Es sabido que la primera palabra del Gobierno Provisional “revolucionario” en materia de política exterior fue la declaración de que todos los tratados secretos concertados por el ex zar Nicolás II con los capitalistas “aliados” quedaban en vigor y que la nueva Rusia los cumpliría santa e inviolablemente.

Se sabe, además, que nuestros “defensistas” defienden con furia la negativa de los miliukovistas a publicar los tratados secretos. Estos desdichados socialistas han llegado a tal extremo que defienden la diplomacia secreta, y para colmo, la diplomacia secreta del ex zar.

¿Por qué los defensores de la guerra imperialista guardan tan celosamente el secreto de los tratados?

¿Queréis saber por qué, camaradas obreros y soldados?

Conoced siquiera uno solo de estos nobles tratados: nos referimos a “nuestro” tratado con Italia (es decir, con los capitalistas italianos) concertado a principios de 1915.

El demócrata burgués señor V. Vodovózov, en el periódico “Dien” (del 6 de mayo de 1917), apoyándose en materiales publicados en “Nóvoye Vremia”, da a conocer el contenido de este tratado:

«Las aliadas garantizaron a Italia el Tirol meridional con Trento, toda la tierra costera, la parte septentrional de Dalmacia con las ciudades de Zara y Spalato, la parte central de Albania con Valona, las islas del mar Egeo cercanas a la costa de Asia Menor y, además, una ventajosa concesión ferroviaria en la Turquía de Asia Menor: tal es el precio de la sangre regateado por Italia. Estos engrandecimientos territoriales superan con mucho todas las reivindicaciones nacionales que Italia haya formulado jamás anteriormente. Aparte de las regiones con población italiana (Tirol meridional y Trieste), de aproximadamente 600 000 almas, Italia obtiene por el tratado tierras con más de un millón de habitantes que le son completamente ajenos etnográfica y religiosamente. Aquí entra, por ejemplo, Dalmacia, en la que el 97 por ciento de la población pertenece al pueblo serbio, mientras que los italianos constituyen en ella poco más del 2 por ciento. Es perfectamente natural que el tratado con Italia, concertado no solo sin el consentimiento, sino incluso sin conocimiento de Serbia, haya provocado en ella la más viva aflicción e irritación. Pashich, en la Skupshchina, expresó la esperanza de que el rumor sobre el tratado fuese falso, ya que la propia Italia se había unificado en nombre del principio nacional y no podía cometer nada que derrocase este principio en su misma base. Pero Pashich se equivocó: el tratado fue concertado.

Este es el único tratado, concerniente a la guerra actual, cuyo contenido conocemos, y este tratado es groseramente rapaz. Si en otros tratados se manifiestan o no instintos igualmente rapaces, eso no lo sabemos. En todo caso, para la democracia que inscribe en su bandera: “paz sin anexiones”, sería de enorme importancia saberlo».

¿“No sabemos” hasta qué punto son rapaces los otros tratados secretos? — No, señor Vodovózov, eso lo sabemos muy bien: los tratados secretos sobre el reparto de Persia, Turquía y la toma de Galitzia y Armenia son tratados de rapiña tan sucios como el tratado de rapiña con Italia.

¡Camaradas soldados y obreros! ¿Os dicen que defendéis la “libertad” y la “revolución”? En realidad, defendéis los oscuros tratados del zar, que os ocultan como se oculta una enfermedad secreta.

“Pravda” N.º 53, 23 (10) de mayo de 1917.

Se edita según el texto del periódico “Pravda”.