Los periódicos de los capitalistas, encabezados por *Rech*{16}, se desviven por asustar al pueblo con el fantasma de la «anarquía». No pasa un día sin que *Rech* grite sobre la anarquía, sin que hinche noticias y rumores sobre casos aislados, completamente insignificantes, de alteración del orden, sin que amedrente al pueblo con el fantasma de la burguesía asustada.

A *Rech*, a todos los periódicos de los capitalistas, se suman los periódicos de los populistas (incluidos los socialistas-revolucionarios{17}) y de los mencheviques, que se han dejado amedrentar. *Izvestia del Soviet de Diputados Obreros y Soldados de Petrogrado*{18}, cuyos dirigentes pertenecen en el momento actual a estos partidos, en su editorial de hoy se pasan definitivamente al lado de los propagadores de los «miedos burgueses», llegando a una declaración… ¿cómo expresarlo más suavemente?… claramente exagerada:

«Se está produciendo la descomposición en el ejército. En algunos lugares se realizan apoderamientos desordenados de tierra, exterminio y saqueo de ganado e inventario. Crece la arbitrariedad…».

Por arbitrariedad, los populistas y mencheviques, es decir, los partidos de la pequeña burguesía, entienden, entre otras cosas, la toma de toda la tierra por los campesinos sobre el terreno, sin esperar a la Asamblea Constituyente. Precisamente este espantajo («la arbitrariedad») fue el que esgrimió, como es sabido, el ministro Shingariov en su famoso telegrama, que en su día recorrió los periódicos (véase *Pravda* núm. 33)[1].

Arbitrariedad, anarquía… ¡qué palabras tan terribles! Pero que cualquier populista o menchevique que quiera pensar reflexione un poco sobre la siguiente cuestión.

Antes de la revolución, las tierras estaban en manos de los terratenientes. Esto no se llamaba anarquía. ¿Y a qué condujo? Al colapso en todos los frentes, a la «anarquía» en el sentido más genuino de la palabra, es decir, a la completa ruina del país, a la ruina y perdición de la mayoría de la población.

¿Es concebible a partir de aquí otra salida que no sea la máxima energía, iniciativa y decisión de la mayoría de la población? Está claro que no.

¿Cuál es, pues, el resultado?

1) Los partidarios del zar, por la omnipotencia de los terratenientes en el campo y por que conserven toda la tierra. Ellos no temen la «anarquía» que realmente se derivaba también de esto.

2) El kadete Shingariov, como representante de todos los capitalistas y terratenientes (salvo un puñado de zaristas), está por «cámaras conciliadoras de terratenientes para un acuerdo voluntario entre agricultores y terratenientes en los comités de abastecimiento de los vólosts» (véase su telegrama). Los políticos pequeñoburgueses —populistas y mencheviques— siguen de hecho a Shingariov, aconsejando a los campesinos «esperar» hasta la Asamblea Constituyente y llamando «anarquía» a la confiscación inmediata de las tierras por los propios campesinos sobre el terreno.

3) El partido del proletariado (los bolcheviques) está por la toma inmediata de las tierras por los campesinos sobre el terreno, recomendando la máxima organización. Nosotros no vemos aquí «anarquía», pues precisamente tal solución, y solo tal solución, es una solución por mayoría de la población local.

¿¡Desde cuándo la solución por mayoría se llama «anarquía»!? ¿No sería más correcto llamar anarquía a la solución por minoría, propuesta en diferentes formas tanto por los zaristas como por Shingariov?

Pues si Shingariov quiere obligar a los campesinos a «reconciliarse» «voluntariamente» con los terratenientes, esto es una solución por minoría, ya que en Rusia hay, por término medio, 300 familias campesinas por cada familia de gran terrateniente. Si yo propongo a trescientas familias «ponerse de acuerdo» «voluntariamente» con una familia de gran explotador, propongo una solución en beneficio de la minoría, una solución anárquica.

Ustedes, señores capitalistas, con sus gritos sobre la «anarquía» encubren la defensa de los intereses de uno contra trescientos. Ahí está el quid.

Se objetará: ¡pero ustedes quieren que la cuestión sea resuelta únicamente por la gente del lugar, sin esperar a la Asamblea Constituyente! ¡ahí está precisamente la anarquía!

Respondemos: ¿y qué es lo que quiere Shingariov? ¡También que la cuestión sea resuelta por la gente del lugar (mediante un «acuerdo voluntario» de los campesinos con los terratenientes), también sin esperar a la Asamblea Constituyente!

En este punto no hay diferencia entre nosotros y Shingariov: ambos estamos por la solución definitiva por la Asamblea Constituyente y por una solución previa —y su puesta en práctica— por la gente del lugar. La diferencia entre Shingariov y nosotros es solo que nosotros decimos: que 300 decidan, y 1 se someta; mientras que Shingariov dice: si 300 deciden, eso será «arbitrariedad», así que que 300 «se pongan de acuerdo» con 1.

Qué bajo han debido de caer los populistas y los mencheviques para ayudar a los Shingariov y Cía. a propagar los miedos burgueses.

El miedo al pueblo: he aquí lo que guía a estos dirigentes de los miedos y los horrores.

No hay que temer al pueblo. La decisión de la mayoría de los obreros y campesinos no es anarquía. Tal decisión es la única garantía posible de la democracia en general y del éxito en la búsqueda de medidas para librarse de la ruina en particular.

Escrito el 3 (16) de mayo de 1917.

Publicado el 17 (4) de mayo de 1917 en el periódico *Pravda*, núm. 48.

Se publica según el texto del periódico.