La proclama del Sóviet de Petrogrado de diputados obreros y soldados al ejército, publicada ayer en los periódicos, significa un nuevo giro de los dirigentes del Sóviet, los narodnikis{15} y mencheviques, hacia el lado de la burguesía imperialista rusa.

La confusión de pensamiento en esta proclama es sencillamente asombrosa. Solo quienes se han atiborrado la cabeza con frases «revolucionarias» pueden no darse cuenta de ello.

«...La guerra no fue necesaria para el pueblo trabajador. No fue él quien la inició. La provocaron los zares y los capitalistas de todos los países...»

Correcto. Eso es verdad. Y cuando la proclama «llama a la insurrección, a la revolución de los obreros y campesinos de Alemania y Austria-Hungría», también lo saludamos de todo corazón, pues es una consigna correcta.

Pero cómo se puede, junto a esta verdad indudable, decir la siguiente falsedad flagrante:

«...Ustedes (soldados rusos) no defienden con su pecho ni al zar, ni a los Protopópov y Rasputín, ni a los ricos latifundistas y capitalistas...».

Las palabras que hemos subrayado son una falsedad evidente y flagrante.

Pues si la guerra «no es necesaria» para el pueblo trabajador, si esta guerra la iniciaron no solo los zares, sino también «los capitalistas de todos los países» (como se reconoce en la proclama del Sóviet con toda claridad), es evidente que, mientras cualquier pueblo en esta guerra tolere un gobierno de capitalistas, está «defendiendo» precisamente a los capitalistas.

Una de dos: o en esta guerra son «culpables» solo los capitalistas austro-alemanes. Si los dirigentes narodnikis y mencheviques del Sóviet de Petrogrado piensan así, se deslizan por completo hacia Plejánov, hacia el Scheidemann ruso. Entonces hay que tachar, por falsas, las palabras de que la guerra «la iniciaron» «los capitalistas de todos los países». Entonces hay que desechar, por falsa, la consigna de «paz sin anexiones», porque entonces la consigna correcta para esa política sería: arrebatar a los alemanes sus anexiones alemanas, y a los ingleses y rusos conservar (e incrementar) sus anexiones anglo-rusas.

O esta guerra fue realmente iniciada por «los capitalistas de todos los países». Si los dirigentes narodnikis y mencheviques del Sóviet no reniegan de esta verdad indudable, entonces no se puede tolerar una falsedad tan indignante como la de que los soldados rusos, mientras toleran un gobierno de capitalistas, «no» defienden a los capitalistas.

Entonces hay que decir la verdad también a los soldados rusos (y no solo a los austro-alemanes): camaradas soldados, mientras nosotros y ustedes toleremos un gobierno de capitalistas, mientras los tratados secretos del zar se consideren sagrados, nosotros estamos librando precisamente una guerra imperialista, de conquista, estamos «defendiendo» los tratados de rapiña concertados por el ex zar Nicolás con los capitalistas anglo-franceses.

Esta es una verdad amarga. Pero es la verdad. Hay que decirle la verdad al pueblo. Solo entonces se le abrirán los ojos y aprenderá a luchar contra la mentira.

Miren la cuestión desde otro lado y se convencerán una vez más de la total falsedad de la proclama del Sóviet. Esta llama a «la insurrección» de los obreros y campesinos de Alemania. Magnífico. ¿Contra quién es la insurrección? ¿Solo contra Guillermo?

Pero si a Guillermo lo sustituyeran los Guchkov y Miliukov alemanes, es decir, representantes de la clase de los capitalistas alemanes, ¿acaso podría cambiar por ello el carácter de conquista de la guerra por parte de Alemania? Evidentemente no. Puesto que todos saben —y la proclama del Sóviet lo reconoce— que la guerra «la iniciaron los zares y los capitalistas de todos los países». Por consiguiente, el derrocamiento de los zares, si el poder pasa a los capitalistas, no cambia absolutamente nada en el carácter de la guerra. La anexión de Bélgica, Serbia, etc., no dejará de ser anexión por el cambio de Guillermo por los kadetes alemanes, de igual modo que las anexiones de Jiva, Bujará, Armenia, Finlandia, Ucrania, etc., no han dejado de ser anexiones por el cambio de Nicolás por los kadetes rusos, los capitalistas rusos.

Admitamos otra y última hipótesis posible, a saber, que la proclama del Sóviet llama a los obreros y campesinos alemanes a la insurrección no solo contra Guillermo, sino también contra los capitalistas alemanes. Entonces respondemos: un llamamiento correcto, justo. Lo apoyamos plenamente. Pero —estimados ciudadanos Chernov, Chjeídze, Tsereteli— ¿es justo, es razonable, es digno: llamar a los alemanes a la insurrección contra los capitalistas, y al mismo tiempo apoyar a un gobierno de capitalistas en su propia casa?

¿Acaso no temen, estimados conciudadanos, que los obreros alemanes les acusen de falsedad e incluso (¡Dios nos libre!) de hipocresía?

¿Acaso no temen que los obreros alemanes digan: en nuestro país aún no ha estallado la revolución, aún no hemos llegado a que nuestros Soviets de diputados obreros y soldados negocien abiertamente sobre el poder con los capitalistas. Si ustedes, hermanos rusos, ya han llegado a eso, ¿por qué nos predican la «insurrección» (algo pesado, sangriento, difícil) y no toman pacíficamente el poder de manos de Lvov y Cía., que declaran estar dispuestos a irse? Ustedes se remiten a la revolución en Rusia, pero ustedes, ciudadanos Chernov, Chjeídze, Tsereteli, han estudiado socialismo y saben bien que su revolución, por ahora, ha puesto en el poder a los capitalistas. ¿No se produce una triple falsedad cuando, en nombre de la revolución rusa, que ha dado el poder a los capitalistas-imperialistas rusos, exigen de nosotros, los alemanes, una revolución contra los capitalistas-imperialistas? ¿No resulta ser un «internacionalismo de exportación», un «revolucionarismo de exportación»? — para el alemán, revolución contra los capitalistas, y para los rusos (a pesar de que también en Rusia bulle la revolución) ¡un acuerdo con los capitalistas!

Chernov, Chjeídze, Tsereteli se han deslizado definitivamente hacia la defensa del imperialismo ruso.

Es un hecho penoso, pero un hecho.

«Pravda» nº 47, 16 (3) de mayo de 1917.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».