En relación con estas observaciones sobre la parte general del programa, debo señalar lo siguiente.

La reelaboración de toda la parte general del programa, a mi juicio, no es necesaria. El plan de dicha reelaboración, esbozado por la sección, me parece teóricamente incorrecto.

En su redacción actual, la parte general del programa contiene una descripción y un análisis de las principales y más esenciales particularidades del capitalismo como formación económico-social. Estas particularidades no han sido modificadas de raíz por el imperialismo, la época del capital financiero. El imperialismo es la continuación del desarrollo del capitalismo, su estadio superior, de transición —en cierto sentido— hacia el socialismo.

Por consiguiente, no puedo considerar «mecánica» la adición del análisis del imperialismo al análisis de los rasgos fundamentales del capitalismo en general. En realidad, el imperialismo no reestructura ni puede reestructurar el capitalismo de arriba abajo. El imperialismo complica y agudiza las contradicciones del capitalismo, «enreda» los monopolios con la libre competencia, pero no puede eliminar el intercambio, el mercado, la competencia, las crisis, etc.

El imperialismo es un capitalismo que agoniza, pero no que ha muerto; un capitalismo moribundo, pero no muerto. No los monopolios puros, sino los monopolios junto al intercambio, al mercado, la competencia, las crisis: he ahí la particularidad más esencial del imperialismo en general.

Por eso es teóricamente incorrecto suprimir el análisis del intercambio, la producción mercantil, las crisis, etc., en general, y «sustituir» este análisis por el análisis del imperialismo como un todo. Porque no existe tal todo. Existe una transición de la competencia al monopolio, y será mucho más correcta, reproducirá con mucha más exactitud la realidad un programa que conserve el análisis general del intercambio, la producción mercantil, las crisis, etc., añadiendo una caracterización de los monopolios en crecimiento. Precisamente esta combinación de «principios» contradictorios entre sí —la competencia y el monopolio— es lo esencial para el imperialismo; precisamente ella prepara el hundimiento, es decir, la revolución socialista.

En Rusia, además, sería incorrecto presentar el imperialismo como un todo coherente (el imperialismo en general es un todo no coherente), porque en Rusia hay todavía muchas regiones y ramas de trabajo que se hallan en transición de la economía natural y seminatural al capitalismo. Eso es atrasado, es débil, pero existe, y, en determinadas condiciones, puede introducir un elemento de prolongación en el hundimiento del capitalismo.

El programa asciende —y debe ascender— de las manifestaciones más simples del capitalismo a las más complejas y «superiores»: del intercambio a la producción mercantil, al desplazamiento de las pequeñas empresas por las grandes, a las crisis, etc., hasta llegar al imperialismo, como el estadio más alto, que está creciendo y que ha crecido solo ahora en los países avanzados. Así son las cosas en la vida. Comenzar yuxtaponiendo «el intercambio» en general y la exportación de capital es históricamente incorrecto, teóricamente incorrecto.

Esta es mi objeción a las observaciones de la sección.