una paz de las masas trabajadoras contra los capitalistas. El camino para esto es uno solo: el traspaso íntegro de todo el poder estatal a manos de los Soviets de diputados obreros, soldados y campesinos, tanto en Rusia como en los demás países. Sólo tales Soviets pueden en la práctica impedir que los capitalistas engañen a los pueblos, impedir que los capitalistas prolonguen la guerra.

Y aquí he llegado a la tercera y última de las cuestiones que me he propuesto: la cuestión de la organización del Estado.

Rusia debe ser una república democrática. Con esto están de acuerdo incluso la mayoría de los terratenientes y capitalistas, que siempre estuvieron por la monarquía, pero que ahora se han convencido de que el pueblo en Rusia no permitirá por nada del mundo la restauración de la monarquía. Los capitalistas orientan ahora todos sus esfuerzos a que la república en Rusia se parezca lo más posible a una monarquía y pueda ser transformada de nuevo en monarquía con la mayor facilidad (ejemplos de ello se han dado en muchos países repetidas veces). Para esto, los capitalistas quieren conservar el funcionariado, que está por encima del pueblo, la policía y un ejército permanente, separado del pueblo y bajo el mando de generales y oficiales no elegibles. Y los generales y oficiales, si no son elegibles, casi siempre serán de entre los terratenientes y capitalistas. Esto se conoce incluso por la experiencia de todas las repúblicas del mundo.

Nuestro partido, el partido de los obreros conscientes y de los campesinos más pobres, aspira por tanto a una república democrática de otro tipo. Queremos una república en la que no haya una policía que se burle del pueblo; en la que todos los funcionarios, de abajo arriba, sean únicamente elegibles y revocables en cualquier momento a petición del pueblo; en la que su salario no sea superior al pago de un buen obrero; en la que en el ejército toda la oficialidad sea igualmente elegible y en la que el ejército permanente, separado del pueblo, puesto bajo el mando de clases ajenas al pueblo, sea sustituido por el armamento universal del pueblo, por la milicia popular.

Queremos una república en la que todo el poder del Estado, de abajo arriba, pertenezca total y exclusivamente a los Soviets de diputados obreros, soldados, campesinos y demás.

Los obreros y campesinos son la mayoría de la población. El poder debe estar en manos de ellos, y no de los terratenientes, no de los capitalistas.

Los obreros y campesinos son la mayoría de la población. El poder y la administración deben estar en manos de sus Soviets, y no de los funcionarios.

¡Éstos son nuestros puntos de vista, camaradas diputados campesinos! Estamos firmemente convencidos de que la experiencia mostrará pronto a las más amplias masas del pueblo el carácter erróneo de la política de los narodnikis y mencheviques. La experiencia mostrará pronto a las masas que no se puede salvar a Rusia —que, al igual que Alemania y otros países, está al borde de la ruina, salvar a los pueblos atormentados por la guerra— mediante el conciliacionismo con los capitalistas. A todos los pueblos puede salvarlos únicamente el traspaso de todo el poder estatal directamente a manos de la mayoría de la población. Petrogrado, 7 de mayo de 1917.

«Soldátskaya Pravda» n.° 19, 24 (11) de mayo de 1917.

Se imprime según el texto del periódico «Soldátskaya Pravda».